martes, 24 de mayo de 2016

Freud y el teatro - Ana María Hurtado



No creo que haya actividad humana a partir del siglo XX, científica, artística, o simplemente cotidiana, que no esté influenciada por Sigmund Freud, cuyas ideas sistematizadas en el corpus psicoanalítico invadieron el pensamiento y el lenguaje del mundo occidental, hasta el punto de que todos los días alguien  -sabiéndolo o no- utiliza alguna frase acuñada por el médico vienés, y alguien piensa o intenta interpretar una situación en términos "freudianos".

Prácticamente todas las vanguardias artísticas del siglo pasado tuvieron algo que ver con el psicoanálisis, algunas incluso fueron influenciadas directamente, como ocurrió con el surrealismo, ya sea en su vertiente plástica o en su vertiente literaria.

Sin embargo, podría ser el teatro, la rama de las artes que más vinculaciones tiene con el psicoanálisis. Comenzando por el elemento fundamental alrededor del cual se organiza la teoría freudiana: el complejo de Edipo. Freud dirige toda su energía, intelecto y sensibilidad hacia la tragedia de Sófocles: Edipo Rey, de la cual extraerá los más fundamentales aspectos de su teoría sobre el desarrollo psicosexual del ser humano. El hecho de que sea una tragedia griega el punto de partida y de llegada de sus investigaciones no es para nada azaroso, pues tales investigaciones que apuntaban hacia los espacios internos de la psique, hallaron en el teatro un lugar desde el cual durante siglos se han escenificado toda gama de emociones, sentimientos y aconteceres del alma humana. Así como el método de Freud siempre implica el echar una mirada al pasado, haré lo mismo como ejercicio de conocimiento. Y para remontarme al pasado, nada mejor que ir a las etimologías, ya que las palabras contienen en sí mismas una historia condensada de la humanidad y nos conectan a una significación original, y por ello esencial. Comencemos con la palabra teatro, ella viene del griego "Theatron" que significa: lugar de la contemplación, ya este significado nos aproxima a que el teatro per se invoca la presencia de alguien que contempla, el espectador, de tal forma, que esta díada que es constitutiva y esencial cuando hablamos de teatro, hay que tenerla muy presente si queremos pescar las relaciones entre teatro y psicoanálisis. Por otro lado, debo adentrarme también en la etimología de la palabra tragedia, que también viene del griego del griego “Tragodia” compuesta de tragos =chivo y oide=oda, canción, es decir, "Canción del chivo" o el grito del chivo, curiosa significación que viene a conectarnos con un sonido profundo penetrante, seco... Como diría Edgar Vidaurre, la voz del chivo es aquella que “surge desde lo más hondo…voz dramática, intensa, oscura. El quejido del cordero o el quejido de la cabra”. Si tenemos presente a Dionisos, dios de la tragedia, pero también de todo lo irracional e instintivo, entenderemos que la referencia a tal sonido invoca la presencia de los elementos más profundos del psiquismo, emparentados con los sonidos de la propia naturaleza animal, de la cual los humanos formamos parte. Entonces, las representaciones teatrales involucran, por un lado, la exposición de los aspectos emocionales más profundos y oscuros del alma, dentro de las más variadas circunstancias humanas y, por otro lado, la presencia de espectadores que “contemplen “ estos aspectos y circunstancias y que, debido a que son compartidos se suscitará una suerte de resonancia especular. En un inicio, el despliegue del teatro era un fenómeno del ámbito de lo sagrado y las arcaicas representaciones se hacían en teatros cercanos al templo de Dionisos, esto es relevante para lo que nos compete, pues uno de los templos más famosos, el de Epidauro, era considerado lugar de peregrinación donde los espectadores, a través de la contemplación de estos dramas mistéricos, eran purificados de sus pasiones. Aristóteles postulaba que la tragedia podía lograr una purificación del alma a través de lo que llamó “catarsis”. El mismo Freud, en un trabajo de 1905, titulado “Personajes Psicopáticos en el Teatro”, comienza diciendo:

Si, como desde los tiempos de Aristóteles viniese admitiendo, es la función del drama despertar la piedad y el temor, provocando así una “catarsis de las emociones”, bien podemos describir esta misma finalidad expresando que se trata de procurarnos acceso a fuentes de placer y goce yacentes en nuestra vida afectiva (…)

Por ello se infiere que la particularidad del teatro está en que el espectador aun cuando contemple escenas de sufrimiento y resuene con ellas, pueda ver lo que ocurre, identificarse con los actores y sus dramas, y sin embargo, obtener placer y goce, ya que precisamente no es a él a quien ocurren los acontecimientos o los avatares del destino, ya que se halla a una suficiente “distancia” que le permite obtener placer y bienestar a través del efecto catártico.

Retornemos ahora a los principios del siglo XX cuando Freud comienza a estructurar su teoría. Al descubrir el inconsciente y toda la dinámica que lo configura y lo rige, descubrirá también la manera cómo este se estructura en términos de lenguaje y cómo se articula alrededor de personajes internos que viven y desarrollan una tragedia individual- íntima y a la vez universal- y la primera tragedia con la que se topa es la edípica. Progresivamente llegará a la constatación de que todos llevamos dentro un drama, con personajes que son a la vez universales y personales, que fuerzas inconscientes nos mueven ciegamente, tal cual el destino que intuyeron los antiguos griegos, y que toda esta dinámica interna va a vincularse inmediatamente con la exteriorización y puesta en escena de ese drama. Y no sólo  será el drama de Edipo y sus ramificaciones (Edipo en Colona y Antígona), sino que también van apareciendo en el interior del psiquismo otros personajes que también han sido representados en la dramaturgia universal. Son relevantes, por ejemplo, los trabajos de Freud sobre obras de Shakespeare, autor genial cuya extraordinaria capacidad para dibujar los más importantes caracteres humanos y sus patologías, lo constituye en un singular antecesor de las ideas del psicoanálisis. 

En su trabajo sobre los Personajes Psicopáticos en el Teatro, Freud nos introduce en una serie de interesantes planteamientos: “La contemplación apreciativa de una representación dramática cumple en el adulto la misma función que el juego desempeña en el niño, al satisfacer su esperanza de poder hacer cuanto los adultos hacen”.  Y a la par que el autor y los actores le otorgan al espectador la posibilidad de identificarse con los personajes, así mismo, lo protegen de la experiencia real, dado que el drama se despliega en una zona de “transición” (WInnicott) entre la realidad y la fantasía, una especie de “tierra media”. Conjuntamente, el teatro le permite vivir al espectador la posibilidad de ser varios personajes y tener más de  una vida que vivir, de ahí que su goce depende de una ilusión, afirma Freud. Con ello nos ubica en el carácter lúdico de las representaciones teatrales. El juego, sería entonces, una dramatización espontánea. Y dado que otro de los temas del psicoanálisis es la importancia de los sueños como vía regia de acceso al inconsciente, este aspecto también está reflejado en la dinámica del teatro; en términos de analogía, podemos señalar que también en los sueños hay un despliegue dramático con personajes y actores, pero también podemos observarlo a la inversa: el teatro permite, como lo hacen los sueños, que los dramas inconscientes se desplieguen. Con todo lo anterior, podremos concluir que en el mundo interno se desarrolla un teatro de acción con múltiples dramas y variados personajes. Basado en esto, otro gran investigador del psiquismo, Levy Moreno impulsó su teoría del psicodrama como método terapéutico, compitiendo abiertamente con el método freudiano, pero que sin embargo, está basado en los postulados que sobre el inconsciente y la vida psíquica estableciera Freud.

La identidad del sujeto, si lo miramos bajo la perspectiva freudiana, no es una identidad unívoca, sino múltiple y contradictoria, grupal y compleja, esto me parece un hallazgo relevante: el introducir la dimensión dramática en el  psiquismo humano. Agregado a esto existe otro elemento fundamental de la teoría psicoanalítica: el tomar en consideración que el inconsciente está estructurado en forma de lenguaje y que éste está atravesado por el símbolo, es decir por la representación de la ausencia, y he ahí otro punto de estrecha unión con el teatro, pues en el fondo toda representación es representación de una ausencia. Lo cual nos conecta de nuevo con el juego, que también está sustentado en la capacidad simbólica y en el intento de elaborar las ausencias.

Considerando todo lo anteriormente expuesto, y dado la amplísima difusión de la teoría psicoanalítica, es entendible y esperado que los artistas fuesen especialmente permeables a ella, pues las emociones, toda la vida anímica, el descubrimiento del territorio de la infancia y de los sueños, la exploración de los aspectos sombríos personales y sociales, contextualizado además en una época histórica en la cual los grandes paradigmas de occidente se vinieron abajo, hicieron que el enfoque de la psicología profunda  fuese de enorme interés para el arte en general. Esto sin duda influyó en el teatro contemporáneo, el emerger de los contenidos del inconsciente, con toda su carga de irracionalidad y oscuridad, pero también con los destellos de lo insólito y el enorme caudal de vida que esto representa,  nos hace pensar en un resurgimiento de Dionisos en todo su esplendor. La exploración dramática de los aspectos psicológicos ha sido sin duda una de las influencias más conspicuas. Emergió además la posibilidad de que las puestas en escena tuviesen elementos abiertamente lúdicos, por ejemplo, el hacer que los espectadores tuviesen más que una participación contemplativa, o la utilización de improvisaciones, que nos hacen recordar la escritura automática de los surrealistas, basado en la teoría de las asociaciones libres.  Asimismo, la utilización de elementos oníricos plenos de simbolismo, la ambigüedad, el cabalgamiento de tiempos, lo insólito, el absurdo, se constituyeron en características del teatro del siglo XX. No sería arriesgado afirmar que la base del método de Stanislavski tenga como punto de partida los descubrimientos sobre el inconsciente.

Freud, sin lugar a dudas, y aunque existan actualmente diversas corrientes que lo adversen, es un personaje fundamental en la construcción de la modernidad, su huella es perenne y el espíritu de sus ideas nos sigue envolviendo en todas las actividades y más aún y con particular ahínco en las manifestaciones artísticas, quizá porque todo arte sale del alma y de sus contradictorios y complejos vericuetos.

Ana María Hurtado
22 de mayo 2016

4 comentarios:

Gonzalo Himiob dijo...

Muy bueno y profundo. Te felicito Ana María
Gonzalo Himiob

katherinechacon dijo...

Excelente Ana Maria. Gracias por esta aproximación profunda y bellamente escrita.

katherinechacon dijo...

Excelente Ana Maria. Gracias por esta aproximación profunda y bellamente escrita.

anamaría hurtado dijo...

Muchas gracias, Katherine y Gonzalo, por sus atentas lecturas. Abrazos