martes, 2 de septiembre de 2008

EPANOUISSEMENT: La eterna eclosión en Colette Delozanne


Epanouissment...esta palabra arcaica, vértice originario del verbo, nos da la visión de una eclosión, de una floración múltiple. Fuerza abstracta y fuerza conformante, materia pura y materia visible , energía y forma. Este doble paso capaz de unir el verbo con la forma, la voluntad con la materia creada y regida por un orden, tiene a su vez un triple supuesto, una hipóstasis de creación. Colette Delozanne, quien además de escultora es poeta, lo sabe; por eso escogió la palabra Epanouissement para representar la unión de su voluntad trascendente con la obra creada a través del espíritu o alma del mundo. El primer acto de creación, es decir el acto creador del mundo, tuvo su hito en la unión hipostática del verbo con la naturaleza humana. Pero aquí, la voluntad poética, la voluntad creedora se revela a través de las manos; son las manos las que provocan la salida del caos, son las manos las portadoras, "las voceras" de un espíritu cuyo aliento constituirá esa flor sagrada y mayestática de barro, con la unión de las cuatro elementos agua, tierra, fuego y aire. Flor de especie original, flor única, rosa de siete pétalos que simbolizan la secuencia de la creación, el orden sagrado de sus jerarquías desde el mismo momento de la floración o eclosión primaria, hasta llegar al "hondo temblor de lo secreto". La tierra es el cuerpo de la creación, es la materia, la madre, pero, ¿ hacia dónde apunta esa floración reconcentrada en sí misma, esa palpitación de piedra que surge y se mantiene en medio del caos, como los pilares sagrados que sirvieron para sostener los primeros árboles ?. Aunque el acto de creación es extratemporal, la existencia de los mundos se despliega en el tiempo desde el primer gesto hasta llegar a lo más cerca del inicio, y así fundirse en el punto de fuga que elimina la distinción entre lo manifiesto y su origen. Eso la sabe también nuestra escultora poeta. Ella sabe del viaje y del "fervor caminante" que nos impulsa al encuentro de esa revelación, de esa verdad. En medio de la "múltiple sonoridad" que acompaña nuestra existencia temporal, en medio de la luz, ella nos anuncia la necesidad de velar, de estar en " vigilia", de no perdernos la extraordinaria y única visión que comporta la conciencia de que las infinitas formas del mundo están entrando y saliendo permanentemente de la existencia. ¿ De dónde salen y hacia dónde entran ? . He ahí el secreto, el misterio de ese incesante e ilimitadamente abarcador espacio que nos contiene.

El mes de septiembre...


Septiembre… del latín septem (séptimo). Aunque septiembre es el noveno mes en el calendario Gregoriano, lleva su nombre por ser el séptimo mes del calendario romano, pues los ciclos del año empezaban en el mes de marzo. Septiembre, mes del descanso divino y humano…de la concordia, del sosiego y el umbral que precede todos los cambios de la luz.

Siendo pues el séptimo mes en el ciclo del acontecer antiguo, su simbología está muy determinada por el número 7 que ha regido muchos de los aspectos de la vida del hombre, apareciendo en casi todas las culturas como el número del destino.

El siete es el resultado de la suma entre 3 (lo celeste) y 4 (lo terrenal). Se considera un número perfecto que simboliza la relación de lo divino y lo humano, cuyo resultado es la creación, llevada a cabo en 7 días. Para casi todas las culturas fue siempre un número mágico. Apenas para nombrar algunas de estas determinaciones, son siete días los que tiene la semana, los mismos que ocupó Dios para formar la tierra. Son siete los mares del planeta. Los hindúes han descubierto siete chacras o puntos de energía en el cuerpo, son siete maravillas del mundo, siete pecados capitales, siete calamidades. El Islam establece los siete cielos y el Dante describe siete infiernos, los metafísicos hablan de siete niveles de conciencia.