sábado, 30 de mayo de 2015

La gitana es una mujer verde (Amalia - Ailama)


Creo que, en todas las mujeres, 
hay una gitana antigua y salvaje 
que llora de angustia cuando la reprimimos. 
Hay una parte de nosotras que nunca, 
nunca será feliz hasta que la gitana pueda bailar.

Clarissa Pinkola Estés


Supe de Graciela Alvarez a través de un e-mail fechado el 2 de octubre de 2009, en donde y por la gracia de la poeta Astrid Lander, me pedía compartir en la distancia, las charlas que sobre el sonido como expresión y manifestación del alma dicté en el Centro de Estudios Junguianos de Caracas. Me acuerdo que le hice énfasis en la música de ejemplo de la primera charla, tomada del coro “El misterio de las voces Búlgaras”,  unos cantos arcaicos macedonios ejecutados por mujeres campesinas como rituales que las religaban a la naturaleza y a la creación en general (al cosmos, al universo y a la tierra como resonancia viviente de esa creación). Estos cantos se ejecutaban en el atardecer, en las bodas, en los tiempos de lluvia, de fertilización, de las estaciones, de los solsticios de invierno y de verano y en fin a todo el acaecer de la vida como manifestación de aquella ‘”anima” que nos vincula, nos mantiene y nos nutre. Esa Anima Mundi, que resalta la conexión de lo esférico y lo circular como la forma representativa de lo visible de la creación, y su manifestación simbólica más extraordinaria como lo son los Mandalas.

En ese e-mail, de una manera muy pura y casi tímida, Graciela me copiaba un texto Inspirado que se titulaba Cosmos Alquímico, que en su versión original decía así:

Tiempo!
Mecida por el amor
“Mono y poli”
¡Alegría!
Sinfonía ejecutada
Por las circulaciones del cuerpo
Vibración sutil de violines
Blancos y rojos
Tiempo de adagio
Que busca radiodifundirse
Por los poros de la piel
En volutas.
Vitalidad, canto, rezo,
Eros, himno al amor
Anida en el  ser
A ritmo de sinfonía en crescendo
Allegro vivo, éste movimiento.
La inspiración, composición,
Los movimientos, tiempo,
Los ejecuta la esencia,
Alquimia que se da
En el laboratorio del ser completo.
Captación súbita
Visión interior, cósmica, policromada
Pentagrama con forma estrellada 
Danza de corcheas y semicorcheas
Cóncavo y convexo
Imaginando como construir un
Punto de encuentro para hacerse esfera
Alucino? La esencia prepara la mezcla?
Alquimia? …
Suspenso que anima, entusiasma
A seguir imaginando, insistiendo

El amor hizo el milagro!

Mi sentir y mi respuesta no se hicieron esperar y le escribí este texto: La evocación inicial del tiempo no como medida de duración, sino como ritmo acompasado en el oscilar, ese mecerse entre lo único y la eclosión de lo múltiple.  Además la música…esa sinfonía que es ejecutada por el cuerpo, nos indica igualmente la unión (a través de la música danzada) entre cuerpo y alma. Me llama la atención la búsqueda de ella para “radiodifundirse” en los poros de la piel… y es verdad somos energía, nuestro cuerpo físico es solo una antena receptora que vibra, que se deja penetrar al danzar y como diría Sonia Sanoja: ese es el momento en que el cuerpo se transforma en luz. Y como dices… esa dinámica, esa vitalidad  que termina integrando a través de la Alquimia Espiritual, todo en el laboratorio del ser completo. Por último me asombra la epifanía nuevamente de lo esférico de lo redondo, esta vez en sus aspectos continentes y contenidos…en lo cóncavo y convexo.

A partir de aquel momento y durante casi cinco años, estuvimos correspondiéndonos visiones, sueños, puertas que se abrían y se cerraban, “El ojo de Horus”, sincronías asombrosas, un aprendizaje mutuo en donde asimilamos el “tempus” alquímico y la paciencia necesaria, para finalmente compartir, gota a gota en una especie de revelación que se desplegaba a lo largo de esos años, la existencia secreta de unos textos que trataban sobre el renacimiento alquímico personal de ella, hasta que el 26 de mayo de 2014, en una entrevista memorable, me entregara en persona la versión final y corregida por la poeta Carmen Cristina Wolf del cuaderno de poemas que hoy publicamos.

Y precisamente hoy, ante este libro vibrante que se abre como se abre la primavera en flor, me pregunto quién es esa mujer verde, esa gitana? Cuál es su sentido oculto, por qué se me parecen tanto estos poemas a los rituales mistéricos de las antiguas diosas de la fertilidad y el proceso de transformación de lo femenino?

"El opus alchymicum debe comenzar en la primavera (en efecto, en Aries, cuyo Señor es Marte).Todas las fuerzas del alma deben “Juntarse” para la gran transformación. El misterio de la conjunción tiene lugar en Mayo"… nos dice el maestro Jung en su libro Paracélsica, y que la poeta-gitana pone como epígrafe que antecede su escrito llamado Mayo. Como el libro llegó completo a mis manos en mayo, y hoy 30 de mayo es su bautizo, no puedo dejar de contar esta anécdota asombrosamente sincrónica: Impreso el libro y encuadernado, me presenté en la casa de Graciela el 9 de abril (comenzando la primavera y bajo el influjo de Aries, cuyo señor es marte), y cuál no sería nuestra frustración compartida al observar que faltaba de manera evidente el escrito titulado Mayo. Este error, me obligó a insertar de manera trabajosa el texto dentro de un libro ya encuadernado, y además a leerlo y reparar con más profundidad, sobre el significado y el mensaje de esta sincronía. Esa noche soñé con el Maestro Jung, quien me decía en el sueño “El misterio de la conjunción tiene lugar en mayo, el  libro debe bautizarse en mayo”. Quiero resaltar que el  libro iba a ser bautizado en abril y que la labor de insertar y corregir el error nos ha llevado de manera como dije, sincrónística en términos Junguianos, a bautizarlo un día como hoy, donde está por cerrarse el mes de mayo. Pero es que además este hecho reveló en todo su sentido el misterio que traspasa y sigue traspasando el corazón de esta mujer, de esta poeta, de esa gitana.

La palabra “gitano” viene del nombre “egipcianos” que se les dio a los primeros gitanos que llegaron a España y que decían provenir de una región del Asia Menor cercana a Grecia que se llamaba según ellos “Pequeño Egipto”. Curiosamente su bandera se instituyó el 8 de abril del año 1971, (fecha que marcó el inicio de la primavera y su equinoccio) desplegándose y ondeando al viento por primera vez en el mes de mayo de ese mismo año, mes de la virgen, y más concretamente el 28, día en el que se cerraba antiguamente el ciclo de la primavera en los rituales hindúes y celtas, cuyos procesos vinculantes entre el cielo y la tierra por cierto se rememoraban en esos cantos litúrgicos de la misteriosas voces búlgaras de las que hablaba al principio.

La bandera de los gitanos tiene las siguientes características gráficas-simbólicas: un rectángulo que contiene en su franja superior el color azul y en su franja inferior el color verde. Justo en el medio del rectángulo, encontramos una rueda con sus rayos (evocación de la rueda de una carreta o de la rueda del tiempo circular o espiral) concéntricos que emergen y confluyen desde y hacia un centro rojo muy intenso.

“Rom” es la palabra que designa gitano en su propia lengua y literalmente significa hombre-esposo. El femenino es “romi” que significa doncella: es decir mujer virgen, sin contacto con lo masculino todavía. 

Con estas revelaciones y sincronías, es imposible pues no sentir de manera intensa y contundente que lo que está floreciendo en este cuaderno de poemas es ni más ni menos que la versión y la vivencia personal de la poeta, de su propio proceso de transformación, de su mito de Perséfone, de esa mujer que se arraiga a la tierra y a sus ciclos, de luz y de sombra, de esa alquimia cósmica que se repite en la tierra...en la tierra verde.



En la alquimia el color verde es el color que precede a la eclosión, es el estado germinal, precisamente el color de la primavera, en contraposición al color amarillo que se conforma en el ciclo de otoño con la venida de los frutos, o lo que se llamaba en los antiguos rituales celtas, “el reventar de las granadas”, que solo puede suceder al tiempo de conjunción entre la luz y la sombra.

En una de esas charlas que me vincularon con la poeta-gitana, estaba a su vez el germen de esas revelaciones que hoy ella replica en sus poemas. Allí decía que: La primavera es el encuentro de la luz y la sombra. Estos rituales, sin lugar a dudas, además de estar ligados a los ritos herméticos, están ligados a los primeros ritos mistéricos en honor al eterno femenino que nace, vive, muere y regresa nuevamente a la vida, a los misterios de la Diosa Madre y que más tarde recorrerían los caminos sagrados de Eleusis en honor a las Diosas Demeter y Perséfone. Era nuevamente el conocimiento y el entendimiento sagrado de la vida a través de la danza, esta vez de todo el cuerpo. La danzarina Sonia Sanoja habla de la danza como elemento que provoca la unión total y extática en el hombre de la siguiente manera: La danza pasa por el cuerpo. Su primera instancia es el cuerpo. Hay que desnudar el cuerpo, desnudar el centro radioso. Entonces el cuerpo aparece como una figura exterior que uno puede situar a voluntad. Uno se distancia de sí mismo. Acaso el problema de la danza sea el problema de la física de cómo transformar la materia en luz, sentirse respirando: oleadas de tiempo. Un tiempo volviéndose visible: una danza

Demeter es el símbolo de lo femenino en la divinidad, la Diosa Madre, la fertilidad, los eternos recomienzos, el ciclo de la vida-muerte-resurrección. En definitiva el eterno renacer y sobre todo el progresivo proceso de espiritualización de la forma y la materia. Sin embargo, también simboliza la validez de esa materia como tal, su sentido y su razón, siendo además la madre nutriente, la que enseña el trigo y la semilla, la que contiene todas las facetas visibles e invisibles de la naturaleza… y sobre todo el pan que alimenta al cuerpo. Su hija Perséfone es una advocación de sí misma en una de las tres facetas de la Diosa… es ella desdoblada, aún virgen, en estado de eclosión, de potencia…la rechazada, la que debe bajar a los infiernos para confirmarse a sí misma, para buscar la verdad frente a sí misma. A través de los ritos mistéricos de Eleusis se recordará este paso, este drama y el sentido de la tragedia humana en todo su recorrido, desde lo más hondo y oscuro hasta su conciencia final.

El encuentro cíclico entra madre-hija, expresa el momento de la unión de la conformación del sí mismo, de la integración en un solo evento de todos los aspectos de la existencia. Esta Diosa Madre no representa simplemente a la tierra como elemento cosmogónico. Ella simboliza a la tierra cultivada, labrada, a la portadora de la semilla en todo su recorrido hasta la mano del hombre. Llama la atención que esta vez es el aspecto femenino quien debe bajar a los infiernos para ver, para entender e integrar la verdad frente a sí misma. Ambas caras de la Diosa actúan juntas para expresar el sentido verídico de la vida tanto corporal como espiritual. La sublimación-espiritualización del deseo terrestre. Ella no es la luz, sino la que muestra, la que ilumina. Sin embargo también es la portadora del misterio, del secreto… “dichoso aquel que posee entre los hombres de la tierra, la visión de estos misterios”

Esa bajada a los infiernos para encontrar la luz, si la amplificamos en términos psíquicos a través del proceso tan especialísimo de la “individuación” o la integración de la psique femenina, tiene y contiene ese doble paso, esa aparente dualidad, la mujer doble, su anverso y su reverso.

Agujero negro

Narrar lo vivido en lo obscuro
Turba, estremece
¿Cómo tratar con el campo energético
De un agujero negro?...
Si titubeas, ¡te traga!

En el borde
El tiempo se hizo cuarenta túneles
Asfixiantes, olor a soledad extrema
Nada irradia
Me encojo, encorvo, sudo
Me arrastro como gusano recién nacido.

Eros como principio
Empuja a salir, obliga
Grito cual sayona
Con traje largo

Un amanecer vislumbro
Partículas de luz ambarinas
Me animo
Cambia el grito
Canto con el gallo.

Emerjo como serpiente
Después de haber cambiado
De piel.

Llama la atención en esta gitana, que haciendo honor al significado de su nombre (doncella virgen), establezca su vínculo primaveral partiendo del arquetipo de la doncella, de la virgen, de su pasión Mariana en contraposición con su reverso en Eva, la madre de todos los hombres. La polaridad y la dualidad en este caso marca la ruta de la conciliación, o más bien diría de la re-conciliación de los elementos anímicos en la mujer. En el caso de nuestra gitana, ella nos habla permanentemente de la unión entre cuerpo y alma, entre la mente y la corporalidad. Entre la emoción de las sombras y la luz del sol (metáfora alquímica de ese león verde que se traga al sol). Expresado en términos alquímicos, lo verde que se traga el azul del cielo, moliéndolo en la rueda intensamente roja. Y es aquí donde lo dual se hacer trinitario. Los tres estados de la transformación



En amor rojo tinto

Leona amamanta vigilante
Mujer busca hondo 
En su ombligo
Espera ser amada
En espiral sin fin.

Alma, sexo, mito
Mujer, hembra, diosa
Feminidad trina
¡Naturaleza!

El volcán dice:
Presente.         

Este drama ella lo nomina, dándole nombres al anverso y al reverso. Amalia y Ailama ejecutan el recorrido en una sucesión apasionada en forma de espiral, inquieren, reclaman, elevan, recogen, incluso gimen. Contemplar, aunque sea a través de la lectura el proceso de transmutación de lo femenino, como lector hombre, me constituye esta vivencia que se parece a la contemplación del mar en el corazón de la noche, observar en una sola visión la eclosión de la Pankalía o la belleza del mundo en su conjunto, una lluvia estelar en medio de una tormenta eléctrica, un volcán en erupción o el estallar de los fuegos aurorales.

La exquisita analista Junguiana Ana Teillard, cuando nos hablaba de la polaridad en el ser humano, (luz y sombra, masculino-femenino, cuerpo y alma, bien y mal) y el proceso de integración, nos decía que "La individuación que es lo contrario de un "individualismo" egoísta, comporta una reconciliación de las polaridades "masculina-femenina" así que de las polaridades "consciente-inconsciente". Para comprender esto, es preciso explicar un punto de vista central de la psicología Junguiana: aquel de "Anima-Animus. Un ser humano no es solamente hombre o mujer, sino que lleva en él los dos sexos. La mujer posee elementos masculinos, que condicionan en parte su psiquismo y su carácter, pero que son dados en un estado más inconsciente que sus componentes esencialmente femeninos. Su espíritu batallador, ver porfiador, su ambición, su lógica, a menudo deficiente, pueden evolucionar por una toma de consciencia y ser integrada en la totalidad de su psiquismo.”

Feminidad trinitaria

¡Naturaleza!
Mujer, hembra, diosa
Tierra negra, raíces
De un pozo
De flores rojas.

Luna en sonrisa creciente
Gacela en celo
Nube, agua suspendida
Congelada, plateaba las alturas.

Rosa gestándose en tubo de aristas
Verdes
Guayaba por morder
Con habitantes adentro
Cápsula espacial, saeta
Abeja viaja en ondas cósmicas
Liba estrellas
Venus predilecta.

Volcán extenuado 
Bosteza
Buscando vaciar 
Excesos.

Uva transformada
En vino
Para embriagarse

En una conversación con la también analista junguiana y poeta Ana María Hurtado (otra extraordinaria Ana) sobre lo dual femenino, la doncella, el rapto y su advenimiento en esa “feminidad trinitaria”, decía que: La visión entonces nos lleva a la revelación de que no hay dos instancias de lo femenino actuantes en este proceso. En realidad hay tres instancias: la mujer doble que se integra en una sola y una tercera que permanece inalterable para que este paso de integración se logre. Esta tercera mujer, nunca se integra, pues ella es la que actúa en la integración desde lo invisible del proceso…desde la sombra… para lograr el sí- misma, y así estar preparada y consciente para su encuentro con lo masculino fecundador, con lo que sucederá después de la “boda”

No se trata pues aquí de un proceso de integración en donde actúe solo lo puramente femenino, sino de una abarcante y total plenitud que se conforma en ese punto exacto que se parece tanto a la primavera. Punto donde convergen el cielo y la tierra, lo divino y lo humano, lo femenino y lo masculino, la hipóstasis de la creación, que tan conmovedoramente narran los evangelios en el misterio de la encarnación: el ángel del señor penetrando los espacios virginales de lo continente en una especie de rapto sagrado que la gitana-poeta replica de esta manera:

Anunciación

Escribe en su diario:
Se conocieron en tiempo flamante
Anuncio de floración
Cuerpo excitado, tenso, erecto, el de él 
Labios lacrados, un sello 
En el botón.

Una década de ausencia
¡Encuentro!
Ojos de mujer alumbrados
Con luz verde de semáforo.

Labios humedecidos 
Con premeditación
Boca, bombón.

Un beso rosa abierta
Se atraganta en el latir
Baila en saliva
Desborda el cauce.

Bordes de espuma
Olorosa a granada
Emana por una grieta
En el lacre.
Estalla el sello.

¡Anunciación!

Para cerrar estos sentires, creo firmemente al igual que  Clarissa Pinkola, que, en todas las mujeres, hay una gitana antigua y salvaje que llora de angustia cuando es reprimida. Hay una parte de ellas que nunca, nunca será feliz hasta que la gitana pueda bailar, y esa danza solo se puede dar con la entrega, con el asumir lo masculino fecundante que ella misma porta, con entender la relación cóncavo-convexo, con soñar en ser ola, con desear, para llegar el momento del encuentro en esa orilla arquetípica y milenaria donde la espera El, para susurrarle en el oído que valió la pena danzar.

La danza de Ailama

Ailama, sueña, desea, imagina
Introducirse en un círculo de oro, ondulado con EL

Danzar, girar, derecha, izquierda
Abrazados, fundidos
Pieles calientes, olores confundidos
Conversación en susurros, oído tibio
Vibración al unísono
Extenuados al final
Yacer desnudos, muy juntos
En un prado brillante
Con rocío suspendido
¡No hay frío!

Excitarse poco a poco                     
Con humedad de hierba
Las yemas de los dedos
Llenas de huellas concéntricas
Indistintas.

En los labios, besos, gemidos, música
Ella contiene en sí, habla
De todos los sueños en capullo
Del alma.

Ailama se entrega
Hasta perder el sentido
En el clímax de esa explosión orgásmica
De volcanes estimulados
En el núcleo de su esencia
Absoluto más íntimo
Como saeta del Centauro Sagitario
Como cohete espacial
Viajar por el espacio sideral
El tiempo inmemorial
Hasta llegar donde el amor
Se encuentra con DIOS.

Convicción  de Ailama
¡Valió la pena danzar!





Edgar Vidaurre.




 


1 comentario:

La autora. dijo...

Releyendo, meditando en soledad, en silencio, este escrito, presentación de mi libro, agradecí que en el mismo se des-vela en mucho lo velado en mis poemas...