miércoles, 23 de septiembre de 2009

El Mito Poético y la Diosa Blanca (continuación)


Segunda parte de la charla introductoria dictada por Edgar Vidaurre en el Centro de Estudios Junguianos de Venezuela para el seminario: El mito poético y la Diosa Blanca
II
“No salgas de ti, retorna a ti mismo,
en el interior del hombre habita la verdad;
y si encontraras Transfigurada tu naturaleza,
trascenderías tú mismo también …”

San Agustín
De vera religióne.*39

En estas charlas, hablaremos como dijimos, de una manera muy pura, libre y estrictamente personal sobre la poesía (palabra y música) como manifestaciones del alma y como vía válida para llegar a su verdad. Hemos tomado como hilo conductor en esta segunda parte de la charla inicial, lo aprehendido en la cercanía de la que considero mi madre poética y mentora: la poeta Elizabeth Schön; por lo que hemos tomado casi textualmente consideraciones que hemos venido elaborando a lo largo de los años sobre su poética, y sobre todo, acogiéndonos a nuestro sentir personal del poeta en cuanto a un ser místico. Y cuando decimos místico, lo hacemos bajo la premisa de que para crear (y el poeta es un creador) lo primero que debe hacer es enamorarse de lo trascendente. Pero enamorarse de lo trascendente no es suficiente para ser creador… se debe penetrar hasta el centro, recorrer el camino de entrada para llegar a lo más hondo para luego regresar transformados a la luz… citando una auto-entrevista del año 1993 sobre el fenómeno poético decía que “enamorarse de lo trascendente no es suficiente… hay que dejar que esa entidad superior nos posea, incluso que nos penetre…. cuando se trata del alma, sólo el hombre que ha sido traspasado por "Ella" hasta confundirse en ese "Ella" que acepta la penetración por Dios, el amor, o cualquier ente superior que lo transcienda, será un creador, y eso es lo que constituye a un poeta y su esencialidad”

Se debe sufrir de una manera totalizadora el proceso de transmutación espiritual para constituir ese esfuerzo en lenguaje que integre la visión inicial. El creador, en este caso el poeta, a través de su esfuerzo hará que los frutos del alma se manifiesten. Es la perfecta vinculación y Asociación de aquellos elementos que se encuentran en lo más hondo del alma y que a través del proceso creativo salen a la conciencia con consistencia real y permanente. Sin embargo, como paso previo al despliegue de lo creado por el hombre, debe producirse ese tornar a sí mismo, mirar lo más hondo de sí en donde están en estado de pureza los elementos abarcantes, totalizantes y vinculantes del alma universal… es ese proceso de construir y asumir nuestra individualidad, con el solo propósito de llevar a la conciencia la sensación de que pertenecemos a una totalidad. En este estado, y aunque hemos dicho que en esta parte de la charla inicial, explicaríamos puramente la representación del alma a través de la poesía, no podemos menos que asombrarnos ante la repetición exacta en este proceso creador, del proceso de transmutación espiritual revelado por Jung, y aunque el mismo maestro en sus conversaciones con Mirecea Eliade (quien aseveraba que Jung no pretendía hacer ni teología ni filosofía de la religión) nos decía: “Yo soy un psicólogo. No me ocupo de lo que trasciende el contenido psicológico de la experiencia humana. Ni siquiera me planteo el problema de saber si es posible semejante trascendencia, pues en todos los casos lo transpsicológico ya no es asunto del psicólogo. Ahora bien, en el plano psicológico, me enfrento con experiencias religiosas que poseen una estructura y un simbolismo susceptibles de ser interpretados. Yo considero que la experiencia religiosa es real, es verdadera. Compruebo que semejantes experiencias pueden «salvar» el alma, pueden acelerar su integración e instaurar el equilibrio espiritual”, no podemos menos que extrapolar aquí lo religioso con lo poético. Es por ello que hemos querido por razones de resonancia traer el epígrafe del santo-poeta. Y así nos devela San Agustín la Conciencia. Ese acto sagrado de íntima pureza, ese replegarse sobre sí mismo: reflexión interior, cuya mejor expresión (la del Alma) es inicialmente el silencio. La conciencia es entonces el reconocimiento de la interioridad espiritual como camino privilegiado de acceso a la propia realidad del alma. No se trata en este caso de una separación o división entre el hombre y el mundo. Se trata más bien del hombre que transido de mundo, retorna a sí mismo para buscar la unión, la totalidad. Relación que también en este caso establece el alma consigo misma, como cualidad intrínseca al hombre que deviene interior o espiritual y por la cual puede conocer de otro modo, de un modo inmediato. Después y sobre ese espacio continente llamado silencio, advendrá el sonido, la palabra.

Es entonces ese camino de acceso a nuestra realidad más íntima, camino que recorremos a través de una experiencia interior y la reflexión acerca de esa interioridad, lo que se plantea en relación a la poesía como vía válida para llegar al centro del alma, para ser puestas de manifiesto a través de lo que las antiguas tradiciones del mito poético celta llamó las Representaciones del Alma Esencial.

Será además el poeta de los sonidos, con la música, quien realizará el logro más abstracto de representar esos arquetipos universales de la creación a través del despliegue sonoro. El canto como manifestación musical, traería la evidencia sonora a los sentidos del hombre y por ello ese canto estaría sujeto al acaecer del tiempo, a la temporalidad rítmica que rige y determina. Las teologías Celtas y Orientales, que también consideran la dualidad cuerpo-alma del hombre y la impureza que esta mezcla determina, sometían el proceso de purificación a la temporalidad cíclica, circular de la reencarnación y sus cantos sagrados estarían también sujetos a un poderoso influjo rítmico palpitante. Los instrumentos que acompañan su clamor simbolizarán aquella dualidad (la percusión sobre la piel de los animales marcando el ritmo cesante de nuestra carnalidad y los instrumentos por donde pasa el viento como el espíritu divino y su revelación melódica incesante e infinita.)

Al igual que los Celtas y los Orientales, ya los griegos se asombraron ante esta revelación. La idea pitagórica de la música, como aquella representación del orden divino que rige tanto a nuestra alma como a ese universo; o dicho de otro modo, aquella combinación sensible y sonora, que al contener la relación numérica del orden universal, nos lleva al conocimiento o más bien al RECONOCIMIENTO del origen de nuestra alma y de su concierto con el resto de las cosas que están sujetas a esa ley formal universal.

Citando un ensayo sobre el alma humana y universo, decíamos que El pitagorismo, a más de haber traído desde el oriente, la noción de la transmigración de las almas (es decir, aquella otra parte trascendente de nuestra condición humana, y que se contrapone a nuestra fugaz y contingente corporalidad) y el de la música de las esferas, nos reveló el más asombroso conocimiento: La estructura armónica, La Armonía. El descubrimiento de la relación 3:4:5, que constituye el acorde perfecto, y el placer de las almas humanas al percibir dicha relación, tendría un carácter de revelación divina, el reconocimiento intuitivo e inconsciente de haberse conectado con la ley divina que organiza el universo. Nuestra alma procedente de las regiones celestes, al percibir a través del aire, la música y su relación armónica, se transportaría a su lugar de origen, la instauración de un recuerdo con carácter de éxtasis y embriaguez; música por supuesto danzada, seguida por todo nuestro cuerpo, haciéndonos salir del encierro de la carne, del encierro del instante, del aquí, del ahora, y literalmente endiosarse. A este proceso arrebatado que conlleva la disolución del Yo, del Ego, le sigue y contrapone el de la serenidad y la templanza que produce el equilibrio armónico. La armonía pues, es la expresión o representación si se quiere, de la ley básica del universo, que traducida a través de la música, nos conduce a un estado de ánimo que ya no será individual ni momentáneo, sino consecuencia de nuestro encuentro e identificación con el principio ordenador del mundo. Música de las esferas y armonía universal. Los planetas engastados en sus respectivas esferas, midiendo las distancias entre sí, emiten una suave armonía inaudible, pues es algo más que sonido; o tal vez porque oímos de otro modo, a esa música no perecedera que es la fuente y la primera.

El poeta Jhon Keats en su Oda sobre una Urna Griega dice:

"A veces, la música imaginada es superior a la real:
Las melodías oídas son dulces, pero las no oídas
lo son más, por eso, dulces flautas, tocad;
no para el oído sencillo sino, más caro,
tocad, para los espíritus, sonsonetes sin tonos."

Thomas Mann en el Doctor Fausto dice:
"Pues escucha hasta el fin, escucha amigo: un grupo de instrumentos después de otro se retira y lo que queda, mientras la obra se desvanece en el aire, es el agudo sol de un cello, la última palabra, el último sonido que se diluye, muriendo con lentitud en un pianissimo- fermata. Luego nada más: Silencio... y noche. Pero ese tono que vibra en el silencio, que ya no está allí, el cual sólo el espíritu oye y que era la voz de duelo, no es más así. Cambia su significado, persiste y habita como una luz en la noche."

Por su parte Shelley nos regaló este hermoso poema:

La música, cuando mueren las suaves voces,
vibra en la memoria.
Los aromas, cuando enferman las dulces violetas,
viven en el sentido que ellas animan.
Los pétalos de rosa, cuando la rosa muere,
se esparcen sobre el lecho de la amada
y así tus pensamientos, cuando te hayas ido,
el propio amor lo soñará.

Wallace Stevens nos dice:

Así como mis dedos en estas teclas
hacen música, así los mismos sonidos
en mi espíritu hacen música también.
La música es entonces sentimiento y no sonido;
y tal es lo que yo siento
aquí en este cuarto, deseándote
pensando que tu seda de azuladas sombras
es música también...

Música hecha por el hombre para ser oída por los hombres y música que suena en el silencio interior de nuestra alma. Ya los orientales, en contraposición al sentido utilitario, soberbio y aislado que tiene la música en occidente, le dieron a esta última, esa connotación que la religa con el acaecer del tiempo, con el ciclo de las estaciones, con la rosa de los doce vientos, como algo sagrado y místico.

Rumi Divan-e Shams Tabriz nos lo dice así:


¡Qué maravilloso es nuestro amor, qué maravilloso es nuestro amor, oh Dios mío!
...Gracias a él podemos danzar (frente a Ti)
y no por el sonido de la flauta, ni por el golpear de manos, ni por la pandereta, ¡Oh Dios mío!
Tu mano ha perforado de tal forma la flauta de mi cuerpo que noche y día llora y se lamenta ¡Oh Dios mío! Esta pobre caña, ¿qué sabe de las gamas melódicas?
es el aliento del tocador de flauta el único que lo sabe y lo comprende ¡Oh Dios mío!
Frente a la puerta del jardín de las rosas...qué luz, ¡Oh Dios mío!

Platón concibe la creación del mundo como una canción, y en su libro, EL TIMEO, nos dice lo siguiente sobre la música y la armonía:"También la música, en cuanto emplea sonido audible, fue concebida por la armonía. Y la armonía, que tiene movimientos emparentados con las revoluciones del alma interna a nosotros, le es dada por las musas al que hace uso inteligente de ellas, cuando ésta ha perdido su armonía, ayudándole a que la restaure y ordene y esté en concordancia consigo mismo."

Yéndonos aún más allá del fenómeno sonoro cono elemento constitutivo de la creación, vemos como la expresión más acabada de la meditación de los maestros yogis Hindúes, se encuetra en la Surat Shabd Yoga, o la Yoga de la Celestial Corriente del Sonido. Esta senda espiritual que conduce hacia el interior del hombre para fundirse allí con el Absoluto, en Su estado pureza, desdoblándose hacia afuera para asumir dos atributos primarios: Luz y Sonido. Los occidentales han querido equiparar esta revelación al postulado judeo-cristiano del “Verbo” o “Palabra”, sin embargo sin ser en lo absoluto eruditos en el tema, sentimos por intiución que este camino luminoso de los sabios hindúes, abarca en su contexto una dinámica de correspondencia entre el absoluto y el hombre de connotaciones diferentes a la percepción (tal vez más estática e inalcanzable) que tiene el Verbo para las religiones, especialmente para la Judía. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Dicen nuestros evangelios cristianos. Igualmente, en los textos sagrados hindúes (en especial en los cantos védicos) encontramos reitradamente el Aum: Palabra sagrada que interpenetra simultanemanete lo físico, lo cosmico y lo fenomenológico: La tierra y el firmamento no son sino Shabd (verbo).. Sólo del Shabd nació la Luz, Sólo del Shabd surgió la creación, Shabd es el núcleo esencial en todo. Shabd es el agente directivo de Dios, la causa de toda la creación. De una manera muy cercana Los sufis através del místico Abdul Razaq Kashi nos revela que: La creación empezó a existir por el Saut (Sonido o Verbo) y del Saut se difundió toda la luz.
-
Vemos pues, cómo Pitágoras, Platón, las sabios Hindúes, los místicos sufíes, los místicos occidentales, Frai Luis de León e incluso los románticos alemanes nos hablan de la naturaleza acústica del alma, que puede encontrar su resonancia en la música sonora audible hecha por el hombre, o desembocar a través del silencio, en aquella otra, cuyo ritmo se mece al compás de lo divino.
-
Esta explicación poética del mundo, de su origen, de su nacimiento, no está ajena a la exigencia y a la vivencia del sacrificio. En este caso y bajo la visión totalizadora de esta explicación poética del mundo, el sacrificio tiene también dimensiones absolutas. Estaríamos hablando de un sacrificio cósmico. Vale decir que el mundo, las formas y la materia que lo compone sólo pueden existir por la gracia de la permanente e infinita transformación del Ser o energía primordial, con todas las consecuencias que este sacrificio aporta a nuestra humanidad. Esta es la gran visión que nos otorga el mito poético, su visión del origen, del mundo, de la materia, de las formas cambiantes, del mundo fenoménico, y del Ser por cuyo sacrificio se sostuvo y se sostiene, pues del sacrificio cósmico, del caos, del hundimiento del cielo, surgirá la rosa eterna ocupando espacio a nuestros ojos, desplegándose en la realidad.

Dentro de nosotros mismos, la identificación del yo con el Ser en su totalidad, sólo puede ocurrir en ese lugar imponderable, al que si no llamáramos alma, no sabríamos que nombre darle. Ya Santa Teresa de Jesús en sus “Moradas” nos revelaba que Dios y la totalidad del universo por él creado, resonaban en lo más íntimo y recóndito de nuestro propio ser: El Alma. Es allí dónde ubica a la trinidad, a las tres personas que habitan en su ser para provocar la unidad del mismo. Sólo en el alma el hombre encuentra la unidad. En el caso de los primeros poetas místicos, estos ya nos revelaban igualmente, en dónde, en qué lugar dentro de nosotros mismos se produce el entendimiento de este mecanismo dinámico, entre la esencia y la existencia, que implica la reunión en un sólo evento de todas la formas de manifestación aparentemente opuestas, entre lo físico y mental, lo positivo y lo negativo, lo masculino y lo femenino, la razón y la intuición, la altura y la profundidad, la luz y la sombra, el bien y el mal, el expirar y el inspirar, lo dinámico y lo estático, la acción y el pensamiento, la atracción y la repulsión, la existencia y la no existencia, donde lo Uno da lugar a lo múltiple y lo múltiple se disuelve finalmente en lo Uno.

Es en el Alma pues en donde se produce el entendimiento profundo de que el tiempo no existe como lo percibimos, que la verdad está fuera del tiempo, que no está en el futuro, sino en el aquí y el ahora, pues aquello que está fuera del tiempo lineal, está libre de limitaciones y las contradicciones internas; de ahí la unicidad de toda la experiencia mística, una visión que transforma todo el entendimiento y lo eleva a un nivel superior que nos enseña, que el Alma, el centro, no es un punto geométrico inamovible, que el alma también es una experiencia, la experiencia de esa búsqueda espiritual, el viaje de regreso al centro, el retorno a la casa, la vuelta al corazón central que emprendieron Ulises, Parsifal, los buscadores del Grial y como decía Eliot, viaje necesario a través de largos caminos para encontrar el lugar que nunca se ha abandonado, para verlo por primera vez.

Gracias al Alma y dentro del alma, entenderemos que el vacío que percibimos entre el arriba y el abajo, entre lo profundo y la superficie, (y por qué no entre inconsciente y consciente) ya no será “ese lugar que se produce por la pérdida de la sustancia necesaria para formar el cielo”, asimilándose así al espacio continente, al espacio materno. Se trata de una insurgencia, de una aparición, de una epifanía en la que irrumpe el Caos, el Origen, la sustancia del mundo, la Magna Mater, la Protohylé, lo que Platón llamó el Alma del Mundo, y donde se integran en disolución indiferenciada todos los opuestos. Se establece entonces y teniendo al hombre como mediador, una alianza dinámica entre esencia y existencia, entre lo manifiesto y el origen, de la única forma en que es posible hacerlo, en un lenguaje inédito y purificado por el magno silencio de los cielos, reflejados en el aquí abajo en la tierra, bajo el canto amplio y generoso que constituye lo que yo llamaría La Ética entre el Hombre y su Alma, la unidad abarcante en el alma interior, en donde el poeta -como diría el Maestro Jung- “ha extraído su visión a través de las fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que subyacen en el alma humana. Con su aislamiento y errores penosos ha penetrado en esa matriz de vida en la que todos los hombres están incrustados, la que imparte un ritmo común a toda la existencia humana y permite al individuo comunicar sus sentimientos y luchas a toda la humanidad”

El Mito Poético y la Diosa Blanca

I
Tu visión devendrá más clara
Solamente cuando mires dentro de tu corazón...
Aquel que mira afuera, sueña.
Quién mira en su interior, despierta.
C.G.Jung C.W.vol II Acerca de la psicología de la religión occidental
y de la religión oriental



Ustedes se preguntarán que hace un poeta contemporáneo hablando en la casa de los estudiosos de las ciencias del alma. Sin embargo estoy aquí con el permiso expreso del Maestro Jung cuando en su libro El hombre moderno en busca de su alma dijo que “el poeta ha extraído su visión a través de las fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que subyacen en el alma humana. Con su aislamiento y errores penosos ha penetrado en esa matriz de vida en la que todos los hombres están incrustados, la que imparte un ritmo común a toda la existencia humana y permite al individuo comunicar sus sentimientos y luchas a toda la humanidad”. Y digo ciencia con todo respeto, pues como poeta, mi admiración por Jung es infinita. Haber encontrado el camino de llegada al centro del alma como él lo hizo, es un hito para la humanidad entera, y aunque el encuentro vital de su propia alma se produjo fundamentalmente a través de la psicología como ciencia, el Maestro nunca desdeñó cualquier otra vía válida para ello y aún más, recorrió casi todos los caminos (conocidos y desconocidos) consustanciándose con todas las manifestaciones humanas que explican al mundo y al alma universal, como la Alquimia y sus símbolos, los mitos, la religión y el arte. Pero con certeza, el logro verdadero, -más que llegar al centro del alma y ver ella los elementos universales que nos constituyen- fue el de encontrar el camino de regreso para regalarnos su visión y abrir esas puertas comunicantes entre los elementos universales y nuestra conciencia. Bajo este sentir, estoy muy honrado por la invitación del Centro de Estudios Junguianos a dar estas charlas que he resumido en una visión integral del alma, como la unión dinámica de todos los fenómenos mentales -tanto conscientes como inconscientes- y el proceso de transmutación e individuación en el ser humano hacia lo trascendente, utilizando como vía regia esta vez, a la poesía y sus manifestaciones sonoras (la música y la palabra) y su revelación a través del mito de la creación, el mito poético, la imagen y los símbolos, en siete charlas principales y una charla final de cierre.


Dichas estas palabras de rigor, y como en las charlas siguientes fundamentalmente hablaré de manera muy libre, pura (y personal) sobre el fenómeno poético y musical como expresiones del alma, quisiera nombrar (y me perdonan el atrevimiento) algunos sentires sobre la influencia que el maestro Jung, ha tallado de manera indeleble en mi alma de poeta y músico, en especial sobre el centro de esta y de todas las charlas, que no es otro que El Alma.


Si bien afirmó Jung que durante y a resultas de sus investigaciones se vio obligado a establecer distinciones conceptuales entre alma y psique; siendo psique la totalidad de los fenómenos mentales tanto conscientes como inconscientes, las leyes que los rigen y sus manifestaciones, hablándonos a su vez del alma como un complejo de funciones que se pueden caracterizar bajo la denominación de "Personalidad", desde otro punto de vista pareciera haber devuelto a sus orígenes míticos y válidos el concepto Griego de "Psiquis" (ψυχής) en donde mente y alma constituyen una totalidad intrínseca en el ser humano... una intrínseca totalidad que incluyendo lo individual, se extiende hasta lo transpersonal de manera amplia y abarcante (en el caso de los griegos y por la tradición Órfica, la dualidad humana estaba constituida por cuerpo-alma). Dentro de nosotros, en el alma, según Jung (y el hermetismo) se halla también la totalidad del universo, y aunque en principio lo ignoramos, "algo" nos impulsa a la integración consciente de nuestros componentes hasta alcanzar lo trascendente. El estadio correspondiente a la obtención y consustanciación de y con el Espíritu como logro del ser humano, fue denominado por Jung "Individuación”. Siendo así, cabe preguntarse ¿es Alma sinónimo de Espíritu? Según la filosofía hermética (y Jung fue un hermetista) El Alma, del latín "Anima", no ha perdido su condición animal, y no es por tanto Espíritu (del griego ánimus άνεμος) pero sí un primer paso hacia lo sutilizado desde la materia que nos constituye y a partir de la cual podemos obtener diversos grados de trasmutación, paso por cierto nada intrascendente. Nuevamente nos preguntamos bajo el concepto de alma explicitado por Jung bajo la nominación de "Personalidad" ¿qué es la personalidad Junguiana?, ¿en qué consiste? ¿qué es la psiquis para Jung?: de manera por demás atrevida, y de lo sentido en las lecturas del maestro, diríamos que La Personalidad es la unificación, el abrazo de todo pensamiento, sentimiento y conducta tanto consciente como inconsciente, la guía que regula y adapta a cada individuo a su ambiente externo, las energías que la activan y su distribución entre los diversos componentes de la misma y cuyos cambios tienen lugar dentro del transcurso de la vida del ser humano. Podríamos afirmar que la Personalidad es aquello a partir de lo cual nos convertimos en "Personas". La Persona no es en este caso un conglomerado de partes añadidas por aprendizajes o experiencias, sino la recuperación de una totalidad originaria. No lucha el hombre para integrarse… ya posee la integración, nació con ella. Lo que debe hacer es desarrollarla hasta el máximo grado de coherencia y armonía. El logro de una especie de psico-síntesis...


Nos sentimos tentados a continuar diciendo....qué "a diferencia de los animales" (como si no fuésemos nosotros mismos animales ¿les suena el fonema ánima?), el hombre tiene el extraordinario poder de concebirse y construirse a sí mismo y de cambiar también al mundo que le rodea, pues al fin y al cabo, el mundo es como es "porque el hombre lo ha concebido así". Respondiendo al principio de correspondencia (Kybalion) porta el hombre el extraordinario poder de hacer realidad aquello que sucede "en nuestro arriba": las simples ideas de nuestra mente finita correspondiendo al reflejo de un Orden Universal e Infinito constituyendo síntesis idénticas, difiriendo apenas en su grado de "manifestación". Manifestando en el "abajo", dentro del plano de nuestra realidad material y "Creando" y reflejando ése mismo orden Celeste o creando a partir de una idea sutil en nuestra mente algo tangible, comprobable ya sea en el plano físico, en el mental o en el espiritual. Esta dinámica hará posible el cambio de un estado de consciencia a otro a voluntad. La mente como una otra cualquiera manifestación emanada a partir de lo Divino creado a partir de su sí mismo (Dios, Creador o simplemente Ser). En otras palabras nos remitimos a plantear la mente como cualquier otro objeto creado a partir de las emanaciones surgidas según el nivel vibracional de lo "creante". En consecuencia planteamos su necesidad (la de la mente) o compulsión a convertirse en su esencia definitiva, a su casi obligatoriedad de transcurrir de un acontecer transmutante a otra transmutación. La filosofía hermética junto a sus otras ciencias aledañas, no sólo aportan conocimientos al intelecto, sino que tienen además la cualidad inherente de transmutar, de cambiar al buscador a medida que se adentra en éstos conocimientos. Esa es la verdadera esencia de la filosofía hermética, de la auténtica Alquimia Espiritual: aquella que nos permite reconciliar los opuestos dentro de nosotros mismos, tal y como lo planteo Jung. Las enseñanzas herméticas nos dicen que el hombre puede construir a través de las creaciones mentales.... allí donde no necesitamos ningún tipo de material, herramientas o utensilios, donde la idea permanece pura y perfecta antes de manifestarse en la materia. Aún en lo social, tras cada manifestación en la que exista "un orden" está detrás la mente humana. El ser humano siempre ha tratado de vivir dentro de un orden contrario al caos. Cuando no existe un orden, es imposible la evolución: la social, la cultural, aún la humana, teniendo la capacidad incluso de auto destruirse. Pero la mente así como cualquier otro metal y demás elementos, puede ser trasmutada de estado en estado, de grado en grado, de condición a condición, de vibración en vibración: "La verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental" (El Kybalion). El concepto de trasmutación mental que nos propone la filosofía hermética (en consecuencia la Junguiana) es la de asumir conscientemente expansiones y aberturas que nos lleven a la integración de qué y quienes somos, que nos eleven al encuentro de nuestros verdaderos y compartidos sí mismos… paso a paso, crisol a crisol.


Jung, se dio a sí mismo una profunda mirada interior para ver, para despertar (aunque el sueño fue contradictoriamente la vía principal), y aunque como dijimos, transitó durante largos años por los caminos de la Alquimia y sus símbolos, la religión y el arte, de manera inicial y al igual que los antiguos poetas, salió en busca del Mito como explicación válida y total del mundo, como el sustrato más hondo de sí mismo y al mismo tiempo universal para vincularse a lo trascendente, empezando por el mito primario, El Mito de la Creación, pues este no es otra cosa que la búsqueda del origen: la creación es origen. De manera permanente y simultánea, los seres humanos somos creadores y creación; el origen, el punto de inicio, es único y común para todo lo creado y es allí, donde la vinculación se hace patente… somos apenas una instancia de la transformación, del sacrificio del Ser. No existe la unión de opuestos ni contrarios, pues los opuestos no existen... en el mejor de los casos (para no hablar de la capacidad desintegradora del hombre) estos son una ilusión. En consecuencia, no existe un movimiento perpetuo de creación-destrucción en donde ambos eventos se suceden permanentemente. Existe un solo y único evento: La Transformación.


Con esta revelación y para terminar la primera parte de la charla inicial, podríamos añadir nuestro asombro y nuestra interpretación (igualmente muy libre y personal) de lo dicho por el Maestro Jung sobre El Sacrificio en su libro Transformaciones y Símbolos de la Libido, como elemento primordial en los procesos de metamorfosis y transformación. Los símbolos del incesto, separación, sacrificio y diferenciación, son reinterpretados de una manera extraordinaria como el proceso indispensable del ser humano para alcanzar la conciencia total. Para ello es necesario enamorarse del origen, salir en la busca del origen perdido, que en este caso es la madre universal. Dicho en otras palabras ir en busca enamorada del origen es incesto, (aunque sea en términos simbólicos un incesto universal). Vincularse con aquello que nos originó, que nos creo. Pero en este caso se trata precisamente del hecho restitutorio de aquello que perdimos con la primera separación, de la diferenciación de la consciencia individual del hombre que se siente inicialmente desvinculada de esa madre universal. El segundo paso para re-vincularse con esa madre universal que debe dar el ser humano, es el diferenciarse de la fuerza activa, del Padre Universal, una especie de Caín a la manera poética como lo describe Luc Estang, en su libro “Le Jour de Caïn” o “El día de Caín”: Caín es hombre desprendido de su madre inicialmente y posteriormente de su padre. El primer errante en busca de tierra fértil y el primer constructor de ciudades, es también el hombre señalado por Dios para que no lo maten. Es en definitiva el primer hombre que se aleja de la presencia de Dios y anda sin fin hacia el sol naciente, hacia nuevas auroras. La aventura es de una grandeza sin par, la del hombre librado a sí mismo, asumiendo valientemente todo el riesgo de la existencia y la consecuencia de sus actos. Caín es el símbolo de la auténtica naturaleza humana en sí misma y en toda su expresión. Es así, que desprendido de la madre y rompiendo con el padre (matando simbólicamente la figura arquetípica de ambos), el ser humano puede alcanzar aquello totalizador que trasciende a estas figuras. Al contrario de Sigmund Freud, para Jung el asesinato simbólico del padre no constituía un aspecto destructivo impulsado por la Libido en el contexto de la rivalidad y el odio hacia éste, sino una ruptura previa, indispensable, imperiosa y a la vez constructiva de individualizarse de constituirse a sí mismo para ver, entender y colmar la necesidad del retorno al origen bajo la figura extraordinaria de la Resurrección o el nuevo nacimiento, de entrar una vez más al seno de la Madre para ser dado a luz nuevamente por ella, y mantenerse ligado, esta vez conscientemente a esa fuerza nutricia incomparable. Curiosamente esta revelación le costó a Jung, el rompimiento con el padre que lo iniciara en el camino hacia el alma humana a través de la psicología, pero en contrapartida lo puso frente a frente con la experiencia y el encuentro directo y definitivo con su propia alma y el Alma Universal


Este proceso de diferenciación y separación inicial, es el primer paso a la integración en la consciencia de los sustratos universales (incluyendo al bien y al mal, a la sombra y a la luz) y esto no se logra sin dolor y sacrificio. Por último, no podemos dejar de decir que la representación de estos aspectos simbólicos en el mito de Edipo, alcanzan realmente una magnitud dramática cuando este queda ciego, es decir cuando dirige su mirada hacia adentro, cuando prescinde de ver el afuera para experimentar lo que llamamos “la mirada interior”. La transformación es entonces sacrificio y así nos lo revela el Maestro Jung: No hay llegada al consciente sin dolor.
-
Primera parte de la charla introductoria dictada por Edgar Vidaurre en el Centro de Estudios Junguianos de Venezuela para el seminario: El mito poético y la Diosa Blanca... agradezco prufundamente a mi hermana Ruth por su aporte, ayuda y colaboración con esta charla