miércoles, 9 de abril de 2008

Crónicas de la Isla de Kampa...


En noviembre del año pasado, realicé por fin mi peregrinaje solitario a la Isla de Kampa... esa maravillosa isla que forma parte de Praga. Es imposible ir a Praga y no conocerla y subyugarse con ella… La experiencia vívida que te deja su espíritu, es aún más intensa que la vivencia soñada o imaginada. He amado a esa isla desde siempre, cuando leí a los poetas Jaroslav Seifert y Vladimir Holan, en la traducción de la poetisa española Clara Janés. La isla está muy cerca del Puente Carlos, al final del camino hacia el gran castillo donde te sorprenden unas escalinatas por donde se desciende hasta su corazón verde y húmedo. Me quedé esa noche en una posada que está en la propia isla: un castillete empedrado de la época medieval que se levanta sobre uno de los jardines más hermosos de la isla. La ciudad tiene un fulgor muy especial. Sobre todo la Praga vieja, donde están las casas natales de Rilke y de Kafka. Esos espacios Barrocos en donde al caminar se encuentran las iglesias del 1200 como la de San Vito o el templo de Tyn donde están las tumbas de los astrónomos y alquimistas checos y algunas casas mágicas como la del unicornio blanco, la de la campana de piedra y la casa de los cuatro elementos… pero lo más secreto y maravilloso de Praga sin lugar a dudas es esa isla, la casa del poeta Holan y la Villa Bertranka…el único lugar donde Mozart fue feliz... En una evocación el poeta Seifert escribió este poema a Valdimir Holan:

ISLA DE KAMPA

Cuando alguien llame a la puerta y digas: pase,
Será el cartero
Y te traerá una carta
Con mi deseo de sentarme
Una vez más en tu mesa

Abrirás la ventana casi a ras del agua
-amamos ese río ¿verdad?-
y el viejo puente, en silencio, nos pasará por encima.
Sobre le liso mantel de blancos flecos
Habrá una lámpara.
Sólo la torre de ciudad antigua se fijará
En quién ha entrado a tu casa.

Hacia el azul y los vendavales, a toda prisa, volaron
Las trigas de Schnircha.

Eran domingos, eran hermosos días
Y por los hielos que fluían
Se precipitaba la primavera sobre la ciudad.
Y para mis adentros rápido inventaba
Las palabras de ternura
Por las que asciende el amor.

Sobre la orilla donde al parapeto acaba
Hay un molino y sobre él una torre.
Y también ella sonreía
Como las mujeres que sólo sonreían cuando me daba la vuelta

Cierra es ventana, del río sube humedad,
Y enciende la lámpara.
Así se iluminaba
Cuando éramos niños.
La mesa también brillaba, pero en los rincones había oscuridad.
Aquella lámpara era como un faro en nuestras jóvenes vidas.
Ahora te digo buenas noches, y por favor
Ilumíname otra vez,
Al final del pasillo quizá me esperen las tinieblas…


Algo se ha apoderado de mi desde el viaje a Praga… ese cruzar el Puente Carlos no sólo me llevó hacia la otra rivera del Danubio…me ha llevado hacia el otro lado de mi mismo… pero sobre todo han sido las corrientes sonoras del agua lo que ha penetrado hasta el lugar más escondido. Algo de esa transparencia intensa y al mismo tiempo oscura que tiene el río Vltava se parece a lo vivido. Lo primero que uno ve a la orilla del río, es a las lavanderas purificando la vida (también la llaman la isla de las lavanderas). Al mirarlas, sentí como se extendía mi alma ante sus manos para que la estrujaran con el agua del río para ser blanqueada. También me enteré que entre los árboles de su pequeño bosque vivió su soledad la princesa Libuse (fundadora de Praga), para luego morir entre el verde de sus jardines. Pero es precisamente en uno de esos jardines, - el que está en la pequeña casa en donde vivió sin salir hasta su muerte el poeta Holan- que se produjo la transfiguración. Al igual que con el poeta, en medio de mi absoluta soledad, mis compañeras fueron la noche y la lámpara… mezclado con el ruido de las estrellas y canto de los molinos de agua pude distinguir la voz de Ofelia. Ojala algún día su eco callado y secreto se convierta en poemas…

Trascribo aquí algunos de los poemas del amado Holan:

Al alba

Sí, es el alba... Ropa sucia sobre el cuerpo lavado de una hermosa...Tocar, ah, sólo tocar,¡mas de la nada ni tan siquiera el sueño! También tú, allá abajo, te esfuerzas en vano de alto en alto, pues quien se ha sumido en la poesía, ya nunca se saldrá.


Aunque...


Aunque siempre te escapas, amor mío, eres mi presente perpetuo, ¡oh, sí! Igual que el salto del agua:aunque le abandona sin cesar siempre la misma agua, él permanece siempre en el mismo sitio.



Cuando llueve en domingo y tú estás solo...


Cuando llueve en domingo y tú estás solo, completamente solo, abierto a todo, pero no llega ni el ladrón y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo; cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado y no comprendes cómo vivir sin cuerpo y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo; cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,¡no esperes ni hablar contigo mismo! Entonces el ángel es el único que sabe lo que hay encima de él, entonces el diablo es el único que sabe lo que hay debajo de él. El libro sostenido, el poema al caer...



De noche...


Durante la ausencia de la mujer amada las tinieblas, totalmente enloquecidas, se apoderan de sus piernas, se deslizan en los zapatos de hielo y empiezan a bailar desde tu cama hasta la inmensa sala del insomnio...Los zapatos suenan, dan vueltas, patean, retozan sin piedad, abiertamente, y eso dura y se sienten bien, bailan sin duda el uno con el otro. Tu amor sin fe sólo les ayuda de los celos al adulterio. Los oyes toda la noche, y más y más te hielan, y no empiezan a fundirse hasta el momento de volver hacia ti...
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2 comentarios:

mairym dijo...

me tomo un café a media tarde y pienso en La Isla, la visión de aguas, la lámpara, el poema al caer... gracias Poeta por tan profunda meditación que me hace desear más de estas crónicas... aunque, No man is an island, not even an island... desde esa otra Isla te saludo.

mairym cruz-bernall

clave de sol dijo...

Gracias Edgar, por dedicarme esta especial caminata. La acompaño, sí, desde mi Kampa...

Baci.