lunes, 30 de marzo de 2009

Despedida de Tagore...


Despedida que el poeta Rabindranath Tagore leyó a los niños de la escuela de Santiniketan de la India pocos días antes de su muerte el 5 de agosto de 1941.

En la creación de Dios, nada tiene fin. Todo lo que es verdadero, permanece. En el jardín de Dios, la flor abre y se mustia, pero cuando se mustia no es que se acaba; florece otra y otra vez. Las estaciones vienen, se van y vuelven, y en su sucesión está la verdad. Así todas las relaciones reales, las felicidades ciertas, son continuas, no pasajeras. En su sucesión no cesan verdaderamente.

Las obras del hombre tienen el estigma de la muerte que tienen porque la mayor parte de nuestras actividades carecen de sentido y porque nuestras energías las empleamos en abastecernos de cosas y placeres sin eternidad en el fondo. Por eso intentamos dar a todo, a fuerza de añadiduras, un aspecto de permanencia. El hombre ansioso de prolongar el placer, intenta sólo sumar, y tememos detenernos por miedo de que algún día todo termine.A la verdad es a la que no le importa ser pequeña ni llegar a un fin, como un poema, que no por terminado está muerto, y no porque ese poema esté compuesto de versos infinitos, pues si eso fuera así, sabríamos que el poema no era verdad. El verdadero poema sabe cuando concluir; se ha cogido a algún ideal permanente del hombre, que es de todos los hombre y el principio interior de toda la creación. Si un poeta ha alcanzado ese ideal de perfección, sabe que, deteniéndose, no muere, sino vive.

Así, al encontrarse verdadero puede permitirse finalizar, porque nunca llega a un término, sino que tiene su continuidad en la verdad. En lo que somos verdad, somos inmortales; y cuando estamos de parte de la verdad, estamos de parte de la inmortalidad. Pero el hombre, al dar su vida a cambio de objetos sin sentido, la derrocha; y si hacemos de esas cosas nuestra meta, entonces la vida será una vida de muerte.

En nuestro vivir diario nos encontramos con muchos hombres que pasan como sombras sobre nuestra vida; pero cuando nos encontramos en la verdad, todo es diferente. Nosotros nos hemos reunidos en el rincón de este pequeño jardín. Como yo, ansiáis la verdad. Todos somos niños que lloramos a oscuras por nuestra Madre Eterna, sin saber que ella está, mientras tanto, en la cama con nosotros. Ignorantes creemos que estamos separados; pero cuando la lámpara se enciende, vemos que nuestra Madre no se ha movido de allí. Entonces sabemos que somos hijos de la misma Madre y el grito: “!llévanos de lo irreal a lo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte a lo permanente!”, sale de nuestras bocas. Oyendo entonces esta oración, sabemos que las diferencias son lo irreal, y que lo real es que somos uno. Bajo estos árboles lo hemos llamado a Él con voces unidas, Padre, y hemos sabido que este es nuestro verdadero parentesco, el cual nunca podrá perderse, sino seguirá hondo, en nuestras almas.

Nuestro parentesco personal con este mundo comenzó en el amor. El amor de La Madre y El Padre nos trajo, nos envolvió y nos nutrió. Poco a poco, con la clave de ese amor, llegamos a ver que solo ese parentesco era el definitivo. Los objetos de nuestras pasiones eran cosas destructivas, o sombras que hacen irreal la vida que se llena de ellas.Cuando nos encontramos a Dios, nuestra vida se perpetúa en la verdad. No tendrá en ella ese elemento de falsedad. Y es lo que hemos de recordar, y en ello tenemos el sentido de las palabras “!llévanos de lo irreal a lo real!”.

Al alimentarnos, nuestro cuerpo asimila el alimento y sigue adelante con su obra de creación. Si comemos polvo o cascajo, no nos creamos permanentemente, sino que nos destruimos permanentemente. La verdadera relación del hombre con el hombre es también creativa. Esta reunión nuestra, bajo estos árboles, será también creadora en nuestras vidas, y se hará cada vez más verdadera cada día. Es cierto que, como la luz del día de Dios, todas nuestras energías pueden estar ocultas bajo el sudario de la oscuridad de la noche, por algún tiempo; pero la luz vuelve a vivir de nuevo. Así son las relaciones verdaderas y así permanecerán hasta el fin de nuestras vidas, sin perderse jamás. Irán creciendo y entrarán entonces en un proceso de creación y en la realización permanente en lo que ha de venir y está siempre viniendo. Y yo le ofrezco a dios mi oración para que Él nos lleve de lo vano a la verdad del amor: “!llévanos de lo irreal a lo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte a lo permanente!”

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