miércoles, 23 de septiembre de 2009

El Mito Poético y la Diosa Blanca

I
Tu visión devendrá más clara
Solamente cuando mires dentro de tu corazón...
Aquel que mira afuera, sueña.
Quién mira en su interior, despierta.
C.G.Jung C.W.vol II Acerca de la psicología de la religión occidental
y de la religión oriental



Ustedes se preguntarán que hace un poeta contemporáneo hablando en la casa de los estudiosos de las ciencias del alma. Sin embargo estoy aquí con el permiso expreso del Maestro Jung cuando en su libro El hombre moderno en busca de su alma dijo que “el poeta ha extraído su visión a través de las fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que subyacen en el alma humana. Con su aislamiento y errores penosos ha penetrado en esa matriz de vida en la que todos los hombres están incrustados, la que imparte un ritmo común a toda la existencia humana y permite al individuo comunicar sus sentimientos y luchas a toda la humanidad”. Y digo ciencia con todo respeto, pues como poeta, mi admiración por Jung es infinita. Haber encontrado el camino de llegada al centro del alma como él lo hizo, es un hito para la humanidad entera, y aunque el encuentro vital de su propia alma se produjo fundamentalmente a través de la psicología como ciencia, el Maestro nunca desdeñó cualquier otra vía válida para ello y aún más, recorrió casi todos los caminos (conocidos y desconocidos) consustanciándose con todas las manifestaciones humanas que explican al mundo y al alma universal, como la Alquimia y sus símbolos, los mitos, la religión y el arte. Pero con certeza, el logro verdadero, -más que llegar al centro del alma y ver ella los elementos universales que nos constituyen- fue el de encontrar el camino de regreso para regalarnos su visión y abrir esas puertas comunicantes entre los elementos universales y nuestra conciencia. Bajo este sentir, estoy muy honrado por la invitación del Centro de Estudios Junguianos a dar estas charlas que he resumido en una visión integral del alma, como la unión dinámica de todos los fenómenos mentales -tanto conscientes como inconscientes- y el proceso de transmutación e individuación en el ser humano hacia lo trascendente, utilizando como vía regia esta vez, a la poesía y sus manifestaciones sonoras (la música y la palabra) y su revelación a través del mito de la creación, el mito poético, la imagen y los símbolos, en siete charlas principales y una charla final de cierre.


Dichas estas palabras de rigor, y como en las charlas siguientes fundamentalmente hablaré de manera muy libre, pura (y personal) sobre el fenómeno poético y musical como expresiones del alma, quisiera nombrar (y me perdonan el atrevimiento) algunos sentires sobre la influencia que el maestro Jung, ha tallado de manera indeleble en mi alma de poeta y músico, en especial sobre el centro de esta y de todas las charlas, que no es otro que El Alma.


Si bien afirmó Jung que durante y a resultas de sus investigaciones se vio obligado a establecer distinciones conceptuales entre alma y psique; siendo psique la totalidad de los fenómenos mentales tanto conscientes como inconscientes, las leyes que los rigen y sus manifestaciones, hablándonos a su vez del alma como un complejo de funciones que se pueden caracterizar bajo la denominación de "Personalidad", desde otro punto de vista pareciera haber devuelto a sus orígenes míticos y válidos el concepto Griego de "Psiquis" (ψυχής) en donde mente y alma constituyen una totalidad intrínseca en el ser humano... una intrínseca totalidad que incluyendo lo individual, se extiende hasta lo transpersonal de manera amplia y abarcante (en el caso de los griegos y por la tradición Órfica, la dualidad humana estaba constituida por cuerpo-alma). Dentro de nosotros, en el alma, según Jung (y el hermetismo) se halla también la totalidad del universo, y aunque en principio lo ignoramos, "algo" nos impulsa a la integración consciente de nuestros componentes hasta alcanzar lo trascendente. El estadio correspondiente a la obtención y consustanciación de y con el Espíritu como logro del ser humano, fue denominado por Jung "Individuación”. Siendo así, cabe preguntarse ¿es Alma sinónimo de Espíritu? Según la filosofía hermética (y Jung fue un hermetista) El Alma, del latín "Anima", no ha perdido su condición animal, y no es por tanto Espíritu (del griego ánimus άνεμος) pero sí un primer paso hacia lo sutilizado desde la materia que nos constituye y a partir de la cual podemos obtener diversos grados de trasmutación, paso por cierto nada intrascendente. Nuevamente nos preguntamos bajo el concepto de alma explicitado por Jung bajo la nominación de "Personalidad" ¿qué es la personalidad Junguiana?, ¿en qué consiste? ¿qué es la psiquis para Jung?: de manera por demás atrevida, y de lo sentido en las lecturas del maestro, diríamos que La Personalidad es la unificación, el abrazo de todo pensamiento, sentimiento y conducta tanto consciente como inconsciente, la guía que regula y adapta a cada individuo a su ambiente externo, las energías que la activan y su distribución entre los diversos componentes de la misma y cuyos cambios tienen lugar dentro del transcurso de la vida del ser humano. Podríamos afirmar que la Personalidad es aquello a partir de lo cual nos convertimos en "Personas". La Persona no es en este caso un conglomerado de partes añadidas por aprendizajes o experiencias, sino la recuperación de una totalidad originaria. No lucha el hombre para integrarse… ya posee la integración, nació con ella. Lo que debe hacer es desarrollarla hasta el máximo grado de coherencia y armonía. El logro de una especie de psico-síntesis...


Nos sentimos tentados a continuar diciendo....qué "a diferencia de los animales" (como si no fuésemos nosotros mismos animales ¿les suena el fonema ánima?), el hombre tiene el extraordinario poder de concebirse y construirse a sí mismo y de cambiar también al mundo que le rodea, pues al fin y al cabo, el mundo es como es "porque el hombre lo ha concebido así". Respondiendo al principio de correspondencia (Kybalion) porta el hombre el extraordinario poder de hacer realidad aquello que sucede "en nuestro arriba": las simples ideas de nuestra mente finita correspondiendo al reflejo de un Orden Universal e Infinito constituyendo síntesis idénticas, difiriendo apenas en su grado de "manifestación". Manifestando en el "abajo", dentro del plano de nuestra realidad material y "Creando" y reflejando ése mismo orden Celeste o creando a partir de una idea sutil en nuestra mente algo tangible, comprobable ya sea en el plano físico, en el mental o en el espiritual. Esta dinámica hará posible el cambio de un estado de consciencia a otro a voluntad. La mente como una otra cualquiera manifestación emanada a partir de lo Divino creado a partir de su sí mismo (Dios, Creador o simplemente Ser). En otras palabras nos remitimos a plantear la mente como cualquier otro objeto creado a partir de las emanaciones surgidas según el nivel vibracional de lo "creante". En consecuencia planteamos su necesidad (la de la mente) o compulsión a convertirse en su esencia definitiva, a su casi obligatoriedad de transcurrir de un acontecer transmutante a otra transmutación. La filosofía hermética junto a sus otras ciencias aledañas, no sólo aportan conocimientos al intelecto, sino que tienen además la cualidad inherente de transmutar, de cambiar al buscador a medida que se adentra en éstos conocimientos. Esa es la verdadera esencia de la filosofía hermética, de la auténtica Alquimia Espiritual: aquella que nos permite reconciliar los opuestos dentro de nosotros mismos, tal y como lo planteo Jung. Las enseñanzas herméticas nos dicen que el hombre puede construir a través de las creaciones mentales.... allí donde no necesitamos ningún tipo de material, herramientas o utensilios, donde la idea permanece pura y perfecta antes de manifestarse en la materia. Aún en lo social, tras cada manifestación en la que exista "un orden" está detrás la mente humana. El ser humano siempre ha tratado de vivir dentro de un orden contrario al caos. Cuando no existe un orden, es imposible la evolución: la social, la cultural, aún la humana, teniendo la capacidad incluso de auto destruirse. Pero la mente así como cualquier otro metal y demás elementos, puede ser trasmutada de estado en estado, de grado en grado, de condición a condición, de vibración en vibración: "La verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental" (El Kybalion). El concepto de trasmutación mental que nos propone la filosofía hermética (en consecuencia la Junguiana) es la de asumir conscientemente expansiones y aberturas que nos lleven a la integración de qué y quienes somos, que nos eleven al encuentro de nuestros verdaderos y compartidos sí mismos… paso a paso, crisol a crisol.


Jung, se dio a sí mismo una profunda mirada interior para ver, para despertar (aunque el sueño fue contradictoriamente la vía principal), y aunque como dijimos, transitó durante largos años por los caminos de la Alquimia y sus símbolos, la religión y el arte, de manera inicial y al igual que los antiguos poetas, salió en busca del Mito como explicación válida y total del mundo, como el sustrato más hondo de sí mismo y al mismo tiempo universal para vincularse a lo trascendente, empezando por el mito primario, El Mito de la Creación, pues este no es otra cosa que la búsqueda del origen: la creación es origen. De manera permanente y simultánea, los seres humanos somos creadores y creación; el origen, el punto de inicio, es único y común para todo lo creado y es allí, donde la vinculación se hace patente… somos apenas una instancia de la transformación, del sacrificio del Ser. No existe la unión de opuestos ni contrarios, pues los opuestos no existen... en el mejor de los casos (para no hablar de la capacidad desintegradora del hombre) estos son una ilusión. En consecuencia, no existe un movimiento perpetuo de creación-destrucción en donde ambos eventos se suceden permanentemente. Existe un solo y único evento: La Transformación.


Con esta revelación y para terminar la primera parte de la charla inicial, podríamos añadir nuestro asombro y nuestra interpretación (igualmente muy libre y personal) de lo dicho por el Maestro Jung sobre El Sacrificio en su libro Transformaciones y Símbolos de la Libido, como elemento primordial en los procesos de metamorfosis y transformación. Los símbolos del incesto, separación, sacrificio y diferenciación, son reinterpretados de una manera extraordinaria como el proceso indispensable del ser humano para alcanzar la conciencia total. Para ello es necesario enamorarse del origen, salir en la busca del origen perdido, que en este caso es la madre universal. Dicho en otras palabras ir en busca enamorada del origen es incesto, (aunque sea en términos simbólicos un incesto universal). Vincularse con aquello que nos originó, que nos creo. Pero en este caso se trata precisamente del hecho restitutorio de aquello que perdimos con la primera separación, de la diferenciación de la consciencia individual del hombre que se siente inicialmente desvinculada de esa madre universal. El segundo paso para re-vincularse con esa madre universal que debe dar el ser humano, es el diferenciarse de la fuerza activa, del Padre Universal, una especie de Caín a la manera poética como lo describe Luc Estang, en su libro “Le Jour de Caïn” o “El día de Caín”: Caín es hombre desprendido de su madre inicialmente y posteriormente de su padre. El primer errante en busca de tierra fértil y el primer constructor de ciudades, es también el hombre señalado por Dios para que no lo maten. Es en definitiva el primer hombre que se aleja de la presencia de Dios y anda sin fin hacia el sol naciente, hacia nuevas auroras. La aventura es de una grandeza sin par, la del hombre librado a sí mismo, asumiendo valientemente todo el riesgo de la existencia y la consecuencia de sus actos. Caín es el símbolo de la auténtica naturaleza humana en sí misma y en toda su expresión. Es así, que desprendido de la madre y rompiendo con el padre (matando simbólicamente la figura arquetípica de ambos), el ser humano puede alcanzar aquello totalizador que trasciende a estas figuras. Al contrario de Sigmund Freud, para Jung el asesinato simbólico del padre no constituía un aspecto destructivo impulsado por la Libido en el contexto de la rivalidad y el odio hacia éste, sino una ruptura previa, indispensable, imperiosa y a la vez constructiva de individualizarse de constituirse a sí mismo para ver, entender y colmar la necesidad del retorno al origen bajo la figura extraordinaria de la Resurrección o el nuevo nacimiento, de entrar una vez más al seno de la Madre para ser dado a luz nuevamente por ella, y mantenerse ligado, esta vez conscientemente a esa fuerza nutricia incomparable. Curiosamente esta revelación le costó a Jung, el rompimiento con el padre que lo iniciara en el camino hacia el alma humana a través de la psicología, pero en contrapartida lo puso frente a frente con la experiencia y el encuentro directo y definitivo con su propia alma y el Alma Universal


Este proceso de diferenciación y separación inicial, es el primer paso a la integración en la consciencia de los sustratos universales (incluyendo al bien y al mal, a la sombra y a la luz) y esto no se logra sin dolor y sacrificio. Por último, no podemos dejar de decir que la representación de estos aspectos simbólicos en el mito de Edipo, alcanzan realmente una magnitud dramática cuando este queda ciego, es decir cuando dirige su mirada hacia adentro, cuando prescinde de ver el afuera para experimentar lo que llamamos “la mirada interior”. La transformación es entonces sacrificio y así nos lo revela el Maestro Jung: No hay llegada al consciente sin dolor.
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Primera parte de la charla introductoria dictada por Edgar Vidaurre en el Centro de Estudios Junguianos de Venezuela para el seminario: El mito poético y la Diosa Blanca... agradezco prufundamente a mi hermana Ruth por su aporte, ayuda y colaboración con esta charla

1 comentario:

Vicky dijo...

He aterrizado a tu galaxia, no sé cómo ni por qué, pero es reconfortante saber que aún hay gente que escribe lo que es, lo que es en su interior.