domingo, 1 de noviembre de 2015

Poemas de una psicótica: La flor de la conciencia en Ida Gramcko - Por Anamaría Hurtado



                                                                         Algunos no ven la palabra, aunque la miran,
otros aunque la oyen, no la escuchan.
Pero a algunos se les da como una amante y refinada esposa
se entrega a su hombre

Rig Veda. X, 71.4

Si bien en todo poeta la palabra es esencial, en la polifacética Ida Gramcko (1924-1994) se entroniza como un evento salvador. La palabra en ella es el espacio donde confluye su poderoso y a la vez delicado mundo íntimo con la vida, en términos de pálpito universal. Ida con su inmenso pulso creador intenta, a través de la articulación de la palabra, transformar lo efímero en eterno y trascendente, y una vez que ha intentado asir lo perdurable, verifica la reaparición de la amenaza permanente de la pérdida, y el anhelo que regresa por lo que permanece.  Afirmaba: "Existir, no vivir. Nos ha costado tanto no ser vida". Pareciera que en ella el existir cabalga incesante sobre la vida y es la palabra un instrumento mágico que permite el advenimiento del Existir. El ser poético de Ida es existir, por eso en ella vida, existencia y poesía son indivisibles. El  recuerdo infantil de una pequeña de tres años dictándole a la madre un poema, nos prefigura su devenir poético. En su jardín (que será siempre metáfora en ella) es testigo del florecer de un lirio, ella corre, se golpea y dice que tiene algo en la cabeza – “tengo una cosa aquí”, señala-  y necesita decir “eso”. El caso de tal precocidad es asombroso, no sólo por la profundidad poética en la imagen percibida, sino por la prodigiosa utilización del lenguaje para transmitirla:

en esas matas de verdosas hojas
como un alma blanca surge un lirio encantador

(Anécdota citada por Gabriela Kizer en la biografía de Ida Gramcko. El Nacional, 2010)

  Además de una deliciosa anécdota infantil que asoma en el episodio del lirio, ya se anuncia en Ida una definitiva visión poética: un golpe, algo que desde dentro pugna por salir junto a la urgencia por atraparlo. Parece entonces que se hubiera golpeado con el propio emerger del lirio. Recordemos a Chantal Maillard, al referirse a la mirada de la infancia: “¿Qué fue de aquella inocencia en la que la percepción, lo percibido y quien percibe era uno y lo mismo? (...).El largo camino que desemboca en la intuición mística ¿no será acaso el de un retorno a cierto estado de la infancia?”.  Ida- niña es el lirio que emerge, su alma emerge con el lirio o emerge en el lirio. Esa es la vía mística por la cual la poeta transitará durante su existencia.

Ida insiste en sumergirse en un universo vital, desbordante, insólito, barroco, casi delirante de palabras, que intentan dar forma a lo que en inicio es inefable. Ese ardor constreñido en la potencia oscura de su espíritu la impulsa hacia la luz,  intenta un camino de iluminación desde la sombra, pescando de dónde viene la luz., y la luz en Ida es la palabra.

Todo ello nos sirve de preámbulo para aproximarnos a un libro único: Poemas de una Psicótica (1964). El dar cuenta de experiencias límites de sufrimiento psíquico ha sido tema recurrente en los poetas. Sin embargo, en el caso de Ida Gramcko, quien es una persistente buscadora de la trascendencia- de lo “inmenso que cabe en el ala de los pájaros”- su experiencia psicótica se convierte también en un camino para llegar a la expansión de la consciencia e iluminación mística. Mas sin embargo, su misticismo es paradójicamente oscuro e inquietante, emparentado en sus raíces con el de Santa Teresa de Ávila, y con influencias diversas de William Blake, el Conde de Lautréamont y Rainer María Rilke, entre otros. Para Ida la vivencia poética no es un fenómeno intelectivo, aunque se valga de la utilización desmesurada del lenguaje, rebosante de imágenes, metáforas y numerosos recursos técnicos, su poesía no es medio de expresión sino un instrumento de interpretación  del mundo en su totalidad: interno y externo.

La experiencia psicótica de Ida, transcrita en clave, nos coloca como espectadores de un proceso creador avasallante, por ello lo importante no es quedarnos en la patología, sino agudizar los sentidos, dejarnos inundar de sus palabras y acceder a ese universo  en expansión, que constituye el mundo de la poeta.  Ida Gramcko, en su intento de simbolizar la experiencia, consigue legarnos una de las más bellas y originales piezas poéticas. En ella nos describe un sufrido y portentoso tránsito interior desde sus profundos abismos hasta hallar en  el Casi Silencios el espacio de una conciencia extensa y anhelante. En el prefacio del libro nos anuncia su estructura, Diablos, el Ángel y el Espectro pertenecen a la psicosis padecida, y Plegaria, Casi Silencios y lo Máximo Murmura los considera los poemas de su curación. En ese conmovedor preámbulo anuncia cómo la palabra se constituye en sanadora. El tránsito del libro es una experiencia dolorosa y abarcante donde Ida al final halla ese lugar donde:

Las aguas se hacen claras.
Al fondo, lentamente, las piedrecillas
hallan al fin sitio. I encima de las aguas,
flota una flor entreabierta: la
conciencia.

La psicoanalista junguiana Marie Louise von Franz   propone que luego de experiencias psicóticas, advienen en la psique individual imágenes equivalentes a los mitos de creación colectivos, lo cual permitirá  la re-creación del mundo interno que se desmoronó tras el episodio. En el caso particular de Ida, la psicosis es transmutada por una psique que siempre ha estado atenta al proceso interno creador, un alma que ha crecido y ha sido cincelada con  la palabra. Ella ha estado alerta a sus oscuridades, las reconoce, “los diablos están ahí, no se los invita”, y ante esta presencia oscura exclama: has de recibirlo y acaso darle de tu pan porque ya se ha adueñado de ti misma y tú sientes por él algo más crudo que el silencio: el miedo.

A través de su correspondencia personal, describe su enfermedad lacónicamente como un no pisar tierra firme, estar abrumada de percepciones y por una pérdida del significado que le impedía utilizar la palabra. La enfermedad le compromete seriamente su capacidad creadora y su escritura, hasta que pasados unos años la retoma a través de este singular libro, donde al igual que en el jardín de la infancia, emerge la poesía- como un alma- que siempre la habitó: 
“Me alegra saber que, aún durante el sufrimiento de mi enfermedad, yo continué siendo poeta.”

Retomar a Ida Gramcko en estos tiempos de estrechez es intentar con ella vislumbrar la vasta multiplicidad de la existencia y sumergirnos en un siempre renovado mundo donde la Palabra se nos entrega como una amante y refinada esposa.


Anamaría Hurtado
15/10/2015