domingo, 6 de abril de 2008

Chopin... y su "Moja Bieda"

Fotografía del atado de cartas llamado "Moja Bieda" de Chopin en su casa de París. Fuente: archivo Corbis. Fotógrafo: Alfredo Dagli Orti -1980


Chopin, nunca habló mucho de aquello que lo impulsaba, que lo animaba a componer y tampoco dejó constancia escrita en cartas o diarios sobre los orígenes del lirismo tan pleno y lleno de esa nostalgia tan suya, tan personal. Su música a mi sentir, es lo más acabado desde el punto de vista poético-metafísico que se haya concebido y escrito. Es romanticismo si, pero con una calidad de abstracción indescriptible e intraducible, como no sea a través de ese aliento contenido... de esa música conectada y surgida de las evoluciones más internas y secretas del alma. Ahora que después de tantos años me he puesto a tocar sus nocturnos y bajo esta obsesión mía que me lleva a develar lo que está detrás de la música que estudio, me había sido imposible desentrañar los secretos de Chopin.

Su vida amorosa fue igual de reservada. Y digo reservada pues la publicitada relación con Aurora Dupin o George Sand no tuvo (para Chopin por lo menos), el carácter ni la contextura de un amor con contenido total y trascendido. Este poeta, como buen romántico mantuvo la postura ideal de los tiempos y sus amores perfectos eran aquellos que cumplían con la máxima romántica "del amor no dicho". De hecho se sabe que mantuvo durante muchos años una devoción sublime por Constanza, a quien le dedico el Adagio del concierto en Fa… y todo el mundo lo supo menos ella.

Sin embargo, por fin he podido entender de manera lenta y conmovedora su tragedia, aquello que se esconde envuelto en el sentir de su Nocturno para piano solo en Fa No 1 Op. 15. Aunque reservado e introspectivo, Chopin ya entrado dentro de un proceso de maduración espiritual y musical, había dejado de ser el joven de ojos tristes y del amor oculto por la joven Constanza para adquirir ese brillo especial que da la vivencia, la experiencia del contacto con el Elan Vital. En los años que duró la separación de su amada Polonia, de sus padres y de Constanza, se constituyó de manera definitiva el alma de este poeta. Fue sobre el año de 1834 que Chopín encuentra por última vez a su padre y a su familia en la ciudad de Karlsbad en los baños termales… pero encontraría también esta vez al verdadero e irresistible cuerpo del amor en la muchacha llamada Maria Wodzinska.

Ya de niños habían correteado y jugado en los jardines, pero ahora su reencuentro se producía en medio del proceso de maduración de ambos. En el transcurso de toda su vida, Chopin sólo fue feliz durante esos veinte días de crepúsculos y rosas, y con seguridad, toda esa felicidad podía caber en las manos ahuecadas de María. Los atardeceres en las terrazas de mayo, les hizo nombrar su vínculo como "El Crepúsculo". Así lo escribieron en las innumerables notas intercambiadas, en las miradas, en los silencios, en las palabras susurradas, en cada flor furtiva que era dejada secretamente en el momento de los adioses… y esta vez, ya no fue el piano de Federico el que habló, sino él, en propia e inteligible voz, a través de esos labios que María describe como los surtidores del aroma de las sombras…

Chopín le pide a María que se case con él y ella acepta conmovida y le pide solo treinta días, para tener la aprobación de su padre. Poco sabemos de aquello que vivió Chopin durante ese mes de espera y de ansiedad, más en algunas de las cartas a su hermana de esos días, deja ver su certeza en la felicidad inminente, su esperanza, su seguridad en las promesas recibidas por la vida.

Pasó mucho más de un mes y la respuesta le llegó el último viernes de noviembre en una carta formal y seca de María en donde le pedía no verla más, haciendo énfasis en la imposibilidad de cualquier tipo de vínculo entre ellos.

El día de su muerte, en el escritorio de Chopin, fue encontrado un paquete hecho de papel especial y atado con cinta rosada en donde estaban envueltas como si fuera un pequeño ataúd, todas las cartas de María, cada pétalo de las rosas furtivas y sobre el mismo a manera de epitafio la palabra Moja Bieda, que en polaco quiere decir "mi tragedia"… pero tragedia en términos absolutos que abarcan tanto el ámbito físico y espiritual de manera devastadora.

En el maravilloso libro que el Maestro Alfred Cortot escribió sobre Chopin, pude enterarme que sobre la partitura original del Nocturno en Fa No 1 Op. 15 que estoy releyendo en estos días, están escritas las palabras Moja Bieda….

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Que estupendo y sensible
artículo...

Desconocía ese evento..

Gracias y mil felicidades..

clave de sol dijo...

Tampoco yo conocía este capítulo,
precioso recuento..gracias!

Alejo Urdaneta dijo...

Antes hice un comentario al ensayo de Edgar Vidaurre acerca de Chopin. Lo escribí en el cuadro correspondiente y luego inscribí las letras que se exigen para verificar el envío. Creo que no pasó. Un saludo, Alejo Urdaneta.

Alejo Urdaneta dijo...

Decía en mi fallido comentario que en toda obra de arte hay un motivo que da el impulso creativo. En Mahler con su décima sinfonía puede advertirse su dedicatoria adolorida a Alma, su mujer, y en Smetana lo vemos en su cuarteto "Mi vida". En la poesía verbalizada el motivo está oculto en el juego de las palabras del poema que dialogan entre sí. El sentido o el motivo no está fuera del poema sino en lo que las palabras se dicen entre sí. Felicitaciones al poeta Edgar Vidaurre. Alejo Urdaneta.

maría nefeli dijo...

Hermosas palabras...yo también amo la música y hoy,precisamente, hablé de Chopin...un gusto encontrarte.Teseguiré.
Un saludo