lunes, 30 de noviembre de 2009

El mito de la creación...

La creación, es un enigma para el ser humano, pues aunque seamos contenidos, participemos de su proceso dinámico creativo y estemos inmersos en ella, igualmente somos rebasados y esta nos trasciende. La explicación que se ha dado el ser humano de la creación, no es solo cosmogónica, si no también Ontogénica. La visión que tenemos de la creación no es solo aquella que explica el surgir del universo, su instante de eclosión, el momento de su materialización, sino también aquella que explica el mecanismo invisible que aún provoca la aparición de todos los seres y todas las formas, desde el polvo estelar, hasta un embrión o una imagen. Esta visión, que en todo caso trata de explicar lo inexplicable –por abarcante y trascendente- solo puede ser expresada a través de un proceso de síntesis y nunca dentro de una visión o visiones parciales. Es por ello que el símbolo puede darnos la visión que abarca de manera integral, lo que vemos, sentimos, pensamos y aquello que está aún más allá de todo eso.

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Aunque hemos dicho que el símbolo es la síntesis de la imagen abarcante que nos otorga la visión más completa de la creación, la expresión en el lenguaje de esa sucesión de imágenes y símbolos, se da a través del Mito: Mito significa etimológicamente “expresión”. Esta explicación simbólica de la creación involucra entonces lo cosmogónico con lo intelectivo del ser humano, al universo con la mente, al punto de que se pudiera hablar bajo esta acepción de “Creación” de que aquello que nos parece externo, no es sino la representación mental del mundo o la imagen reflejo de nosotros mismos. Esta sensación nos es dada por la profunda interacción entre el mundo y nosotros, lo cual solo puede recoger y sintetizar el mito. La complicada relación entre materia y espíritu, entre cuerpo y mente y la dinámica permanente que las vincula, se recoge y se expresa también en la metáfora… eso “que nos lleva más allá”, y como decía Emerson: “La naturaleza en su conjunto es una metáfora de la razón humana”

Es pues el Mito y su lenguaje abarcante y metafórico quien reune y sintetiza en un arquetipo común a la materia con la Pisque humana, una resonancia con lo que el Maestro Jung denominaba Unus Mundus: El Cosmos explicado en términos humanos y el hombre explicado en términos cósmicos. Jung salió en busca del Mito como explicación válida y total del mundo, como el sustrato más hondo de sí mismo y al mismo tiempo universal para vincularse a lo trascendente, empezando por el mito primario, El Mito de la Creación, pues este no es otra cosa que la búsqueda del origen: la creación es origen. De manera permanente y simultánea, los seres humanos somos creadores y creación; el origen, el punto de inicio, es único y común para todo lo creado y es allí, donde la vinculación se hace patente… somos apenas una instancia de la transformación, del sacrificio del Ser. No existe la unión de opuestos ni contrarios, pues los opuestos no existen... en el mejor de los casos (para no hablar de la capacidad desintegradora del hombre) estos son una ilusión.

En consecuencia, no existe un movimiento perpetuo de creación-destrucción en donde ambos eventos se suceden permanentemente. Existe un solo y único evento: La Transformación. Esta síntesis que contiene el mito de la creación (universo-mente humana), es a su vez revelada de manera extraordinaria por el Maestro Erich Neumann en donde cada paso y cada retorno que implica el proceso de la creación, se repite en el ser humano al tiempo que se transmuta y se transforma hasta alcanzar lo trascendente. En el Mito de la creación está contenido y simbolizado todo lo interior y exterior, lo horizontal, lo vertical y lo central, lo que surge de la nada, la conciliación de los contrarios, el caos y la ordenación del mundo, el descenso y el ascenso, la materia, el espíritu y el sacrificio, y sobre todo la dinámica transmutante y el eterno retorno. En las láminas siguientes veremos la síntesis que hace el maestro Nuemann de estas relaciones en la creación: Universo, mente y símbolo

El Ouroboros: "El ouroboros representa lo redondo que contiene, es decir, el vientre primitivo materno y el útero, pero también la unión del antagonismo masculino-femenino, los ancestros, padre y madre unidos en cohabitación permanente (...) El incesto urobórico es una forma de penetración en la madre, de unión con ella... (...) el ouroboros simboliza también el impulso creador del nuevo comienzo, la 'rueda que gira por sí misma', el primer movimiento y la espiral...".


La Gran Madre: Corresponde al período en que el ego está bajo el dominio del Ouroboros. "El ego naciente se vuelve consciente de las cualidades de placer-dolor, ... en consecuencia, el mundo se vuelve ambivalente para él.... Ese mundo experimentado es el mundo del matriarcado de J. J. Bachofen, con sus diosas de la maternidad y del destino" (Neumann, 1968:47)

"La madre devoradora y malvada, y la madre dadora y bondadosa son dos aspectos de la gran Diosa Madre ourobórica que reina en ese nivel psíquico. (...) En ese estadio la consciencia no logra aún encontrar un punto de apoyo firme en medio del diluvio del ser inconsciente" (Neumann, 1968:48).

"Eso explica por qué las culturas de la Madre Diosa y sus mitologías están íntimamente relacionadas con la fertilidad y el crecimiento y, en particular, con la agricultura.. (...) Este estadio de desarrollo es regido por la imagen de la Diosa Madre con el Niño Divino... Sin embargo, ese niño sufre el mismo destino del amante adolescente que le sucede: muere. Su sacrificio, muerte y resurrección son el punto central de cultos rituales primitivos de la humanidad..., el niño es asociado al ritmo anual de la vegetación... En una fase en que la conciencia comienza a obtener su auto-conciencia... la preponderancia del ouroboros maternal se torna trágicamente funesta para ese ego" (Neumann, 1968:49-51).

"El reflejo de ese estadio inicial de la conciencia en su relación con el inconsciente es encontrado en la mitología de la Madre Diosa y de su vínculo con el hijo amante...". La gran Madre Diosa es ambivalente: "no son apenas divinidades que alimentan, tejen, dan y conservan la vida, sino también diosas de la avidez de sangre y de lo salvaje.... Sin embargo, están subordinados a un sentido más elevado de la naturaleza, que es el sentido de la fecundidad". "Podemos distinguir varias fases en la relación del amante adolescente con la Gran Madre. La más antigua se caracteriza por la rendición natural al destino, a la supremacía de los poderes representados por la madre u ouroboros....; la masculinidad y la conciencia aún no poseen autonomía ..." (...) En el nivel siguiente, "el temor del adolescente lleva a la fuga y a la resistencia bajo diferentes formas..., la actitud de desafio, el rehusarse a amar lleva, no obstante, a lo que la Madre Terrible desea, o sea, el ofrecimiento del falo (la auto-castración)" (Neumann, 1968: 52 -78).

"Esa fragmentación se revela después en el motivo de los hermanos gemelos hostiles, o motivo arquetípico de la autodivisión.... Este motivo surge cuando el elemento masculino se separa, mediante la autodivisión, en elemento autodestructivo-asesino, de un lado, y de otro, elemento positivo-creador, llegando a la autoconciencia"."En el comienzo de ese ritual, sucede cada año la muerte del rey adolescente de la fecundidad, cuyo cadaver es despedazado y esparcido por los campos... Posteriormente, cuando el matriarcado se transformó en patriarcado,.... el rey permanecía vivo, una vez que el animal o ser humano sustituto ... volvía su muerte innecesaria" (Neumann, 1968: 83-85).

La separación de los Padres Primordiales : Corresponde al surgimiento de los opuestos. "La separación de los Padres del Mundo, la división entre los opuestos a partir de la unidad, la creación del cielo y de la tierra, del encima y del abajo, del día y de la noche, de la luz y de las tinieblas, el acto que es un crimen y un pecado.... Es creencia común de los pueblos primitivos que el cielo y la tierra estaban originalmente unidos uno al otro... (...) Volvemos varias veces al símbolo básico, la luz, que está en el centro de los mitos de creación" (Neumann, 1968: 87-88).

"Esta luz, símbolo de la conciencia y de la iluminación, es el principal objeto de las cosmogonías de todos los pueblos. En consecuencia, en las leyendas de creación de prácticamente todos los pueblos y religiones, el proceso de creación se halla fundido con el surgimiento de la luz... Ese acto de cognición y de discriminación consciente, divide el mundo en opuestos...". El desarrollo tanto externo como interno "de la cultura humana tiene inicio con el surgimiento de la luz y la separación de los Padres del Mundo" (Neumann, 1968: 88-91).

"El hombre primitivo se encuentra en la misma situación del niño pequeño y el recién nacido: su cuerpo y su 'interior' son parte de un mundo extraño... Por medio del acto heroico de la creación del mundo y de la división entre opuestos, el ego sale del círculo mágico del ouroboros y entra en un estado que siente como soledad y discordia interna. Con el surgimiento del ego, la situación paradisíaca es abolida... La ruptura del estado ourobórico inicial... lleva a la división de la constitución hermafrodita y a la separación del mundo en sujeto y objeto, dentro y fuera, y también al surgimiento del bien y del mal... La superación del ego como síntoma de la inmadurez de la conciencia es compensada por la depresión autodestructiva... siendo todo eso síntomas característicos de la pubertad" (Neumann, 1968: 92-100).

miércoles, 23 de septiembre de 2009

El Mito Poético y la Diosa Blanca (continuación)


Segunda parte de la charla introductoria dictada por Edgar Vidaurre en el Centro de Estudios Junguianos de Venezuela para el seminario: El mito poético y la Diosa Blanca
II
“No salgas de ti, retorna a ti mismo,
en el interior del hombre habita la verdad;
y si encontraras Transfigurada tu naturaleza,
trascenderías tú mismo también …”

San Agustín
De vera religióne.*39

En estas charlas, hablaremos como dijimos, de una manera muy pura, libre y estrictamente personal sobre la poesía (palabra y música) como manifestaciones del alma y como vía válida para llegar a su verdad. Hemos tomado como hilo conductor en esta segunda parte de la charla inicial, lo aprehendido en la cercanía de la que considero mi madre poética y mentora: la poeta Elizabeth Schön; por lo que hemos tomado casi textualmente consideraciones que hemos venido elaborando a lo largo de los años sobre su poética, y sobre todo, acogiéndonos a nuestro sentir personal del poeta en cuanto a un ser místico. Y cuando decimos místico, lo hacemos bajo la premisa de que para crear (y el poeta es un creador) lo primero que debe hacer es enamorarse de lo trascendente. Pero enamorarse de lo trascendente no es suficiente para ser creador… se debe penetrar hasta el centro, recorrer el camino de entrada para llegar a lo más hondo para luego regresar transformados a la luz… citando una auto-entrevista del año 1993 sobre el fenómeno poético decía que “enamorarse de lo trascendente no es suficiente… hay que dejar que esa entidad superior nos posea, incluso que nos penetre…. cuando se trata del alma, sólo el hombre que ha sido traspasado por "Ella" hasta confundirse en ese "Ella" que acepta la penetración por Dios, el amor, o cualquier ente superior que lo transcienda, será un creador, y eso es lo que constituye a un poeta y su esencialidad”

Se debe sufrir de una manera totalizadora el proceso de transmutación espiritual para constituir ese esfuerzo en lenguaje que integre la visión inicial. El creador, en este caso el poeta, a través de su esfuerzo hará que los frutos del alma se manifiesten. Es la perfecta vinculación y Asociación de aquellos elementos que se encuentran en lo más hondo del alma y que a través del proceso creativo salen a la conciencia con consistencia real y permanente. Sin embargo, como paso previo al despliegue de lo creado por el hombre, debe producirse ese tornar a sí mismo, mirar lo más hondo de sí en donde están en estado de pureza los elementos abarcantes, totalizantes y vinculantes del alma universal… es ese proceso de construir y asumir nuestra individualidad, con el solo propósito de llevar a la conciencia la sensación de que pertenecemos a una totalidad. En este estado, y aunque hemos dicho que en esta parte de la charla inicial, explicaríamos puramente la representación del alma a través de la poesía, no podemos menos que asombrarnos ante la repetición exacta en este proceso creador, del proceso de transmutación espiritual revelado por Jung, y aunque el mismo maestro en sus conversaciones con Mirecea Eliade (quien aseveraba que Jung no pretendía hacer ni teología ni filosofía de la religión) nos decía: “Yo soy un psicólogo. No me ocupo de lo que trasciende el contenido psicológico de la experiencia humana. Ni siquiera me planteo el problema de saber si es posible semejante trascendencia, pues en todos los casos lo transpsicológico ya no es asunto del psicólogo. Ahora bien, en el plano psicológico, me enfrento con experiencias religiosas que poseen una estructura y un simbolismo susceptibles de ser interpretados. Yo considero que la experiencia religiosa es real, es verdadera. Compruebo que semejantes experiencias pueden «salvar» el alma, pueden acelerar su integración e instaurar el equilibrio espiritual”, no podemos menos que extrapolar aquí lo religioso con lo poético. Es por ello que hemos querido por razones de resonancia traer el epígrafe del santo-poeta. Y así nos devela San Agustín la Conciencia. Ese acto sagrado de íntima pureza, ese replegarse sobre sí mismo: reflexión interior, cuya mejor expresión (la del Alma) es inicialmente el silencio. La conciencia es entonces el reconocimiento de la interioridad espiritual como camino privilegiado de acceso a la propia realidad del alma. No se trata en este caso de una separación o división entre el hombre y el mundo. Se trata más bien del hombre que transido de mundo, retorna a sí mismo para buscar la unión, la totalidad. Relación que también en este caso establece el alma consigo misma, como cualidad intrínseca al hombre que deviene interior o espiritual y por la cual puede conocer de otro modo, de un modo inmediato. Después y sobre ese espacio continente llamado silencio, advendrá el sonido, la palabra.

Es entonces ese camino de acceso a nuestra realidad más íntima, camino que recorremos a través de una experiencia interior y la reflexión acerca de esa interioridad, lo que se plantea en relación a la poesía como vía válida para llegar al centro del alma, para ser puestas de manifiesto a través de lo que las antiguas tradiciones del mito poético celta llamó las Representaciones del Alma Esencial.

Será además el poeta de los sonidos, con la música, quien realizará el logro más abstracto de representar esos arquetipos universales de la creación a través del despliegue sonoro. El canto como manifestación musical, traería la evidencia sonora a los sentidos del hombre y por ello ese canto estaría sujeto al acaecer del tiempo, a la temporalidad rítmica que rige y determina. Las teologías Celtas y Orientales, que también consideran la dualidad cuerpo-alma del hombre y la impureza que esta mezcla determina, sometían el proceso de purificación a la temporalidad cíclica, circular de la reencarnación y sus cantos sagrados estarían también sujetos a un poderoso influjo rítmico palpitante. Los instrumentos que acompañan su clamor simbolizarán aquella dualidad (la percusión sobre la piel de los animales marcando el ritmo cesante de nuestra carnalidad y los instrumentos por donde pasa el viento como el espíritu divino y su revelación melódica incesante e infinita.)

Al igual que los Celtas y los Orientales, ya los griegos se asombraron ante esta revelación. La idea pitagórica de la música, como aquella representación del orden divino que rige tanto a nuestra alma como a ese universo; o dicho de otro modo, aquella combinación sensible y sonora, que al contener la relación numérica del orden universal, nos lleva al conocimiento o más bien al RECONOCIMIENTO del origen de nuestra alma y de su concierto con el resto de las cosas que están sujetas a esa ley formal universal.

Citando un ensayo sobre el alma humana y universo, decíamos que El pitagorismo, a más de haber traído desde el oriente, la noción de la transmigración de las almas (es decir, aquella otra parte trascendente de nuestra condición humana, y que se contrapone a nuestra fugaz y contingente corporalidad) y el de la música de las esferas, nos reveló el más asombroso conocimiento: La estructura armónica, La Armonía. El descubrimiento de la relación 3:4:5, que constituye el acorde perfecto, y el placer de las almas humanas al percibir dicha relación, tendría un carácter de revelación divina, el reconocimiento intuitivo e inconsciente de haberse conectado con la ley divina que organiza el universo. Nuestra alma procedente de las regiones celestes, al percibir a través del aire, la música y su relación armónica, se transportaría a su lugar de origen, la instauración de un recuerdo con carácter de éxtasis y embriaguez; música por supuesto danzada, seguida por todo nuestro cuerpo, haciéndonos salir del encierro de la carne, del encierro del instante, del aquí, del ahora, y literalmente endiosarse. A este proceso arrebatado que conlleva la disolución del Yo, del Ego, le sigue y contrapone el de la serenidad y la templanza que produce el equilibrio armónico. La armonía pues, es la expresión o representación si se quiere, de la ley básica del universo, que traducida a través de la música, nos conduce a un estado de ánimo que ya no será individual ni momentáneo, sino consecuencia de nuestro encuentro e identificación con el principio ordenador del mundo. Música de las esferas y armonía universal. Los planetas engastados en sus respectivas esferas, midiendo las distancias entre sí, emiten una suave armonía inaudible, pues es algo más que sonido; o tal vez porque oímos de otro modo, a esa música no perecedera que es la fuente y la primera.

El poeta Jhon Keats en su Oda sobre una Urna Griega dice:

"A veces, la música imaginada es superior a la real:
Las melodías oídas son dulces, pero las no oídas
lo son más, por eso, dulces flautas, tocad;
no para el oído sencillo sino, más caro,
tocad, para los espíritus, sonsonetes sin tonos."

Thomas Mann en el Doctor Fausto dice:
"Pues escucha hasta el fin, escucha amigo: un grupo de instrumentos después de otro se retira y lo que queda, mientras la obra se desvanece en el aire, es el agudo sol de un cello, la última palabra, el último sonido que se diluye, muriendo con lentitud en un pianissimo- fermata. Luego nada más: Silencio... y noche. Pero ese tono que vibra en el silencio, que ya no está allí, el cual sólo el espíritu oye y que era la voz de duelo, no es más así. Cambia su significado, persiste y habita como una luz en la noche."

Por su parte Shelley nos regaló este hermoso poema:

La música, cuando mueren las suaves voces,
vibra en la memoria.
Los aromas, cuando enferman las dulces violetas,
viven en el sentido que ellas animan.
Los pétalos de rosa, cuando la rosa muere,
se esparcen sobre el lecho de la amada
y así tus pensamientos, cuando te hayas ido,
el propio amor lo soñará.

Wallace Stevens nos dice:

Así como mis dedos en estas teclas
hacen música, así los mismos sonidos
en mi espíritu hacen música también.
La música es entonces sentimiento y no sonido;
y tal es lo que yo siento
aquí en este cuarto, deseándote
pensando que tu seda de azuladas sombras
es música también...

Música hecha por el hombre para ser oída por los hombres y música que suena en el silencio interior de nuestra alma. Ya los orientales, en contraposición al sentido utilitario, soberbio y aislado que tiene la música en occidente, le dieron a esta última, esa connotación que la religa con el acaecer del tiempo, con el ciclo de las estaciones, con la rosa de los doce vientos, como algo sagrado y místico.

Rumi Divan-e Shams Tabriz nos lo dice así:


¡Qué maravilloso es nuestro amor, qué maravilloso es nuestro amor, oh Dios mío!
...Gracias a él podemos danzar (frente a Ti)
y no por el sonido de la flauta, ni por el golpear de manos, ni por la pandereta, ¡Oh Dios mío!
Tu mano ha perforado de tal forma la flauta de mi cuerpo que noche y día llora y se lamenta ¡Oh Dios mío! Esta pobre caña, ¿qué sabe de las gamas melódicas?
es el aliento del tocador de flauta el único que lo sabe y lo comprende ¡Oh Dios mío!
Frente a la puerta del jardín de las rosas...qué luz, ¡Oh Dios mío!

Platón concibe la creación del mundo como una canción, y en su libro, EL TIMEO, nos dice lo siguiente sobre la música y la armonía:"También la música, en cuanto emplea sonido audible, fue concebida por la armonía. Y la armonía, que tiene movimientos emparentados con las revoluciones del alma interna a nosotros, le es dada por las musas al que hace uso inteligente de ellas, cuando ésta ha perdido su armonía, ayudándole a que la restaure y ordene y esté en concordancia consigo mismo."

Yéndonos aún más allá del fenómeno sonoro cono elemento constitutivo de la creación, vemos como la expresión más acabada de la meditación de los maestros yogis Hindúes, se encuetra en la Surat Shabd Yoga, o la Yoga de la Celestial Corriente del Sonido. Esta senda espiritual que conduce hacia el interior del hombre para fundirse allí con el Absoluto, en Su estado pureza, desdoblándose hacia afuera para asumir dos atributos primarios: Luz y Sonido. Los occidentales han querido equiparar esta revelación al postulado judeo-cristiano del “Verbo” o “Palabra”, sin embargo sin ser en lo absoluto eruditos en el tema, sentimos por intiución que este camino luminoso de los sabios hindúes, abarca en su contexto una dinámica de correspondencia entre el absoluto y el hombre de connotaciones diferentes a la percepción (tal vez más estática e inalcanzable) que tiene el Verbo para las religiones, especialmente para la Judía. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Dicen nuestros evangelios cristianos. Igualmente, en los textos sagrados hindúes (en especial en los cantos védicos) encontramos reitradamente el Aum: Palabra sagrada que interpenetra simultanemanete lo físico, lo cosmico y lo fenomenológico: La tierra y el firmamento no son sino Shabd (verbo).. Sólo del Shabd nació la Luz, Sólo del Shabd surgió la creación, Shabd es el núcleo esencial en todo. Shabd es el agente directivo de Dios, la causa de toda la creación. De una manera muy cercana Los sufis através del místico Abdul Razaq Kashi nos revela que: La creación empezó a existir por el Saut (Sonido o Verbo) y del Saut se difundió toda la luz.
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Vemos pues, cómo Pitágoras, Platón, las sabios Hindúes, los místicos sufíes, los místicos occidentales, Frai Luis de León e incluso los románticos alemanes nos hablan de la naturaleza acústica del alma, que puede encontrar su resonancia en la música sonora audible hecha por el hombre, o desembocar a través del silencio, en aquella otra, cuyo ritmo se mece al compás de lo divino.
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Esta explicación poética del mundo, de su origen, de su nacimiento, no está ajena a la exigencia y a la vivencia del sacrificio. En este caso y bajo la visión totalizadora de esta explicación poética del mundo, el sacrificio tiene también dimensiones absolutas. Estaríamos hablando de un sacrificio cósmico. Vale decir que el mundo, las formas y la materia que lo compone sólo pueden existir por la gracia de la permanente e infinita transformación del Ser o energía primordial, con todas las consecuencias que este sacrificio aporta a nuestra humanidad. Esta es la gran visión que nos otorga el mito poético, su visión del origen, del mundo, de la materia, de las formas cambiantes, del mundo fenoménico, y del Ser por cuyo sacrificio se sostuvo y se sostiene, pues del sacrificio cósmico, del caos, del hundimiento del cielo, surgirá la rosa eterna ocupando espacio a nuestros ojos, desplegándose en la realidad.

Dentro de nosotros mismos, la identificación del yo con el Ser en su totalidad, sólo puede ocurrir en ese lugar imponderable, al que si no llamáramos alma, no sabríamos que nombre darle. Ya Santa Teresa de Jesús en sus “Moradas” nos revelaba que Dios y la totalidad del universo por él creado, resonaban en lo más íntimo y recóndito de nuestro propio ser: El Alma. Es allí dónde ubica a la trinidad, a las tres personas que habitan en su ser para provocar la unidad del mismo. Sólo en el alma el hombre encuentra la unidad. En el caso de los primeros poetas místicos, estos ya nos revelaban igualmente, en dónde, en qué lugar dentro de nosotros mismos se produce el entendimiento de este mecanismo dinámico, entre la esencia y la existencia, que implica la reunión en un sólo evento de todas la formas de manifestación aparentemente opuestas, entre lo físico y mental, lo positivo y lo negativo, lo masculino y lo femenino, la razón y la intuición, la altura y la profundidad, la luz y la sombra, el bien y el mal, el expirar y el inspirar, lo dinámico y lo estático, la acción y el pensamiento, la atracción y la repulsión, la existencia y la no existencia, donde lo Uno da lugar a lo múltiple y lo múltiple se disuelve finalmente en lo Uno.

Es en el Alma pues en donde se produce el entendimiento profundo de que el tiempo no existe como lo percibimos, que la verdad está fuera del tiempo, que no está en el futuro, sino en el aquí y el ahora, pues aquello que está fuera del tiempo lineal, está libre de limitaciones y las contradicciones internas; de ahí la unicidad de toda la experiencia mística, una visión que transforma todo el entendimiento y lo eleva a un nivel superior que nos enseña, que el Alma, el centro, no es un punto geométrico inamovible, que el alma también es una experiencia, la experiencia de esa búsqueda espiritual, el viaje de regreso al centro, el retorno a la casa, la vuelta al corazón central que emprendieron Ulises, Parsifal, los buscadores del Grial y como decía Eliot, viaje necesario a través de largos caminos para encontrar el lugar que nunca se ha abandonado, para verlo por primera vez.

Gracias al Alma y dentro del alma, entenderemos que el vacío que percibimos entre el arriba y el abajo, entre lo profundo y la superficie, (y por qué no entre inconsciente y consciente) ya no será “ese lugar que se produce por la pérdida de la sustancia necesaria para formar el cielo”, asimilándose así al espacio continente, al espacio materno. Se trata de una insurgencia, de una aparición, de una epifanía en la que irrumpe el Caos, el Origen, la sustancia del mundo, la Magna Mater, la Protohylé, lo que Platón llamó el Alma del Mundo, y donde se integran en disolución indiferenciada todos los opuestos. Se establece entonces y teniendo al hombre como mediador, una alianza dinámica entre esencia y existencia, entre lo manifiesto y el origen, de la única forma en que es posible hacerlo, en un lenguaje inédito y purificado por el magno silencio de los cielos, reflejados en el aquí abajo en la tierra, bajo el canto amplio y generoso que constituye lo que yo llamaría La Ética entre el Hombre y su Alma, la unidad abarcante en el alma interior, en donde el poeta -como diría el Maestro Jung- “ha extraído su visión a través de las fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que subyacen en el alma humana. Con su aislamiento y errores penosos ha penetrado en esa matriz de vida en la que todos los hombres están incrustados, la que imparte un ritmo común a toda la existencia humana y permite al individuo comunicar sus sentimientos y luchas a toda la humanidad”

El Mito Poético y la Diosa Blanca

I
Tu visión devendrá más clara
Solamente cuando mires dentro de tu corazón...
Aquel que mira afuera, sueña.
Quién mira en su interior, despierta.
C.G.Jung C.W.vol II Acerca de la psicología de la religión occidental
y de la religión oriental



Ustedes se preguntarán que hace un poeta contemporáneo hablando en la casa de los estudiosos de las ciencias del alma. Sin embargo estoy aquí con el permiso expreso del Maestro Jung cuando en su libro El hombre moderno en busca de su alma dijo que “el poeta ha extraído su visión a través de las fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que subyacen en el alma humana. Con su aislamiento y errores penosos ha penetrado en esa matriz de vida en la que todos los hombres están incrustados, la que imparte un ritmo común a toda la existencia humana y permite al individuo comunicar sus sentimientos y luchas a toda la humanidad”. Y digo ciencia con todo respeto, pues como poeta, mi admiración por Jung es infinita. Haber encontrado el camino de llegada al centro del alma como él lo hizo, es un hito para la humanidad entera, y aunque el encuentro vital de su propia alma se produjo fundamentalmente a través de la psicología como ciencia, el Maestro nunca desdeñó cualquier otra vía válida para ello y aún más, recorrió casi todos los caminos (conocidos y desconocidos) consustanciándose con todas las manifestaciones humanas que explican al mundo y al alma universal, como la Alquimia y sus símbolos, los mitos, la religión y el arte. Pero con certeza, el logro verdadero, -más que llegar al centro del alma y ver ella los elementos universales que nos constituyen- fue el de encontrar el camino de regreso para regalarnos su visión y abrir esas puertas comunicantes entre los elementos universales y nuestra conciencia. Bajo este sentir, estoy muy honrado por la invitación del Centro de Estudios Junguianos a dar estas charlas que he resumido en una visión integral del alma, como la unión dinámica de todos los fenómenos mentales -tanto conscientes como inconscientes- y el proceso de transmutación e individuación en el ser humano hacia lo trascendente, utilizando como vía regia esta vez, a la poesía y sus manifestaciones sonoras (la música y la palabra) y su revelación a través del mito de la creación, el mito poético, la imagen y los símbolos, en siete charlas principales y una charla final de cierre.


Dichas estas palabras de rigor, y como en las charlas siguientes fundamentalmente hablaré de manera muy libre, pura (y personal) sobre el fenómeno poético y musical como expresiones del alma, quisiera nombrar (y me perdonan el atrevimiento) algunos sentires sobre la influencia que el maestro Jung, ha tallado de manera indeleble en mi alma de poeta y músico, en especial sobre el centro de esta y de todas las charlas, que no es otro que El Alma.


Si bien afirmó Jung que durante y a resultas de sus investigaciones se vio obligado a establecer distinciones conceptuales entre alma y psique; siendo psique la totalidad de los fenómenos mentales tanto conscientes como inconscientes, las leyes que los rigen y sus manifestaciones, hablándonos a su vez del alma como un complejo de funciones que se pueden caracterizar bajo la denominación de "Personalidad", desde otro punto de vista pareciera haber devuelto a sus orígenes míticos y válidos el concepto Griego de "Psiquis" (ψυχής) en donde mente y alma constituyen una totalidad intrínseca en el ser humano... una intrínseca totalidad que incluyendo lo individual, se extiende hasta lo transpersonal de manera amplia y abarcante (en el caso de los griegos y por la tradición Órfica, la dualidad humana estaba constituida por cuerpo-alma). Dentro de nosotros, en el alma, según Jung (y el hermetismo) se halla también la totalidad del universo, y aunque en principio lo ignoramos, "algo" nos impulsa a la integración consciente de nuestros componentes hasta alcanzar lo trascendente. El estadio correspondiente a la obtención y consustanciación de y con el Espíritu como logro del ser humano, fue denominado por Jung "Individuación”. Siendo así, cabe preguntarse ¿es Alma sinónimo de Espíritu? Según la filosofía hermética (y Jung fue un hermetista) El Alma, del latín "Anima", no ha perdido su condición animal, y no es por tanto Espíritu (del griego ánimus άνεμος) pero sí un primer paso hacia lo sutilizado desde la materia que nos constituye y a partir de la cual podemos obtener diversos grados de trasmutación, paso por cierto nada intrascendente. Nuevamente nos preguntamos bajo el concepto de alma explicitado por Jung bajo la nominación de "Personalidad" ¿qué es la personalidad Junguiana?, ¿en qué consiste? ¿qué es la psiquis para Jung?: de manera por demás atrevida, y de lo sentido en las lecturas del maestro, diríamos que La Personalidad es la unificación, el abrazo de todo pensamiento, sentimiento y conducta tanto consciente como inconsciente, la guía que regula y adapta a cada individuo a su ambiente externo, las energías que la activan y su distribución entre los diversos componentes de la misma y cuyos cambios tienen lugar dentro del transcurso de la vida del ser humano. Podríamos afirmar que la Personalidad es aquello a partir de lo cual nos convertimos en "Personas". La Persona no es en este caso un conglomerado de partes añadidas por aprendizajes o experiencias, sino la recuperación de una totalidad originaria. No lucha el hombre para integrarse… ya posee la integración, nació con ella. Lo que debe hacer es desarrollarla hasta el máximo grado de coherencia y armonía. El logro de una especie de psico-síntesis...


Nos sentimos tentados a continuar diciendo....qué "a diferencia de los animales" (como si no fuésemos nosotros mismos animales ¿les suena el fonema ánima?), el hombre tiene el extraordinario poder de concebirse y construirse a sí mismo y de cambiar también al mundo que le rodea, pues al fin y al cabo, el mundo es como es "porque el hombre lo ha concebido así". Respondiendo al principio de correspondencia (Kybalion) porta el hombre el extraordinario poder de hacer realidad aquello que sucede "en nuestro arriba": las simples ideas de nuestra mente finita correspondiendo al reflejo de un Orden Universal e Infinito constituyendo síntesis idénticas, difiriendo apenas en su grado de "manifestación". Manifestando en el "abajo", dentro del plano de nuestra realidad material y "Creando" y reflejando ése mismo orden Celeste o creando a partir de una idea sutil en nuestra mente algo tangible, comprobable ya sea en el plano físico, en el mental o en el espiritual. Esta dinámica hará posible el cambio de un estado de consciencia a otro a voluntad. La mente como una otra cualquiera manifestación emanada a partir de lo Divino creado a partir de su sí mismo (Dios, Creador o simplemente Ser). En otras palabras nos remitimos a plantear la mente como cualquier otro objeto creado a partir de las emanaciones surgidas según el nivel vibracional de lo "creante". En consecuencia planteamos su necesidad (la de la mente) o compulsión a convertirse en su esencia definitiva, a su casi obligatoriedad de transcurrir de un acontecer transmutante a otra transmutación. La filosofía hermética junto a sus otras ciencias aledañas, no sólo aportan conocimientos al intelecto, sino que tienen además la cualidad inherente de transmutar, de cambiar al buscador a medida que se adentra en éstos conocimientos. Esa es la verdadera esencia de la filosofía hermética, de la auténtica Alquimia Espiritual: aquella que nos permite reconciliar los opuestos dentro de nosotros mismos, tal y como lo planteo Jung. Las enseñanzas herméticas nos dicen que el hombre puede construir a través de las creaciones mentales.... allí donde no necesitamos ningún tipo de material, herramientas o utensilios, donde la idea permanece pura y perfecta antes de manifestarse en la materia. Aún en lo social, tras cada manifestación en la que exista "un orden" está detrás la mente humana. El ser humano siempre ha tratado de vivir dentro de un orden contrario al caos. Cuando no existe un orden, es imposible la evolución: la social, la cultural, aún la humana, teniendo la capacidad incluso de auto destruirse. Pero la mente así como cualquier otro metal y demás elementos, puede ser trasmutada de estado en estado, de grado en grado, de condición a condición, de vibración en vibración: "La verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental" (El Kybalion). El concepto de trasmutación mental que nos propone la filosofía hermética (en consecuencia la Junguiana) es la de asumir conscientemente expansiones y aberturas que nos lleven a la integración de qué y quienes somos, que nos eleven al encuentro de nuestros verdaderos y compartidos sí mismos… paso a paso, crisol a crisol.


Jung, se dio a sí mismo una profunda mirada interior para ver, para despertar (aunque el sueño fue contradictoriamente la vía principal), y aunque como dijimos, transitó durante largos años por los caminos de la Alquimia y sus símbolos, la religión y el arte, de manera inicial y al igual que los antiguos poetas, salió en busca del Mito como explicación válida y total del mundo, como el sustrato más hondo de sí mismo y al mismo tiempo universal para vincularse a lo trascendente, empezando por el mito primario, El Mito de la Creación, pues este no es otra cosa que la búsqueda del origen: la creación es origen. De manera permanente y simultánea, los seres humanos somos creadores y creación; el origen, el punto de inicio, es único y común para todo lo creado y es allí, donde la vinculación se hace patente… somos apenas una instancia de la transformación, del sacrificio del Ser. No existe la unión de opuestos ni contrarios, pues los opuestos no existen... en el mejor de los casos (para no hablar de la capacidad desintegradora del hombre) estos son una ilusión. En consecuencia, no existe un movimiento perpetuo de creación-destrucción en donde ambos eventos se suceden permanentemente. Existe un solo y único evento: La Transformación.


Con esta revelación y para terminar la primera parte de la charla inicial, podríamos añadir nuestro asombro y nuestra interpretación (igualmente muy libre y personal) de lo dicho por el Maestro Jung sobre El Sacrificio en su libro Transformaciones y Símbolos de la Libido, como elemento primordial en los procesos de metamorfosis y transformación. Los símbolos del incesto, separación, sacrificio y diferenciación, son reinterpretados de una manera extraordinaria como el proceso indispensable del ser humano para alcanzar la conciencia total. Para ello es necesario enamorarse del origen, salir en la busca del origen perdido, que en este caso es la madre universal. Dicho en otras palabras ir en busca enamorada del origen es incesto, (aunque sea en términos simbólicos un incesto universal). Vincularse con aquello que nos originó, que nos creo. Pero en este caso se trata precisamente del hecho restitutorio de aquello que perdimos con la primera separación, de la diferenciación de la consciencia individual del hombre que se siente inicialmente desvinculada de esa madre universal. El segundo paso para re-vincularse con esa madre universal que debe dar el ser humano, es el diferenciarse de la fuerza activa, del Padre Universal, una especie de Caín a la manera poética como lo describe Luc Estang, en su libro “Le Jour de Caïn” o “El día de Caín”: Caín es hombre desprendido de su madre inicialmente y posteriormente de su padre. El primer errante en busca de tierra fértil y el primer constructor de ciudades, es también el hombre señalado por Dios para que no lo maten. Es en definitiva el primer hombre que se aleja de la presencia de Dios y anda sin fin hacia el sol naciente, hacia nuevas auroras. La aventura es de una grandeza sin par, la del hombre librado a sí mismo, asumiendo valientemente todo el riesgo de la existencia y la consecuencia de sus actos. Caín es el símbolo de la auténtica naturaleza humana en sí misma y en toda su expresión. Es así, que desprendido de la madre y rompiendo con el padre (matando simbólicamente la figura arquetípica de ambos), el ser humano puede alcanzar aquello totalizador que trasciende a estas figuras. Al contrario de Sigmund Freud, para Jung el asesinato simbólico del padre no constituía un aspecto destructivo impulsado por la Libido en el contexto de la rivalidad y el odio hacia éste, sino una ruptura previa, indispensable, imperiosa y a la vez constructiva de individualizarse de constituirse a sí mismo para ver, entender y colmar la necesidad del retorno al origen bajo la figura extraordinaria de la Resurrección o el nuevo nacimiento, de entrar una vez más al seno de la Madre para ser dado a luz nuevamente por ella, y mantenerse ligado, esta vez conscientemente a esa fuerza nutricia incomparable. Curiosamente esta revelación le costó a Jung, el rompimiento con el padre que lo iniciara en el camino hacia el alma humana a través de la psicología, pero en contrapartida lo puso frente a frente con la experiencia y el encuentro directo y definitivo con su propia alma y el Alma Universal


Este proceso de diferenciación y separación inicial, es el primer paso a la integración en la consciencia de los sustratos universales (incluyendo al bien y al mal, a la sombra y a la luz) y esto no se logra sin dolor y sacrificio. Por último, no podemos dejar de decir que la representación de estos aspectos simbólicos en el mito de Edipo, alcanzan realmente una magnitud dramática cuando este queda ciego, es decir cuando dirige su mirada hacia adentro, cuando prescinde de ver el afuera para experimentar lo que llamamos “la mirada interior”. La transformación es entonces sacrificio y así nos lo revela el Maestro Jung: No hay llegada al consciente sin dolor.
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Primera parte de la charla introductoria dictada por Edgar Vidaurre en el Centro de Estudios Junguianos de Venezuela para el seminario: El mito poético y la Diosa Blanca... agradezco prufundamente a mi hermana Ruth por su aporte, ayuda y colaboración con esta charla

domingo, 19 de julio de 2009

18 lecturas del poemario PANAYIA...


Primera Lectura

Su mirada. Siete años la esperó tercamente, fundido en la yunta del arado, con los ojos llenos de tierra, buscando una semilla parecida a este dolor en el costado. Regresaba destrozado, la boca arrasada por la sal y la herida del viento del verano en las espaldas. Cada amanecer caminaba hacia el oriente, ciego el corazón. Las manos levantando la tierra, más allá de ella misma, más allá de Dios. Tras de sí la muerte de un árbol, donde duerme El favorito del cielo.

Segunda lectura

Había conquistado el fuego. Añadido a tu tierra sagrada los frutos de su propio amor, cuando le dabas la espalda. Su otra muerte, la pura, la clara. Cómo es posible que se adelantara a tu designio?. La ofrenda y el atributo que le otorga tu rechazo. Después le fue difícil el camino. No le queda ya sino ese cuerpo que pertenece a la tierra y un único latido de sangre en el pecho. Tal vez un ardiente verano le traiga de nuevo tu lluvia nupcial. Una ventana abierta al corazón de las islas, para hacerle de nuevo la vida soportable.

Tercera lectura
Esa era su ofrenda. El sacrificio de su sacrificio. Mírame las manos le decía. Están así de ayuntar con ella, arrancándole oscuridad para buscar su verdadero corazón -Un corazón blando y húmedo- Así él se hizo su dueño. Por su amor fue “él mismo”, su propia respiración, su propio paso. Desprendido de ti, la buscará para amarla en la ciudad de los sauces, lejos de su centro, asomándose para escuchar el canto de la tierra y comprender la belleza. Mas ahora sólo hay ese silencio donde arden las manzanas. Es el viento del este, que sube por los costados del cuerpo, anunciando su inminencia.


Cuarta lectura

Había iniciado el viaje montaña arriba, hacia el cielo. En medio de la oscuridad del mundo, su boca iluminando una acción de gracias en el altar de los perfumes, los siete brazos y la pequeña mesa con los panes. Ella le decía: “Se ha abierto el secreto del mundo. Que tu secreto se vaya también con el viento”. Y así era el misterio. Porque la verdad es una piedra negra cuya sombra nos empuja cada vez más hacia abajo. Hacia las aguas de la vida.

Quinta lectura

Perdieron las casas de la vida. Aun así, ese hombre ponía los cimientos del cielo en la tierra. Luego la vio cerrar los ojos en medio de una danza apasionada y marcharse hacia el centro. Él la buscaba con el cuerpo ávido. La llamaba por su nombre pero ella no venía. La soledad era entonces su piedra angular. Una nueva casa fundada sobre esas aguas, las primeras. Y para no morir, la pobreza del cielo. El corazón de una espiga esparcido sobre el último verano.

Sexta lectura

Un pecho vacío. Un pecho del tamaño del último cielo. Ahí pusiste tu piedra angular, ahí donde se inicia la liturgia de todos los veranos. Él ungía con aceite su cuerpo. Una tarde conmovida y la nostalgia de los hombres levantada por una rama-del-agua-de-la-roca. Ella nos dice que volveremos a las aguas para surgir purificados de nuevo a la belleza de la tierra. Pero la belleza es aun una niña dormida en la noche de Dios. Será con el retorno de la luz cuando despierte, para buscar refugio en tu pecho que para siempre la espera. Un pecho del tamaño del último cielo.

Séptima lectura

Ahora la miramos en un ritual vivo. “La magna rosa siempre estuvo aquí, a tu costado sumergida en lo profundo del sueño. Tuya y desconocida”. Ella me devuelve la mirada, hija del mar del paraíso. Ya no hay remordimientos para el amante de los perfumes. Sólo esta roca y el agua de la roca. Luego el vino, la gloria del cielo y en la tierra, esta pasión... para los hombres que la aman.

Octava lectura

Nombro a tu espíritu que es un árbol. Un árbol inclinado porque le pesa su carga a la estación. Susurrando tu nombre ella te pide que vuelvas los ojos al vacío, que lo contemples, que confíes en él: “Ese hombre viejo que pasa la noche dormido debajo del árbol”. De su boca sale un niño con el pecho en forma de cúpula azul, los ojos que se abren otra vez con el dolor de la resurrección. Una gota de sal dentro del alma y el recuerdo de mi otra vida, la profunda, la sumergida. Esperando serenamente que esa orden, esa herida, perfore mi corazón con un golpe de luz.

Novena lectura

¡Amor mío!, es el manzano el que agita sus ramas esparciendo el polvo de vínculos recién brotados. Bajo su sombra, él la sueña en lo más hondo de sí. Con los ojos cerrados, es traspasado por “ella” hasta confundirse en ese “ella” que acepta tu entrada, tu visita; aquella joven desprendida que lo mira. Y así conoció el secreto: Una clara lluvia nupcial en lo más hondo de sí, en el último centro, donde todo ocurre. Pero no sólo eres tú alma mía, sino mi espíritu quien llega sonriendo al mes de abril acariciando el dorso de una higuera. Si él pudiera describir la soledad, diría la luz y una piedra negra: Una estrella en el costado del alma, una estrella en el costado del espíritu y en los flancos del cuerpo una flor tatuada con sal en forma de estrella. Si le tocara describir la pasión, escogería la mirada: El remordimiento pendiendo de una rama y la totalidad de un hombre –alma-carne-espíritu-. Mas no era un acto de obediencia lo que anunciaba su fuerza. Era otra cosa: llevar a los labios encendidos, el corazón oscuro de los frutos.


Décima lectura

Cuando vuelvan las lluvias, se habrá cumplido el milagro de la retama. A la sombra de una muchacha ha convertido el verano en aroma maduro, pobre, como la tierra que lo posee... todo. Y así descendía él posando el pié en su corazón profundo. Él, que hace más grave su soledad, con las manos llenas de viento, los ojos cerrados por un dolor sobrenatural. Soñando bosques de llantos. Y esas aguas que siempre lo retienen.
Décima primera lectura

Cerca de mí el pensamiento y el silencio. “No abras los ojos” le decía. El nombre del amor es una roja soledad, es el jazmín o la retama con el deseo en alto, y está soñando. No todo ha pasado. Queda la sombra y el próximo verano. El secreto de la lluvia sin caer:“un secreto envuelto en silencio”. La noche que está esperando unos pasos para susurrarlo en el lado izquierdo de su trenza. Yo cierro los ojos. Muy cerca de mí la música de su nombre.

Décima segunda lectura

“El loto azul en lo alto de la noche...La lluvia que siempre retorna y el sagrado silencio. El día se acaba María. Queda apenas el aroma, lo entreabierto. Una guirnalda en el cuello de tu alma. ¿ No habrá lugar para ti, aquí donde has nacido? Lo ausente nos abraza con dolorosa persistencia a pesar de lo extenso de las aguas. Mas ella ignora que su lugar ha estado siempre allí, en el susurro del viento del sur, en la belleza de los jardines estivales. ¡Cuánto has tardado en volver. Cuánto has tardado! Mientras espera la estación de las lluvias, más allá del esplendor, en lo alto de la noche, su corazón callado ... como una flor.


Décima tercera lectura

Queda la sombra y el último verano. Ella abre los ojos. Una lluvia que nunca ha dejado de ser río, mar. La frágil luz vehemente como el apetito. Pero la miel es más que el deseo y la noche más grande que el olvido. Él siempre ha estado allí, como esa única línea trémula. En la noche que lo borra todo.

Décima cuarta lectura

La piel ha sido siempre tierra, su sudor y sus humores. Y estamos aquí llenos de regresos y de esperas. Pero quién puede negar la belleza? Ella le daba la espalda al verano. En el jardín sin escuchar el susurro de la noche del lado izquierdo de su trenza. Acaso alguien ha jurado? Acaso hay canto que pueda romper este silencio? La ilusión siempre afuera. Adentro: el alma. Más allá del polvo y la minucia. Del sudor, la piel y los humores.

Décima quinta lectura

La vi bajar el rostro hacia el centro. Las manos, apenas de niña adosadas al telar: Un árbol de luz aferrado a la tierra. Si fuéramos de este mundo, el mundo nos amaría, le decían. Aun así, encendida, con esa blanca lluvia de verano tan amada, nos da la púrpura que corre inocente hacia el cuerpo de nuestra vida. Yo la veía bajar el rostro hacia mi centro. Entendía entonces que el vacío tiene rostro de mujer cuando el deseo es santo.


Décima sexta lectura

Una mujer, en silencio, con el rostro negro, sentada allí mirando a su hijo recién nacido bajo el misterio de la sangre y la santidad de su vínculo con la tierra. He aquí ahora a este hijo, con los brazos en actitud de sacrificio, ofrendándose a sí mismo, negándose a sí mismo para perder “Su vida” y encontrar “ La vida”. Una mujer, en silencio, con el rostro negro, sentada allí mirando a sus hijos. La que escucha sus lamentos, la portadora de Dios.


Décima séptima lectura

Ella era el punto de encuentro entre la tierra y el cielo, la que te abrazaba cuando nacías y te abrazaba cuando morías, derramando caridad sobre tu cabeza. Habían levantado un templo en su nombre que se asomaba a las aguas del océano, frente a la isla de las mujeres. Mas para ellos era imposible ascender allí por propios medios. Sólo una rama del cielo pendiendo hacia la mano del hombre, hacía que ascenso y descenso sellaran un vínculo vivo de correspondencia. Entonces buscabas el rostro de aquella que era el punto de encuentro entre la tierra y el cielo. La que escucha los gritos del mundo, invocándola con los ojos cerrados, sin saber que sólo se mostraría cuando fueras capaz de ver el rostro de las aguas.

Décima octava lectura

“ No te aferres a mí”, le decía. Fue en el borde, en la orilla. Desde allí se veía un árbol inclinado hacia el mar. A partir de entonces el mundo entero entró en estado de resurrección. Ella encendió la lámpara y el recuerdo de mi otra vida, la profunda, la sumergida, y me susurraba queda:” Yo te rindo toda mi ofrenda, yo soy la ofrenda”. No tenía entonces yo otro sueño y así conocí mi cuerpo: allí, donde tú eras la vida y yo era tu caliz.


lunes, 8 de junio de 2009

Poemas de La resurrección de los frutos...


Amor mío es el manzano quién agita sus ramas
Esparciendo el polvo de vínculos recién brotados
A la hora en que el mar es una mujer
Abrazo un recuerdo de brisa que me inclina al sur
Nadadora de almas
Hoy se encontró con mi sueño



Cortando el horizonte
Aquella flor inclinada me grita
Con el sonido de los sueños
Y este cuerpo donde el deseo
Se ha convertido en hojas




Sus manos apaciguando la tempestad...
Una mujer poseída por el amor

- No será con brillo ni con ruido
Ocurra lo que ocurra día y noche
Tal es tu exigencia
Esta súplica infinita




Soñé con la belleza
Una puerta se abría y yo cerraba los ojos
Entonces vi la melodía de las lluvias
Y tus manos me daban el alimento de la vida




Una flor luminosa
Se abre en el abismo del tiempo
Intuyo tu rostro en el perfume de su sangre
Esa ilusión que brilla siempre
Como el hambre que despierta tu perla desnuda




Ebrio de soledad
Me agarro de una estrella para no caer
Estiro los brazos hacia el sueño
Donde el amor me mira con las alas entre abiertas


Engastada en la noche una flor blanca
Abre su perfume
Y este filo ebrio que acosa y que delira




Sobre un risco oscuro
En su propio jugo se ha cocido
Un estremecimiento en el umbral del encuentro
Y la mujer que lloverá sobre mi pecho




Viajará sobre un mar nocturno
Amante del color de la locura
Desde esa altura apacentará las lágrimas
De una mujer que se marchita
En la encrucijada de los vínculos
Como el amor como la sangre
Nimbaba de luz sobre los hombros
Sostienes en la mano una copa llena de valentía
Esperando sentir sobre los ojos
Un soplo de sol



Dormiré en el lago origen de todos los cantos
Amada sombra de los sueños
Donde no llegan las voces del mar
Ungida por un soplo de soledad
Te entregaste desnuda al clamor de las hojas
Oh amiga del polen de mi rosa
Se debe soportar la belleza
Con una pasión inmaculada
Como los iniciados del paraíso

sábado, 6 de junio de 2009

Poemas de El lamento de Ariadna

I

Todo lo que para ti es cielo y viento
Se hace piedra aquí adentro

Una gran sombra
Salvo ese último rincón
Donde están mis manos
Y mi corazón

Una inclinación
Una puerta cerrada
Una inquietud por escuchar
Aquella rama en el viento que quiere florecer

Florecer es entregarse a la luz
“Mas yo debo madurar
Y eso es sufrir y ser oscura”



II

Apartada
Separada de la luz

Aquí todo es amplitud
Y el rostro del deseo
Como una imagen de piedra sobre el vacío

Camino a tientas tocando este lado del muro
El ojo de la cerradura
Lo oscuro de esta puerta
Y el eterno corazón de su hondura

Nadie se atrevería a forzarla
Nadie de adentro
Nadie de afuera

En mi sueño él
Tan ilimitado
Transformándose
Como un árbol en la noche



III

Me asomo a la ventana
Envuelta por el viento
Apenas los ojos en el borde
“Y un poco más de mi misma
Incluso mis manos leves”
Sobre esta casa de agua
En esta estancia de la que soy la dueña

Una ofrenda tierna y abierta
Como el interior de una fruta



IV

Tú jamás lograrás verme
Porque no te has visto

En esta estancia donde estoy oculta

No te tocaré
Sólo te iluminaré

Amarte con los ojos
Creer que va a ser mía
Toda la seducción de tu boca
Aún no sonreída

Y entregarme a todo esto
A todas estas cosas



V

Dame de beber…

Entonces yo estiraba mis dedos húmedos
Hacia tu boca

Tú apartas los ojos
Y miras hacia el muro
Con una de tus manos
Agarrando fuertemente la mía

Un rostro hendido contra el fuego
Para purificar la mirada
Para abrir esta puerta abandonada

¿Quién se atreverá a atravesar la noche?
Tú…tú te atreverías

lunes, 30 de marzo de 2009

El Adagio Cantabile de Beethoven...


Esta nota se encuentra escrita al margen de uno de los borradores del Adagio Cantabile de la sonata No 8 Op. 13 Patética de Beethoven...

He cruzado las tormentas para llegar hasta aquí…ese es el precio. En este espacio lleno de unción me encuentro conteniendo a mi propio corazón, pues en ese oponerse, en esa lucha por lo que agobia a través del desamparo, hemos llegado indemnes. No nos hemos consumido. Pero es aquí sin embargo en esta llama suave y tenue donde hemos de consumirnos a voluntad…con una voluntad con solo puede mover el amor y mientras nos consumimos hemos de cantar…de orar. La música, sólo la música y me fe obstinada. Eso es lo que tengo. Te ofrezco pues esa fe ahora mansificada en este canto, lejos de la razón, pues lo propio de ella es comenzar donde la razón termina. He aquí pues mi corazón…un secreto pero intenso movimiento se hace sentir para después difuminarse sin traicionar su origen.

Despedida de Tagore...


Despedida que el poeta Rabindranath Tagore leyó a los niños de la escuela de Santiniketan de la India pocos días antes de su muerte el 5 de agosto de 1941.

En la creación de Dios, nada tiene fin. Todo lo que es verdadero, permanece. En el jardín de Dios, la flor abre y se mustia, pero cuando se mustia no es que se acaba; florece otra y otra vez. Las estaciones vienen, se van y vuelven, y en su sucesión está la verdad. Así todas las relaciones reales, las felicidades ciertas, son continuas, no pasajeras. En su sucesión no cesan verdaderamente.

Las obras del hombre tienen el estigma de la muerte que tienen porque la mayor parte de nuestras actividades carecen de sentido y porque nuestras energías las empleamos en abastecernos de cosas y placeres sin eternidad en el fondo. Por eso intentamos dar a todo, a fuerza de añadiduras, un aspecto de permanencia. El hombre ansioso de prolongar el placer, intenta sólo sumar, y tememos detenernos por miedo de que algún día todo termine.A la verdad es a la que no le importa ser pequeña ni llegar a un fin, como un poema, que no por terminado está muerto, y no porque ese poema esté compuesto de versos infinitos, pues si eso fuera así, sabríamos que el poema no era verdad. El verdadero poema sabe cuando concluir; se ha cogido a algún ideal permanente del hombre, que es de todos los hombre y el principio interior de toda la creación. Si un poeta ha alcanzado ese ideal de perfección, sabe que, deteniéndose, no muere, sino vive.

Así, al encontrarse verdadero puede permitirse finalizar, porque nunca llega a un término, sino que tiene su continuidad en la verdad. En lo que somos verdad, somos inmortales; y cuando estamos de parte de la verdad, estamos de parte de la inmortalidad. Pero el hombre, al dar su vida a cambio de objetos sin sentido, la derrocha; y si hacemos de esas cosas nuestra meta, entonces la vida será una vida de muerte.

En nuestro vivir diario nos encontramos con muchos hombres que pasan como sombras sobre nuestra vida; pero cuando nos encontramos en la verdad, todo es diferente. Nosotros nos hemos reunidos en el rincón de este pequeño jardín. Como yo, ansiáis la verdad. Todos somos niños que lloramos a oscuras por nuestra Madre Eterna, sin saber que ella está, mientras tanto, en la cama con nosotros. Ignorantes creemos que estamos separados; pero cuando la lámpara se enciende, vemos que nuestra Madre no se ha movido de allí. Entonces sabemos que somos hijos de la misma Madre y el grito: “!llévanos de lo irreal a lo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte a lo permanente!”, sale de nuestras bocas. Oyendo entonces esta oración, sabemos que las diferencias son lo irreal, y que lo real es que somos uno. Bajo estos árboles lo hemos llamado a Él con voces unidas, Padre, y hemos sabido que este es nuestro verdadero parentesco, el cual nunca podrá perderse, sino seguirá hondo, en nuestras almas.

Nuestro parentesco personal con este mundo comenzó en el amor. El amor de La Madre y El Padre nos trajo, nos envolvió y nos nutrió. Poco a poco, con la clave de ese amor, llegamos a ver que solo ese parentesco era el definitivo. Los objetos de nuestras pasiones eran cosas destructivas, o sombras que hacen irreal la vida que se llena de ellas.Cuando nos encontramos a Dios, nuestra vida se perpetúa en la verdad. No tendrá en ella ese elemento de falsedad. Y es lo que hemos de recordar, y en ello tenemos el sentido de las palabras “!llévanos de lo irreal a lo real!”.

Al alimentarnos, nuestro cuerpo asimila el alimento y sigue adelante con su obra de creación. Si comemos polvo o cascajo, no nos creamos permanentemente, sino que nos destruimos permanentemente. La verdadera relación del hombre con el hombre es también creativa. Esta reunión nuestra, bajo estos árboles, será también creadora en nuestras vidas, y se hará cada vez más verdadera cada día. Es cierto que, como la luz del día de Dios, todas nuestras energías pueden estar ocultas bajo el sudario de la oscuridad de la noche, por algún tiempo; pero la luz vuelve a vivir de nuevo. Así son las relaciones verdaderas y así permanecerán hasta el fin de nuestras vidas, sin perderse jamás. Irán creciendo y entrarán entonces en un proceso de creación y en la realización permanente en lo que ha de venir y está siempre viniendo. Y yo le ofrezco a dios mi oración para que Él nos lleve de lo vano a la verdad del amor: “!llévanos de lo irreal a lo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte a lo permanente!”

martes, 17 de marzo de 2009

El mes de marzo...

El mes de marzo… del latín "martius", relativa al dios Marte. Aunque Marte era el dios de la guerra era también venerado como una divinidad de la vegetación. Por este motivo, como en occidente empieza la primavera hacia finales de marzo, le fue dedicado este mes. Marzo era el primer mes del ciclo en el calendario romano y son famosos los augurios o los Idus de marzo que profetizaran la muerte de Cayo Julio Cesar. En este mes comienza pues la vida nuevamente con su carga guerrera purificada, las gruyas emigran y surge el verde y la vegetación previa a la floración con toda su intensidad. Los orientales hablan de las Aguas de Marzo, como origen aún imperceptible de la aparición de la vegetación… también en consecuencia tiene una fuerte relación con la conformación y la evidencia de los ciclos de resurrección.

sábado, 28 de febrero de 2009

Viajes en la noche...de Aladar Temeshy


Jung nos decía que desde el punto de vista anímico y espiritual, “El Viaje” no es la simple traslación física en la dimensión espacial, sino la suma de tensiones que genera la búsqueda y la experiencia que surge de esas tensiones. Vivir pues intensamente y desplazarnos anímicamente hacia lo desconocido (pero intuido y vislumbrado) es un equivalente espiritual y simbólico del viaje. Es ese anhelo que nunca encuentra el objeto anhelado pues según Jung, ese objeto no es otra cosa que el hallazgo de la madre perdida. En este caso, la madre simboliza tanto la vida como la muerte… lo materno-contenedor nos lleva a la luz e iniciamos el viaje como un evento de desprendimiento, para luego iniciar el retorno al origen, por lo que el viaje esencial en todo caso, no es nunca una huida, si no una evolución cuyo destino es reconocer finalmente el sentido del ciclo vida-muerte. Así lo entienden los chamanes e iniciados cuando en sus ritos de iniciación toman siempre el viaje como símbolo de la travesía continua del ánima desde el inconsciente hasta luz y su retorno nuevamente a ese inconsciente o madre, a través de dolor, el sueño y el éxtasis. En todo caso la vida es ese viaje cuando efectivamente hemos vivido… viaje que nos llevará más allá de nuestra propia vida hacia otras clases de entendimiento que sólo empezamos a atravesar literalmente cuando atravesamos la muerte.

Cuando la simbología del viaje se une a la de la noche, vale decir “EL viaje Nocturno”, queda aún más patente el significado de esa travesía o búsqueda del origen… de la madre perdida, siendo que esta unión de la oscuridad con las aguas insondables, nos simbolizan (además de la mater genaratrix), al incosciente y a la muerte. No como la nulidad total o la nada, sino como el reverso de la vida, en donde están los miedos latentes, los demonios dormidos, nuestra propia oscuridad cerrada. Según el Maestro Cirlot, el Viaje Nocturno tiene exactamente ese significado: el viaje en sentido inverso, el momento en que el sol durante la noche atraviesa los abismos inferiores en una especie de muerte y su posterior resurrección. En el caso del viaje del héroe además, este lo hacia en una barca cerrada o en un arca que simbolizaba a su vez el vientre materno. Agregaba Cirlot que la salida del viaje expresa el momento de la resurrección y la superación de la muerte (también la salida del sueño, la salida del dolor y de la enfermedad).

En el caso de este libro-viaje, (además del proceso estético-literario que se constituye), es este sentir, esta búsqueda (y el encuentro), lo que nos conmueve profundamente. Ya desde el epígrafe de Cormac McCarthy: Voy a morir…dime tú como debo hacerlo, y a través de las doce estaciones de tránsito unidas a la referencia de las estaciones de la luz, nos encontramos de manera rigurosa con el ritual que se deriva de este reconocimiento, de esta verdad que se manifiesta con la cercanía de la muerte y todo lo que ella implica si ese encuentro nos lleva a entender el ciclo total vida-muerte-resurrección. La enfermedad, el dolor, la morfina, la fiebre, el miedo, el sueño, la madrugada, la nada, el anhelo del retorno a la casa, la estación final, el invierno, el otoño, la última dignidad, la caída de las hojas, el encuentro, el último baile, el después y finalmente la salida, nos establecen con una secuencia pasmosa y plena de esa otra lucidez del inconsciente –además de una profunda valentía-, la crónica espiritual de ese viaje único, irrepetible e ineludible.

De manera asombrosa evocamos el mito maori del héroe que como estrategia para vencer a la “Madre de la Noche” utiliza la simbología del regreso a la matriz, pues este se introduce en el cuerpo de la noche por el mismo pasadizo por el que dejó el cuerpo de la madre cuando nació. Este misterio, este anhelo solo se explica a través de la sensación que nos sobrecoge al identificar a ese primer lugar intemporal del que emergemos al nacer, con la inmortalidad que anhelamos tras la muerte. En el caso del héroe del mito, el anhelo de inmortalidad es también el anhelo de regresar a la matriz, pues aunque en principio lo que busque a través de esa travesía o viaje es esa inmortalidad, lo que verdaderamente desea es la muerte, para revivir estáticamente, en la calma y la placidez que produce el estar en las aguas de la matriz.

Si leemos con el alma la secuencia de este libro-viaje encontraremos como dije, el ritual completo y riguroso de este proceso de comprensión total…en donde el poeta “parte de noche” en ese tren cuya estación inicial es la manifestación final de la vida a través de la muerte. Viaje que se produce desde la simbología de la vida universal que se impone con todo su poder implacable y su principio cósmico impersonal, ese destino que se parece tanto a ese tren que nos lleva entre ruedas y rieles infinitos por una dirección que nos trasciende y nos rebasa todos los anhelos… viaje que nos lleva por los túneles de la soledad empujados por la enfermedad, la fiebre, el dolor (y según la propia confesión del poeta inducido por la morfina) hacia la profundidad de ese inconsciente donde aún están los miedos, el sueño, la nada.

…alguien habla en el silencio desconocido,
en las bóvedas de la matriz, en la noche
cómodo, caliente cubierto todo con una nube
cuadrada, incomprensible, demente
que no la veo, ya no hay nada que ver
la nube morada va a desaparecer
¿quién habla? La noche susurra la palabra
y el cuarto de luna me lleva por el lago
nos hundimos lento, dentro en el barro
milagro, canto, cuento, abracadabra.

Nos dice el pasajero-poeta en la estación de la fiebre que lo llevará de manera inexorable al encuentro de ese niño agazapado en la oscura soledad y exclamar: tengo seis años y conozco las mayúsculas…ángel de la guarda, ayúdame por favor!

Pero sin lugar a dudas será en la décima estación (siempre es la décima estación) la del retorno a la casa-madre en donde se reafirma el sentido del viaje:

Quiero irme a mi casa
al anaquel de los jabones
tocar las teclas del piano
sentarme en la silla roja
y quedarme con el libro
el buen Testamento
del maestro Villón

quiero irme a mi casa
para hablar con la perra
y esperar que la trepadora
teja su verde muerte
sobre las paredes
de mi casa de siempre
a dónde quiero ir contigo
para terminar el tiempo
viendo las grises lluvias
y escuchar el viento
ver en la ventana de la sala
como la trinitaria abraza
la reja con su carmesí
quiero irme a mi casa
donde en cada rincón
se mueven los recuerdos
olvidadas penas
y fiestas navideñas
quiero irme a esta casa
donde tocabas el piano
donde las paredes blancas
cerraban nuestro mundo
de largas noches cantadas
y largos mullidos silencio

Quiero irme a mi casa
!

Todo el poemario está lleno de las reafirmaciones de ese anhelo, especialmente y de manera conmovedora la referencia directa del pequeño pasajero encarnado en este caso por el Rey Wenzeslav que se lamenta nostálgicamente de no habitar más su palacio transparente, de las puertas abiertas de su pecera, del torrente de aguas derramadas y de sus vidrios rotos, como ese niño que nace a la vida desprendido de las aguas matricias y tranquilas… Wencezlav mi rey inventado, la pecera no tiene puerta por donde salir y no importa, fue otra promesa rota, ahora no tienes palacio redondo, ni corona ni manto flavo…Wencezlav mi pez dorado.

El cuervo igualmente como símbolo asociado a las ideas de principio, al nigredo o estado primordial (noche materna, tinieblas primigenias, tierra fecundante) de gran poder cósmico que vincula al cielo y a la tierra y el tránsito entre los mundos, de videncia o poder contemplador de verdades que sólo se manifiestan a nuestros estados especiales de conciencia. Pero el hito de este drama, de este viaje está en la estación final: Vengo a tu noche, por la orilla de los años, por el ocre otoño, con el viento llorando…vengo a tu noche, para guindar una estrella, en el patio de tu querer, para sanar las heridas…vengo a tu noche, para quedarme en ti, viajero cansado, de la vía láctea.

Como hemos dicho, este pasajero-poeta cumple con rigurosidad el ritual eterno y cíclico del viaje, recubierto y revestido con el color que le otorga la última dignidad, meciéndose con el cosmos al compás de la última gavota, para entender El Después, la Resurrección y La Salida donde todo comienza y todo termina: el otoño, la noche, los largos caminos, lo lejos de otros lagos, la sombra de los siglos de muchos caminos, los ojos de Caín en su quimera por la muerte de la cabra, el secreto de la rendición del amargo vino, las promesas perdidas de los justos cantores y sabios doctores, dejando la noche y el otoño como una mancha de nieve sobre la mesa de la tierra eterna, para cerrar los ojos y entender y repetir con valentía junto a él: Ave Cesar los que vamos a morir te saludamos!…

Edgar Vidaurre

lunes, 2 de febrero de 2009

El mes de febrero...



Februarius “mes de la purificación”, Februum en plural. Februa significa purificación así como los sacrificios expiatorios. En su declinación, el verbo februare significaba purificar o celebrar los ritos de expiación.
Februa (gen. februorum) llamaban también los romanos a las fiestas de purificación que se celebraban en febrero (entre ellas las Lupercales) y que traducimos como Februales. Y Februalis (la que purifica) es uno de los sobrenombres de Juno a la que se dedicaban estas fiestas y ritos presididos por divinidades femeninas.
Estas purificaciones están conectadas con los símbolos del agua o del fuego como elementos purificadores. Los rituales de purificación estaban presididos por el encendido de las velas o candelas, por lo que se extendió al símbolo cristiano de la “Virgen de la Candelaria” como señora de la purificación
Todas las culturas han ritualizado con especial cuidado la necesidad de limpieza, que ha tenido además las dos vertientes: la puramente física y la anímica. Las lustraciones, que se distinguían en ordinarias y extraordinarias (las que se celebraban cada cinco años, son las que dieron nombre al lustro), el bautismo, las aspersiones con agua bendita en nuestra cultura, y con la sangre de las víctimas en otras, son ritos de purificación (que así es como se llama propiamente la fiesta de la Candelaria).
En la cultura romana el mes de febrero era el februarius, el mes dedicado a la limpieza general del año: en este mes se realizaba la poda de los árboles, no sólo como necesidad agrícola, sino también como rito; se limpiaban a fondo los establos; se limpiaban los campos (arva) y para dar solemnidad ritual a esta fase tan importante de las labores agrícolas, se hacía una solemne procesión por todos ellos en el contexto de las Lupercales. El día en que se celebraba esta procesión se llamaba februatus dies.

miércoles, 14 de enero de 2009

Carolina Otero...caserío del color, por Elizabeth Schön


Carolina Otero ha expuesto en ciudades distintas: Oslo, París, Nueva York, obteniendo una resonancia muy especial al hacer de su arte una especie de "caserío del color". Le doy este calificativo porque es a través de la lectura de sus formas, donde asimilo el libre desarrollo de un lenguaje expansivo, fulgurantemente variado al acarrear consigo la múltiple riqueza de las gamas, estableciéndose por consiguiente en agrupamiento orgánico de vital y enérgica movilidad. Además, y por afinidades nuestras insospechadas, descubro en sus collages una actitud creadora novedosa frente a la utilización del color, y la capto al percibir la integración viva, cabal de un elemento enlazado a otro elemento sin que cada uno pierda el poder de ser forma dentro de otra forma adyacente. Y así contemplamos como cada recorte de papel, cada lamparón, trazo, rasgo, se enlazan a lo fragmentado del collage sin que ninguno de ellos lo impida, como el agua cuando entra en la ribera y llega hasta la raíz más honda. En cada collage se forja una homogénea e inquieta coherencia unitaria: una realidad vibrante llena de sorpresas y lejanías inesperadas.

Carolina Otero expone estos collages en la muy grata y acogedora Galería Félix. Ella se nos presenta semejante a un atardecer pleno de un cromatismo enriquecedor que vive dentro de sí misma, esperando la irrupción de sus vivencias creadoras, vitales, para que emerja el rojo, el blanco, el azul y pueda la presencia de sus formas nacer, repercutir con la energía y la fuerza de un peñasco rodando mortalmente hasta encallar en las pantanosas aguas destructivas. Esto es fácil contemplar en el collage construido verticalmente como si la presencia de una negrura redonda se deslizara en avalancha totalmente nefasta.

Tales conclusiones me recuerdan lo dicho por Martín Heidegger: "la palabra es la casa del ser". En la exposición de nuestra dinámica pintora, su color se nos convierte en palabra donde habita aquello íntimo, nunca visible para la mirada, pero que permanece como pulso incesante que abarca cada una de sus collages. Es un pulso existente y por tal vivo en cada parte de los enlaces de un fragmento con otro fragmento, yendo ambos hacia algún lado del collage o quedando ahí, como un todo preparado para entrar en el alma de cualquier espectador.

Carolina trabaja lo horizontal y lo vertical. Eligió la madera como apoyo estructural para sus vivencias creadoras. La madera aquí, “¿acaso es un árbol que al ser madera deja de ser árbol?”, como dice el poeta Antonio Trujillo en su hermosísimo libro “taller de cedro". En otra página del mismo libro, también encontramos la siguiente frase: "La madera / de un lugar / encaja en otro / cortas / y todo une / Un trozo basta / y nada se pierde". Viene entonces a mi memoria una frase de Vicente Huidobro: "el mundo se desplaza de rosa en rosa". Sólo que "El mundo" pictórico de Carolina no arrastra consigo el dolor que deja una rosa al herir su espina, o el aroma que posee espontáneamente como una fresca brisa de callejón o el desprendimiento de sus pétalos indicando un fin sin retorno alguno. Esta frase conlleva un determinismo calificativo que casi obliga a hacer de esos aspectos de la rosa, los que imperen en la vida. En Carolina el desplazamiento de su devenir plástico en lugar de contener tal determinismo, lleva dentro de sí la certeza del enlace, la seguridad de que los elementos colocados por ella, en repercusión de vida y existencia, se enlazan diestramente para transformarse y obtener así una nueva presencia vital. Es así cuando vemos en uno de sus collages, un cúmulo con sugerencia de blancura montañosa, aunada a través de un sutil trazado igualmente blanco y que entra suavemente en un cubo de azulada oscuridad junto a la lisura de una porción llena de un gualda y un amarillo claro, allí, como de naciente sol.

Los colores en la naturaleza son consecuencia de la conjunción interna de cada planta o árbol. En la pintura, en este caso la de Carolina, sus colores responden más a la intensidad vivencial de un rojo, de un blanco, de un ocre. Lo que implica que en la naturaleza el color se da a través de la propia naturaleza, sin depender de esa inquieta necesidad creadora que llevan consigo los verdaderos artistas. De allí que sus colores contengan una especialidad: contener lo que la autora evidencia como visión de vida y de existencia.

En el bellísimo collage titulado "cadencia" sus gamas se hacen formas libres. Viéndolas, pareciera que una brisa muy potente quisiera arrastrarlas hacia afuera, pero ellas como son formas plásticas, quedan allí llevando consigo las menudencias y sutilezas que pueden encontrase en el fragmento de un papel con un color que sólo puede existir a través del requerimiento exigido por la autora. Además, en este cuadro se observa un movimiento casi ondulatorio, que empuja a romper los límites del collage, pero quedando firme la imagen plástica en tanto la fuerza móvil se percibe como queriendo acaparar lo que a lo lejos, el devenir propone. Esta fuerza móvil, es invisible y tal vez por ello se mantiene dentro de la pasión que tiene la espontaneidad plástica puesta aquí, como en una especie de danza de interminable acaecer plástico.

Y son sus componentes creadores el acrílico, el pastel óleo, la tiza, los que dócilmente se entregan, poniendo frente a la vista una armazón viviente de motivos distintos, pero que reunidos mediante todos esos componentes nos dejan el aroma ya no de una rosa, de una puerta, de una escalera. Nos propone la integración de una unidad donde cabe desde la baranda hasta el abanico pequeño, que abierto, es señal de luz, claridad, alegría, sufrimiento y tragedia, como siendo una sola presencia la que imperara, llevando dentro, todo cuanto pulsa en el alma, en la realidad, aun en los espacios invisibles de un fin sin límites ni ordenamiento.

Unos colores como estos, expuestos hoy en la Galería Félix, nunca puedrán retornar a lo que fueron antes, o a lo que serían si lograran ser otros. Allí quedan, intactos, frescos, por ser una de las señales permanentes que Carolina clava al sellar el color y éste quedar para siempre igual, tal vez semejante a un astro que jamás concluyera.

Elizabeth Schön

El mes de enero...


El mes de enero (JANUVARIVS), toma su nombre del Dios bicéfalo Janus. Este era el Dios de las puertas, portones, principios y finales -razón por la cual se lo ve representado en tantas puertas-y como enero es el mes que abre el año se honró a dicho Dios nombrando al mes que abre el año.

Aunque en el calendario romano el año se iniciaba en el mes de marzo, el emperador Julio Cesar de acuerdo a la tradición mística alejandrina, colocó el inicio de laño solar en el 1 de enero. El dios bifronte Janus (en latín puerta), era el dios de los comienzos y el de las dos caras, un viejo con una vara en la mano miraba hacia atrás mientras, del otro lado, un joven dirigía su mirada hacia delante con una llave en la mano. Dentro de esta simbología, el año pasaba a tener dos periodos de seis meses, de enero a junio (solsticio de verano) y de junio a diciembre (solsticio de invierno).