domingo, 2 de marzo de 2008

Estrellas fugaces en las esquinas del mundo…del poeta Aladar Temeshy


Aladar Temeshy, al igual que el rey David que al decir de Ortega y Gasset lo era todo……se nos ha mostrado como poeta, soñante, de la más antigua nobleza y a la vez desposeído, amante, sufriente, arquitecto, constructor de ciudades, buscador de la luz y nihilista, retador de la muerte, sobreviviente de las guerras, ciudadano y provinciano, refugiado, contemplante augur y según su propio decir, por fin y solamente señor, señor que escribe, regalándose al mundo a través del advenimiento de tres mujeres (sus hijas) y cinco poemarios. Como narrador, ya habíamos leído también su historia del urbanismo y de las ciudades y en su propia voz, los relatos, siempre deslumbrantes de su interesante vida. Sin embargo hoy y de manera conmovedora, nos toca lo central de nuestras propias vidas en la más intensa y hasta ahora guardada de sus narraciones.

Leyendo el título de esta colección de cuentos “Estrellas fugaces en las esquinas del mundo”, no podemos dejar de pensar en el alto significado que tiene para el hombre (especialmente para el hombre transido de soledad) la figura del “Templo”, no solo desde el punto vista arquitectónico, estructural y físico, sino desde el alcance simbólico que representa la misma palabra que lo designa. Varrón, escritor latino del siglo I antes de Cristo afirmaba que “templum” es el nombre que se da a un lugar demarcado y limitado por determinadas fórmulas geométricas y simbólicas con el fin de hacer augurios o recibir auspicios”. De aquí proceden las palabras “templo” y “contemplar”, que aluden a la zona sagrada y demarcada del templo, la que estaba dentro del campo de visión del augur, la que este “contemplaba”. En sentido estricto, si no hay templo tampoco hay contemplación.

Pensando intensamente en la cualidad de arquitecto de nuestro poeta-narrador, nos llega con la potencia sobrenatural de una revelación, la relación entra las esquinas o los puntos de la cuadrícula cartesiana, la contemplación y el cielo estrellado. No en balde, en los templos de cualquier religión, y sobre sus cuatro esquinas se posa en las alturas la bóveda o cúpula. Una definición muy arquitectónica de la cúpula de los templos cristianos la podemos encontrar como: bóveda semiesférica que descansa sobre un muro de planta circular. Las pechinas son secciones triangulares de esfera, situadas en las esquinas de un cuadrado o de otra sección poligonal para formar la base circular de una cúpula.

Igualmente en templos budistas, orientales y en las mezquitas del Islam encontramos esta confluencia entra las esquinas, las bóvedas o cúpulas y las estrellas. El kondo, (especie de recinto sagrado al puro estilo de las salas de culto chinas), es una construcción de dos plantas, con postes y vigas, coronada por un tejado de cuatro aguas de azulejos en forma de cúpula para simbolizar el cielo.

Por su parte el asombro que nos embarga al contemplar la Mezquita azul en Estambul, desde el punto de vista arquitectónico se hace patente al observar como La mezquita está rodeada por un muro calado, precedido por un patio, construido mediante arcadas cubiertas con cúpulas. El patio cuenta con tres portadas, repartidas en sus laterales, y se remata con dos alminares (o torres) sobre las esquinas exteriores. El espacio de contemplación y oración se organiza según el modelo instaurado por la iglesia (convertida en mezquita tras la invasión turca) de Santa Sofía, y que se consolidó en la mezquita de Solimán: una planta casi cuadrada de cuatro esquinas cubierta por una cúpula.

John Lundquist, nos profundiza aún más esta sensación cuando nos dice que el templo incorpora en su seno la mayoría de las ideas que configuran nuestro concepto de religión. Estas incluyen las ideas del centro, de la montaña sagrada, de las aguas sagradas, de los árboles de la vida, de la geometría sagrada, de la orientación de los cuatro esquinas o puntos cardinales, del ritual de iniciación, de la danza sagrada, de los misterios y las celebraciones del año nuevo, así como las ideas en torno a mitos de la creación, la oposición entre cosmos y caos y finalmente sobre la propia muerte. Fue en el marco del templo donde surgieron los símbolos, los rituales y las tradiciones de los textos sagrados y es en el interior y en su centro donde conservan su significado más profundo y veraz. A decir verdad, el viajante o peregrino, incluso el buscador que duda, sólo los comprende plenamente cuando los vuelve a situar en el contexto del templo y los ve (o contempla) desde esta perspectiva más abarcadora.

El peregrino pues, después de polvo, al final de todos los caminos de la vida y de la muerte, al terminar su trayecto místico, llegará a las puertas del templo para iniciar el último recorrido, el más importante: penetrar el recinto sagrado y caminar hacia el corazón, hacia el centro de sí mismo, distancia equidistante entre las cuatro esquinas o puntos cardinales, para contemplar ya en éxtasis sereno la bóveda del cielo, pleno esta vez de la belleza fugaz de sus estrellas.

Es a mi sentir esto lo que nos regala el narrador. No se trata de una narratio común o de un ejercicio narrativo en sí como enunciado y conjunto de procedimientos cuyo propósito es referir o relatar una sucesión de hechos, cumplidos por un número variable de personajes, en un tiempo y un espacio determinados. Se trata de aquello que está al final del tiempo o más allá del tiempo y del espacio…

Para nuestro asombro, el poeta…el soñante, que conocimos y amamos, se nos muestra ahora como ese rebelde de la vida que recorriendo desde el aire y con el alma su propio transcurso, se ha mansificado en el arrobamiento de su contemplación final, para narrarnos su historia, esa historia que como el mismo dice se encuentra al margen del tiempo para llegar lejos de si mismo y escribirla auque no se pueda escribir más allá de la vida.

Los viajes comienzan en las madrugadas, antes que se levante el sol… desde esta densidad que es un tiempo incomprensible…donde conoces el itinerario, la salida de los trenes y aviones a pesar de que en esa oscuridad no haya rumbo… es la matriz de la eternidad de donde hay que salir hacia la luz… nos dice el narrador envuelto por esa travesía de aventura intensa que lo lleva desde Budapest, pasando por Viena, Roma, Peruggia, Boston, Los Ángeles, Nueva Cork, Caracas, persiguiendo auroras hasta llegar el corazón del templo para levantar la mirada.

La vida es para usarla, nos dices querido amigo…Lo que importa no es la realidad vivida si no los ideales soñados. La existencia es proporcional a la distancia que nos separa de los nuestros…uno envejece…ilusiones y amores no resisten al tiempo. Escribir es confesión. El papel escucha.

Pero nosotros también te hemos escuchado, arrobados, como si fueras un héroe perdido que regresa lleno de recuerdos y de historias. Es noche de verano, noche estival, El cielo sigue inmensamente alto y la estrellas siguen brillando como los cuentos en el jardín, sin dimensión, sin paredes ni fachada sólo una silla en el centro justo de las esquinas del mundo, para poder ver la inmensidad. Déjanos entonces participar también de tu silencio, recordar el violín olvidado y el deseo de nuestras madres, ahora que por fin entendemos sin tristeza al deseo y a la muerte. Déjanos sentarnos contigo esta noche y compartir aunque sea por última vez, la belleza fugaz de tu estrella… la más secreta, la más amada.


Edgar Vidaurre

1 comentario:

astromelia dijo...

gracias por deleitarnos con tan bello espacio.
Como siempre nos llevas por caminos ed paz y e armonía que bastante falta hace para enriquecer el alma, tan necesitada hoy de alimento espiritua.