viernes, 3 de junio de 2016

María Theresia Von Paradis... la fuerza de lo invisible o la imagen de la belleza


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En estas noches, bajo la cadencia de la "Sicilienne" para piano y violín de la dulce María Theresia Von Paradis, reviví mi ya antigua reverencia y mi fervor por esta mujer-música-ciega. Su conmovedora historia se mezcla con la de uno de los más interesantes precursores del psicoanálisis como método para la restauración la armonía entre el cuerpo y la psique del ser humano; el médico vienés Franz Anton Mesmer. 

María Theresia había quedado ciega desde los cuatro años de manera repentina. Según las crónicas ocultas de la época, la niña había visto como su padre, un notable barón de la corte austríaca, violaba a una de las muchachas que servía en la casa, siendo probablemente este trauma, la causa de la ceguera. María Theresía, crece bajo la tutela de su tocaya, la emperatriz María Teresa de Austria quien se convierte en su protectora. Su sensibilidad la hace derivar hacia la música, recibiendo una sólida formación como pianista con el maestro holandés Ricter, así como de canto, órgano, contrapunto y composición. Pero tal vez su maestro musical y espiritual más importante fue el abate Vogler, quien descubre su enorme mundo emocional, llevando este potencial al máximo desarrollo artístico. Su encuentro con Mozart es memorable. Este declara que ella y sólo ella es capaz de resonar con la música de las esferas dedicándole entre otros su concierto para piano No 18.

El cruce de vidas entre María Theresia y el médico Anton Mesmer es extremadamente interesante, mirífico y revelador desde lo humano, artístico y médico. Durante buena parte de su niñez y adolescencia María Theresia fue sometida a los tratamientos del médico Stoerk, oculista oficial de la corte para curar su ceguera. Ella misma se entera de manera muy curiosa de la existencia del Anton Mesmer cuya fama se había extendido desde el año 1773 cuando con unas barras de hierro imantadas, curó milagrosamente al profesor Osterwald presidente de la Academia de las Ciencias de Munich de una parálisis crónica y lo hace llamar a la corte.  

Mesmer, considerado el padre de la hipnosis, recogía los precedentes del antiguo Egipto en la tradición del “templo de los sueños” y que Paracelso ya conocía. En su extraordinario libro De planetarum influxu in corpus humanum, (la influencia de los planetas en el cuerpo humano) establece la teoría del magnetismo en general y del magnetismo animal como expresión de las determinaciones que provocaban las fuerzas del magnetismo en los seres vivos. Esta especie de “Astrología” médica con fines curativos, despertó el interés de Maximiliano Hell, constructor y director del Observatorio astronómico de Viena, quien sugiere a Mesmer que profundice aún más en el fenómeno del magnetismo y sus efectos terapéuticos pues este “contienen y representa la fuerza de la gravitación en el universo”.

Las pocas sesiones que se dieron entre Mesmer y María Theresia fueron impactantes para ambos. Mesmer quien ya utilizaba música y atmósferas lumínicas en sus terapias, quedó profundamente impresionado por la música de la muchacha ciega, al tanto que ella quedaría a su vez muy conmovida con la vivencia casi mágica y milagrosa. En apenas siete sesiones con los imanes, efectos sonoros y lumínicos como ondas vibratorias emitidas por campanas y coro de voces de niños, ella recupera totalmente la vista, efecto que dura el tiempo en el que Mesmer se mantiene en Viena.

El médico de la corte, Stoerk, celoso de la fama y de la notoriedad que lograra Mesmer (seguramente también por la propia relación entre este y María Theresia), comienza de manera muy intensa, una campaña en la corte bajo las acusaciones de brujería y magia negra, que culminaría de manera trágica y terrible.

Mesmer y María Theresia se enamoran durante la terapia y el milagro de la recuperación de la vista ahonda el vínculo entre ambos. Stoerk, que descubre el hecho, previene al padre de María Theresia. La intriga deviene en un duelo a espadas entre el padre y Mesmer cuyo impacto deja nuevamente ciega a la muchacha y esta vez para siempre.

Mesmer tiene que abandonar Viena y María Theresia, se resigna al hecho. Es sin embargo notable como en sus diarios, describe su ceguera como el cerrar nuevamente los ojos, pero esta vez para contener toda le belleza. Ella guardará en lo más interno de sí, la presencia viva, sanadora y contenedora de Mesmer, y al decir de la misma María, “su imagen me plena, me soporta, me mantiene viva… nada más merece la pena ser visto. Solo es esencial esta fuerza invisible que me traspasa y que me toca el corazón, mi mente y mi alma.”


Edgar Vidaurre






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