miércoles, 2 de abril de 2008

La llama incesante de Carmen Cristina Wolf...

Dibujo de Oscar Sjöstrand


Nuestra vida navega por un mar no surcado, cuyas olas se persiguen en un eterno juego de niños. Es el infatigable mar del cambio, que alimenta sus manadas de espuma para perderlas una y otra vez, batiendo sus manos contra la calma del cielo. En medio de esta envolvedora danza guerrera de luces y tinieblas, tuya es amor, la verde isla donde el sol besa la tímida sombra del bosque y el silencio es cortejado por los pájaros que cantan.

R. Tagore.



¿Dónde está tu verdad, poeta? ¿Cómo encontrarla?... pero ella estará siempre allí, en los Hallazgos que suceden a tu sueño, al final de la búsqueda, en la trama de la existencia, en el esplendor, donde perdura y persiste su aroma, su textura esencial y verdadera, su misterio. Y es precisamente ése su misterio: hablar de lo huyente, de lo fugitivo, de lo imperdurable, de los aromas, y estar hablando al mismo tiempo de lo permanente, de lo que perdura. Qué bien entiendo tu verdad cuando nos dices: el misterio no se puede atrapar, sólo nos queda su aroma.

Me siento entonces en tu barca, como si fuera a surcar por primera vez ese mar (casi siempre embravecido), cuyas olas se persiguen en un eterno juego de niños. Y es en esa barca, en medio del inmenso mar, cuando recuerdo la importancia del rocío. Y a pesar de la violencia de los vientos, ella buscará la gentileza de la brisa del Sur... aquella que nos llevará a la verde isla. El viento y la barca: nuevamente esta inquietud, este afán de lo fugaz que se nos hace perdurable... o más bien ya sin tiempo, en donde nos espera la inasible y a la vez palpable flor de eternidad.

Con la lectura de tus pequeños poemas nos has devuelto al corazón del misterio inquietante de la vida. Hallazgos que iluminaron el instante con esa llama clara y humilde de lo verdadero en el sentido de lo auténtico... ya que la verdad, lo que tiene de cierto, son sus infinitas vertientes que ahora vemos contigo desde las ventanas de tu casa del alma…

Y si hablamos del alma, evocaremos esa llama que no cesa, verbo en flor que en amorosa eclosión hace a su vez que tú florezcas toda para nosotros, y nos entregues en un recatado secreto, tus confesiones del alma. La palabra adivinando la sombra de las cosas, El Verbo enamorado y el poema que encierra entre sus pétalos nuevamente el misterio: lo fugaz y lo eterno en un instante…

El Misterio del fuego, que, como el amor, todo lo transforma… ¿Qué nos traes?, le preguntamos entonces, y nos bastará sólo mirante para entender tu ofrenda, nadadora del fondo de nuestra mirada, que ves en nuestros ojos lo que está más allá de nuestros ojos, y sin pedir nada a cambio vienes delicadamente en medio del silencio para entregarnos todo tu amor y unos cuantos poemas.

El alma y la llama, lo arrebatado que deviene permanentemente, y la entrega… esa entrega enamorada que sólo entenderemos en soledad. El Incendio del alma, pasión de Ser y de permanecer también nosotros allí, en el centro, donde se producirá el encuentro deseado, el acoplamiento sagrado, para mirar hacia adentro y entender también el misterio y el milagro de la luz.

Pero al final, será a la sombra de un árbol o en un soplo de brisa, allí tan suavemente, donde encontraremos nuestros nombres, porque toda la tierra es sagrada. Y así, guiados por el fulgor de tu imagen, iremos desandando contigo el camino hacia la nada que somos, para encontrarnos con el todo y abrazar al Ser. Entonces, con la conciencia iluminada, con La Conciencia en vigilia, nos preguntaremos ¿Cómo hará el relámpago para rozar la eternidad?... he ahí el misterio que encierra esa flor del pensamiento, ese vínculo entrañable, esa respuesta, esa palabra…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso homenaje !!

Y yo, entre espera y espera ..
por instantes avisoro el rostro de mi alma ..
visión fugaz... y permanente
obligación..de ser ..con ella ..

Gracias a Carmen Cristina .. y a Edgar ...por existir... y por decir...

Carmen Cristina dijo...

Nuevamente leo tu escrito y me asombro de la riqueza que hay en tu alma, querido Edgar, y de la luz de tus ojos, capaces de "ver" más allá de las palabras...

Alejo Urdaneta dijo...

La poesía de Carmen Cristina Wolf salta sobre sí misma, y es porque expresa la vida, su principio y su unidad. La llama es un "tumulto alado", como lo dijo un poeta alemán. Edgar Vidaurre nos ha develado en su palabra acertada, el misterio de la llama que vive en toda la poesía, porque la llama es génesis de la vida. A Carmen Cristina, por su poesía, y a Edgar, por exaltarla y traerla a nuestra compempación, gracias. Alejo Urdaneta.