domingo, 28 de diciembre de 2008

Crónicas de Grecia...



Octubre 24-2008

Empiezo esta crónica en la mitad del viaje…en el centro de la vivencia, del recorrido. Como si al mismo tiempo se tratara del punto central de la conciencia, del saber “el por qué” del viaje. Coincide con la llegada y la salida de la isla de Naxos…del Laberinto. Por eso he tomado tantas imágenes de las puertas de Naxos. Puertas cerrdas, como si nunca se hubieran abierto…sólo están allí inmutables, eternas. Coincide también con este momento de mi vida. He salido de Atenas, después de matar y luchar con el último monstruo, con el último de los cuernos de la sombra. Pero esta bella travesía es al mismo tiempo la conjura de la soledad. Es octubre y ella me mira, se deja tomar las manos. Hemos llorado…nos hemos perdido breve pero intensamente por los pasillos del laberinto. Más hemos reencontrado el centro…o eso que llamamos centro. Guiado por su inteligencia, retorno a la luz…y Naxos es luz. Gracias a ella tomo los caminos correctos. Gracias a ella sé como llegar a donde debo llegar, como si ella fuera Ariadna. En Atenas me preguntó si la amaba…si alguna vez la iba a abandonar. Hemos cruzado sin embargo tantas puertas, escuchado el viento en los olivares, el sonido de la luz sobre nosotros, para llegar a la orilla, a la última luz, la más bella. Hoy dejamos Naxos…pero esta vez Ariadna no se ha quedado sola. Ella toma mi mano fuertemente para unir fuerzas…para seguir no sé hasta donde, no sé si se podrán abrir esas puertas.
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El mes de diciembre...


Duodécimo y último mes del año de acuerdo al calendario Gregoriano, el cual es usado en casi todo el mundo hoy día. En el antiguo calendario Romano era el décimo mes y saca su nombre de la palabra en Latín "decem", que significa diez. En el hemisferio norte el mes de diciembre contiene el solsticio de invierno, mes de espera y renovación, indicador de la inminencia de los nacimientos y de la renovación del tiempo. Por ello los romanos celebraban en este mes las “Saturnalias” o salida del tiempo. En estas fiestas en honor a saturno el dios del tiempo, el mundo se salía de la dimensión temporal establecida y por ello, el orden se trastocaba. Los amos se convertían en sirvientes y los esclavos eran los amos por ese día. Pero tal vez el significado más importante de la “Saturnalia” era el sentimiento de que la vida es duración, sustitución y que el sacrificio es la única fuente de la nueva creación o de la renovación constante de la creación. Inicialmente en tiempos antiguos las reminiscencias de estas festividades consistía en el nombramiento del hombre más simple y pobre de la comunidad en el rey saturno con todas las prerrogativas y los honores…por un día era el rey, el amado, el ungido para posteriormente ser sacrificado simbolizando la intensidad y la brevedad de la vida. De allí derivan también las fiestas de carnaval en donde la humanidad se sale brevemente del tiempo para realizar ese anhelo de acumular en un tiempo dado todas las posibilidades existenciales en un llamado al caos primordial…en una desesperada invocación a la salida del tiempo y la renovación. Este mismo simbolismo de renovación y sacrificio del mundo está presente en el siginificado del Cristo Redentor... por ello al nacimiento de Jesús ocurre en el mes de diciembre, símbolo eterno de la resurección del mundo, del hombre y su recreación a través de su propio sacrificio.