El manto de la espera Gestación, tejido y advocación de lo femenino
El manto de la espera Gestación, tejido y advocación de lo femenino Crónica anímica I. El tiempo que no se mide sino que se gesta Hay dos maneras de estar en el tiempo. Una es la del reloj: sucesión, cómputo, flecha que corre hacia adelante y no regresa. La otra —más antigua, más oscura, más fecunda— es la del vientre: tiempo que no transcurre sino que madura . A esa segunda temporalidad la llamo espera, y quiero sostener aquí una intuición que me viene acompañando desde hace tiempo: que lo femenino no tiene la espera como uno de sus atributos entre otros, sino que la espera es femenina en su estructura más honda, porque solo un cuerpo capaz de gestar puede saber, desde dentro, que el tiempo vacío no es vacío en absoluto, sino cámara de incubación de la luz. La mujer que espera un hijo no cuenta los días como quien tacha casillas en un calendario. Los habita . Cada jornada es, a la vez, ella misma y otra cosa que se está formando dentro de ella sin que ella pued...
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