jueves, 6 de marzo de 2008

Gaudí y lo Kitsch: la estética y sus límites... María Alexandra Vidaurre (diseñadora y artista plástico)


Cabe aquí la pregunta ¿cual es el límite de la estética?. ¿Es la estética un concepto que sólo atañe al fenómeno artístico?....Ya Heidegger nos planteaba en su obra El origen de la obra de arte, que: “La esencia del arte sería pues, esta: el ponerse en operación la verdad del ente. Pero hasta ahora el arte tenía que ver con lo bello y la belleza y no con la verdad. Aquellas artes que crean tales obras se llaman bellas artes a diferencia de la artesanía que confecciona útiles. En el arte bello, no es bello el arte, sino que se llama así porque crea lo bello. Al contrario, la verdad pertenece a la lógica. Pero la belleza se reserva a la estética....”

¿Se podría decir entonces que el límite de la estética es la belleza?. Tal vez, ha sido el Modernismo el que ha ensanchado los límites de la estética y del Arte propiamente hablando con su movimiento Art Nouveau. La absoluta libertad creadora y la gran transculturización que caracterizó al Modernismo, ensanchó lo horizontes estéticos de tal manera que hoy por hoy se ha llegado a lo que llamamos la Globalización del arte y del Gusto por el arte.

Hoy en día es muy difícil establecer diferencias y límites entre lo que debe llamarse arte y las manifestaciones estéticas aledañas a éste como podrían ser la artesanía, o lo que se ha venido conceptuando como artisticidad. En este punto, la sociedad de consumo ha determinado por su parte y por los efectos financieros que envuelven a la llamada economía del arte, la dinámica estética en cuanto a los efectos buscados por la mayoría de los consumidores de arte, por así decirlo, y la actividad de los artistas.

El kitsch, resume como concepto, el fenómeno altamente dinámico que rige la estética desde hace algún tiempo. Ya no son los artistas renovadores quienes dirigen el curso del fenómeno artístico desde el punto de vista estético conceptual, sino será el consumidor, el observador, el diletante en el mejor de los casos quien dará la pauta sobre el gusto artístico. A nuestra manera de ver las cosas, El Kitsch recoge apenas un aspecto derivado del fenómeno estético moderno, y además de una manera muy simplista, pues aunque es cierto que una buena parte de las manifestaciones artísticas de la modernidad están signada por el llamado Kitsch, en cuanto a que los fines del arte son el producir efectos en el público de la manera más fácil posible, no es menos cierto que el arte está en permanente evolución y en el vértice más profundo de su génesis siempre estará involucrada la más alta potencialidad humana, más allá del simple consumismo que permite lo que podríamos llamar la falsificación del arte, ya que sin lugar a dudas se encuentra muy lejos de la verdadera naturaleza humana en sí misma considerada.

En el caso el Gaudí, consideramos que la excentricidad y la exageración que caracteriza su obra no pueden ser atribuidas a ese fenómeno estético efectista determinado por lo que se llama El Kitsch. Lejos de estar determinado por el patrón global y consumista del gusto de un público específico que gusta de determinado efecto estético, creemos sinceramente que la obra de Gaudí responde a un impulso muy interno y profundo del artista, quien no sólo dio muestras claras y fehacientes de la ética del arte en su obra en sí, sino en su vida misma, vida profundamente alejada del correteo mundano, con elementos casi monásticos en especial hacia el final de la misma. Nadie que vea el Palacio Güell o la Casa Batlló o la Pedrera, puede negar el evidente alejamiento de lo corriente y superficial en la obra de Gaudí. Es verdad que el ver esas obras provoca de inmediato un efecto ampliamente perturbador, pero en todo caso ello obedece al profundo carácter libérrimo y a un ilimitado poder creador de Gaudí quien como ya dijimos siendo un gran innovador y el gran representante de la arquitectura modernista, nada tiene que ver con la elegancia decadente, refinada y graciosa del Art Nouveao y mucho menos con el llamado Kitsch.

Tal vez y en razón del título de estas consideraciones “Gaudí y lo Kitsch: la estética y sus límites” podríamos agregar que el profundo efecto que produce cualquiera de las obras de Gaudí, jamás podrá atribuirse a una intención predeterminada de provocar de una manera fácil e inmediata efectos estéticos en el observante mediante una actividad cercana a la frontera de la llamada artisticidad, si no muy por el contrario, nos estremecemos por la virtud y el gran carácter de la obra de Gaudí que nos impone estructuras poderosamente asentadas en un Arte que por la gracia de su libertad creadora ensanchó los límites de la estética hacia formas quizá aún no superadas.

2 comentarios:

Carmen Cristina dijo...

Excelente escrito María Alejandra, coincido contigo en tus apreciaciones sobre Gaudi y acerca del facilismo del kitsch, ¡que viva Gaudí!

Aladar Temeshy dijo...

María Alejandra, La estéica es algo vibrante y como tal no tiene límite, pero anda en un fino filo de la navaja que por su particularidad exije una maestría como las obras de Gaudí, Maupassant o de Dostoyjevski.
Ahora la interpretación, la lectura de la obra en el mundo globalizado ya anda por una escala diferente, donde la ropa usada por una diva se balancea en la pesa de la ignorancia con el cuadro pintado por Degas. El kitsh está salpicado con el mal gusto y con lo vulgar.
Justamente por esta desvalorización tu escrito tiene una alta importancia. Te felicito!
Aladar Temeshy