sábado, 14 de julio de 2012

Don Rodrigo y sus Dalíndromos



En el muro derecho del templo de Delfos (que da hacia la luz y se encuentra bajo la protección del dios Apolo) está escrito: lo más exacto es lo más bello… Por su parte, en el muro izquierdo del mismo templo, encontramos el rostro oscuro y misterioso de Dionisio sin inscripción o regla alguna que lo defina o limite. 

Entre ambos muros y a manera de vínculo que se puede y debe recorrer, existe un dromos circundado de efigies y altos pinos que hablan con el viento. Dromos, del griego antiguo δρόμος, es una avenida procesional o mística, generalmente flanqueada de esfinges, que prolonga hacia el exterior el eje de un templo para vincularlo a otro templo o a un embarcadero sagrado que lo vincula a su vez a las aguas.

El que haya viajado a la india a la ciudad santa de Puri, podrá recordar que en el templo Jagannath, existe un Drāti (palabra proto-indo-europea emparentada con el sánscrito द्राति  (drāti: "a correr") cuya raíz dra- está emparentada con la palabra griega dromos y que une el altar central de Brahma (El único, sin forma, eterno y la fuente de toda la existencia) con el altar dedicado al Krishna, hijo de Brahma, aspecto o manifestación de la materia, de la luz y su encarnación humana. Este dromos o camino de unión entra ambos altares señala el recorrido que la princesa Mirabai hizo para fundirse y hacerse una con su Señor Krishna.

Más atrás todavía en el origen, recordamos el dromos en la ciudad sagrada de Karnak que une el templo de Amón («El oculto», símbolo del poder creador y «Padre de todos los vientos», cuyo nombre hoy conocemos a través de la helenización del nombre egipcio imn cuya general transliteración es Imen), con el templo de la diosa Mut: aspecto femenino de la deidad, su manifestación emocional y anímica y en cuyo recorrido, había que cruzar el lago por el cual navegaban las barcas sagradas durante las grandes procesiones que tenían lugar en Luxor durante la Fiesta de Opet, o el paso desde la luz hasta las sombras… 

Y aunque hoy en día la palabra dromos sea más utilizada para señalar la pista o circuito a recorrer en una carrera de caballos, de autos o de cualquiera índole, su sentido no deja de establecer siempre que ese recorrido tiene un inicio y un fin, siendo la carrera en sí misma un símbolo de unión entre la incertidumbre caótica inicial, el esfuerzo del recorrido y el logro final por alcanzar la luz.

Sin perder su cualidad poética de asombro, los griegos de hoy día en la isla de Corfú, llaman a la senda por la que llevan a sus cabras desde las sombras de la madrugada hasta la luz del mediodía, κατσικόδρομος que literalmente significa cabródromos o “camino de las cabras”

Leyendo de una manera absolutamente despojada y pura el libro de mi querido hermano Don Rodrigo, y a mi manera muy personal, puedo sentir que el mismo, además de surgir bajo la determinación emocional de su encuentro con Dalí, contiene y se encuentra penetrado también por todas las relaciones mencionadas en el inicio de esta crónica. Así, leyendo su propia y catártica confesión, la palabra Dalíndromos le llegó como una marea onírica de un centenario, por el maestro (Dalí) que plasma la vida en su autopista de asombrosas conexiones, cuyo recorrido o carrera le llevó un año entero por museos, exposiciones y conferencias sobre El Maestro desde Barcelona, pasando por Viena y Londres para terminar en Figueres. En este caso, es evidente que las autopistas o dromos Dalineanos, con sus asombrosas conexiones, se unen en todas sus encrucijadas con las propias autopistas de nuestro poeta y la vertiente de imágenes que se encontraban reposando en las profundidades del subconsciente para entonces ponerlas a correr a plena luz de manera por demás intensa.

Como le decía a otro amigo poeta a razón de uno de sus libros, tal vez el que escucha el inicio de esta presentación pensará que estoy catalogando al poeta como un poeta surrealista. Incluso, a lo mejor, corro el riesgo de que el poeta se ponga bravo conmigo, pues hoy en día algunos poetas se molestan cuando se sugiere alguna relación de su trabajo literario con el surrealismo (por supuesto con ese surrealismo de simple postura o cliché gastado, teórico, ya académico)

Sin embargo, como decía Odiseo Elytis (ese maravilloso griego), todo buen poeta en principio es surrealista, y citamos textualmente, “con el surrealismo construimos algo distinto, que dista mucho de su teoría inicial, algo único y que presenta por lo mismo un interés especial. Desafortunadamente, no fue enfrentado nunca de esta manera por los críticos, ni comprendido por los más jóvenes, que se expresan con ironía del surrealismo, porque no conocen de él sino y solamente lo que enseñan las enciclopedias, es decir, la escritura automática, la imagen extravagante y su recurso al onirismo…”

En el proceso creativo que nos plantea este libro, no se trata entonces de un simple ejercicio de asociación automática de imágenes inconscientes, sino de (como él mismo poeta la llama) un proceso de vinculaciones emocionales y desacomplejadas, que impulsan las imágenes poéticas más allá de ellas mismas, o dicho de otra manera, una meta-poesía, que aunque en principio pudiera parecer como un torbellino imaginativo en sí mismo, va estableciendo a lo largo de su recorrido una trama en donde los tránsitos desde la sombra a la luz y de la luz a la sombra convergen de manera asombrosa, más allá de cualquier explicación racional-lógica, o emocional-poética. Al decir del poeta: un torbellino psico/sensi/emo/espiri/socio/memo/lógico.

El plus que nos ofrece esta poesía, establece algo más que la simple construcción automática e intuitiva de una imagen onírica, abarcando, además de ese camino que nos conduce o nos muestra el subconsciente, una especie de trance donde infinitos dromos o caminos tienden a converger en el centro de todas las encrucijadas: desde nuestra psique y pasando por nuestra sensibilidad, nuestra emoción, nuestro espíritu, nuestros aspectos culturales y sociales, nuestra memoria hasta llegar de manera inclusiva a nuestros aspectos lógicos o luminosos-razonantes (y digo luminosos, en el sentido limitante y definitorio de la luz).

Con el permiso del poeta, y para vincularme con otros aspectos que están más allá del texto escrito en el libro, quisiera agregar que además de esos aspectos psico/sensi/emo/espiri/socio/memo/lógicos cuya conformación turbulenta nos confiesa en su catarsis, también se encuentran vinculados al proceso experimental de esta meta-poesía, los recorridos físicos y existenciales vividos por el poeta. Su viaje en el tiempo durante más de un año, que lo trasladó por los espacios geográficos de diversas ciudades, constituyen también un recorrido determinante y vinculatorio con esos otros aspectos que lo conforman de manera emocional y anímica. Y aunque nuestro poeta nos diga con auténtica sinceridad que: con estos poemas no anticipa, ni juzga, ni pretende nada, son poemas excursionistas del subconsciente y la consciencia, y a medida que me incorporo (casi literalmente con el cuerpo) al circuito de estos caminos o dromos, me doy cuenta que voy vinculando mi vida con la del poeta y con la vida del Maestro Dalí, que además voy vinculando mi alma con lo vivido, la esencia con la existencia, pero sobre todo, me doy cuenta que el poeta presta su cuerpo, su mirada, para conectarse y conectarnos con aquello inasible anímico-espiritual y además con aquello que a su vez creamos y concretamos de manera visible con la mente.

No puedo entonces dejar de evocar a ese otro Maestro Merleau-Ponty. En una vieja auto-entrevista del año 1993, yo citaba a Ponty en su libro EL OJO Y EL ESPÍRITU: "el pintor lleva consigo su cuerpo", agregando que es prestando su cuerpo al mundo como el artista transforma al mundo en pinturas.  Pero yo pregunto; el poeta, qué podría hacer sin su cuerpo, sin sus ojos, sin su capacidad de ver la luz, sin los aromas, en fin sin sus vivencias sensuales; que las artes plásticas ocupan espacio y la música y la poesía no, dónde quedan entonces la realidad de los espacios mentales, muchos más vastos e infinitos que los meramente físicos?...Tal vez aquí pueda estar, a mi sentir, ese plus, esa visión no estática sino dinámica y arrolladoramente vinculante que nos plantea este libro. La materia y la antimateria, el alma, el espíritu, el átomo, la física cuántica, la flor de la vida y el dodecaedro, la divina proporción y los espectros, el cuerpo y la mirada… en ese cruce de caminos que vincula todo.

Dalí al igual que el Rey David (como diría Ortega y Gasset), también lo fue todo: de ímpetu multiforme, destruía ciudades y danzaba ante el arca sagrada. Zagal y Hondero, capitán y poeta bailarín, adultero y profeta, pecador y santo. No podemos en este caso decir menos de nuestro meta-poeta: místico, filósofo-razonante, lúdico-erótico-susurrante, poeta, soñador, amante, bohemio, visionario, con doctorado en tantas cosas, pero especialmente en ciencias de la vida, académico, alquímico, astrólogo-astrofísico, amigo de los átomos y el cielo, sabio del tarot, de la lluvia casual y de los bosques, viajero cuántico, buscador, becario, gerente del ocio pero lleno de lógica neoacropolitana complementada en teatro y caminatas por ciudades góticas, iniciado en la megamorfosis de un instante empoderado de Raja Yoga y Butifarras. 

De manera asombrosa, el cruce de caminos entre el meta-poeta y Dalí, ocurre después de 100 años y el recorrido es a la inversa. El Maestro de lo visual inicia su camino desde el inconsciente hasta la forma, contradictoriamente deformando todo, inclusive al tiempo que se deslíe como un queso sobre la mesa. En este caso, el meta-poeta, parte de lo visual, de su mirada a la obra del Maestro Dalí, para hundirse literalmente en su subconsciente. Al entender esto nos preguntamos entonces: hay una sola realidad o coexisten en un solo evento múltiples realidades, tangibles e intangibles?... surge entonces una imagen como la respuesta, como aquello que comunica y es común en ambos planos.

Esta confluencia de tiempos y de espacios que corren por los dromos vinculantes de todas las realidades posibles e imposibles, convergen en el centro de “La imagen”. En la séptima charla sobre el alma y la materia que diéramos en el centro de Estudios Junguianos de Caracas decíamos que el estado especial de conciencia, y la dinámica perpetua que transforma el espíritu en materia y la materia en espíritu, y que habíamos denominado: estado poético, tiene su vínculo y su origen en la pureza del sueño. El sueño media entre el mundo de la materia y el mundo del espíritu, el tiempo del instante y la eternidad. Según no dice la analista Susan Hiller: “En el sueño de Jacob la escalera por  la que subían y bajaban los ángeles simboliza la posibilidad de la transición entre estos dos aspectos de la realidad en la mente del soñante. El tiempo no existe y hechos análogos del pasado y del futuro de perciben simultáneamente cuando el sueño abre camino de un mundo a otro, estableciendo una relación entre la realidad terrenal y la realidad espiritual”. Estos procesos y sus especialísimos movimientos de ascenso y descenso, están profundamente vinculados a los procesos de transmutación alquímica, la transmutación del ánima Junguiana, a la individuación y a lo que llamamos  transmutación de la palabra.

En 1924, en su manifiesto del Surrealismo, André Bretón (lo citamos aunque Dalí y él no se podían ver) pedía el reconocimiento de las fuerzas del inconsciente y del sueño como la realización de las verdades humanas naturales, ilógicas, ocultas y secretas. Haciéndose eco de Freud y de Jung, Bretón establece que es a través del sueño “vía regia hacia el inconsciente” que encontramos esas fuerzas. “Quizá haya llegado el momento -continua Bretón- en que la imaginación esté próxima a recuperar los derechos que le corresponden. Si las profundidades de nuestros espíritus ocultan extrañas fuerzas capaces de aumentar aquellas que se advierten en la superficie, o de luchar victoriosamente contra ella, es del mayor interés captar esas fuerzas, captarla ante todo…”

Seguíamos diciendo en la charla que: Los primeros poetas surrealistas, aquellos soñadores que mediante el dictado mágico proveniente del inconsciente producían sus poemas en estado de trance, sin atenerse a convenciones lógicas, literarias o sociales, cambiaron la vida, cambiaron el arte, o más bien lo rescataron, re-encontrándolo a través de los sueños, para llenar el mundo con “las bellas imágenes” y aunque inclinaron en demasía la balanza humana en contra de lo que ven nuestros ojos abiertos y en contra de la validez de la experiencia y la razón, su actitud apasionada hizo con el arte y con el hombre, lo que hoy llamamos justicia poética. No existen dos realidades contrapuestas, hay una sola dinámica que determina al hombre en su totalidad, y en donde el sueño y el choque existencial mantiene una constante correspondencia.  

Solo la poesía o el sueño pueden crear la imagen que explique lo inexplicable de la realidad en su totalidad. El soñante con los ojos abiertos. Pierre Reverdy, el gran poeta francés nos decía que: la imagen es una creación pura del espíritu. No puede nacer de una comparación, sino del acercamiento de dos realidades más o menos alejadas. Mientras más alejadas y justas sean las relaciones de las dos realidades acercadas, más fuerte será la imagen, más poder emotivo y más realidad poética tendrá… en todo caso, es la realidad poética la que contiene o puede expresar a través de la imagen y el símbolo todos los aspectos de la realidad… la realidad poética abarca y comprende todas las realidades del ser humano y sus correspondencias

En este caso, la metáfora de la escalera de Jacob no es otra cosa que ese dromos vinculante que al modo de los antiguos, marcaban la ruta sagrada que vinculaba la luz con las sombras, el cuerpo con el alma, la mirada con el espíritu, el subconsciente con la conciencia, los templos sagrados entre sí y con las aguas primordiales. Así, durante este recorrido, y leyendo el libro de nuestro poeta, siento una diferencia fundamental con el Surrealismo en cuanto a que la “realidad poética” surgiese exclusivamente de esa otra realidad mental que conforman los sueños y el inconsciente. La realidad pura de la mente por una parte y los acontecimientos azarosos y externos que rigen nuestra existencia bajo la determinación dimensional de tiempo-espacio (y que llamamos REALIDAD a secas) por la otra, coincidirán en un mismo sujeto cuya mente, inicialmente en estado de pureza, se verá alterada por la representación que el mismo se vaya formando del mundo. Ese hombre capaz de integrar la realidad pura del espíritu con la realidad vivida, sensible y perceptible, o en otras palabras, ese hombre capaz de llevar la visión de su mundo anímico más allá de la simple realidad, trasponiendo el azar, el tiempo y el espacio convencional, será el poeta, quien logrará dicha integración mediante la imagen. Algo así como un soñante con los ojos abiertos.

No hablamos aquí del conocimiento racional o luminoso y del conocimiento emocional u oscuro por sí mismos. Hablamos de una revelación de una visión. Esta imagen integradora, creadora y única, que nos da la imagen poética, surgida del choque de la luz con las sombras, esa que nos evoca a la princesa Mirabai y los místicos egipcios y griegos en su tránsito apasionado, con su cuerpo y con su alma, atributos humanos, en cuanto ser a la vez luminoso y sombrío, ejercidos en su totalidad en el recorrido… con toda la luz y toda la sombra, transformándose a si mismos con la duración. Hablamos en este caso del artista, del poeta, del meta-poeta, del hombre total, del hombre integrado en su integralidad, del hombre iluminado por las sombras…

Ya para terminar, y después de compartir a través de una inevitable consustanciación vital, su recorrido emocional-anímico-espiritual-corporal-temporo-espacial, no podemos dejar de citar textualmente a nuestro poeta (o mejor dicho a nuestro meta-poeta) especie de viajante impenitente, aquel que inicia su viaje detrás del himen, inconclusamente, el que lucha con la luz, con Dios y con la sombra… especie de Jacob con su sueño deslizándose en el Dromo: escalable, escalera, escalonada por donde baja un Ángel de pecho abierto. Ángel nudo y egocéntrico. Sombra de ángel, voz, enflechado suspiro  de ciruelas, para mostrarnos la realidad total, intensa, huracanada, sueño laberíntico de un retorno a sí mismo…


Edgar Vidaurre

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