miércoles, 30 de abril de 2008

La llegada de Mayo...



Mayo… mes de la gracia, del descenso definitivo de las aguas y por ende de la purificación. Las lluvias purificando la vida. Dice el refrán: en abril las lilas y en mayo las rosas. Es por eso que mayo también es conocido por ser el mes de las rosas como símbolo del brotar definitivo de las cosas, de la manifestación definitiva de la belleza de las cosas.

También es el mes de María la madre continente (aunque manifestada en otras múltiples advocaciones, siempre la misma, la única, la inmaculada, la que intercede, la que escucha nuestros lamentos).

El nombre de mayo tiene por coincidencia estas relaciones: Maya nombre vasco que significa maría, Maya Diosa romana de la fertilidad, Maya una de las pléyades, madre cuidadora y por último, la Maya hindú…esposa de Brama, Diosa de la energía vital. Es interesante acotar que maya en Arameo significa agua.
Bienvenidos pues, a los temblores de mayo
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sábado, 19 de abril de 2008

La canción de cuna de Brahms...


Johannes Brahms encarna para mí el espíritu más profundo del romanticismo. Mientras sus críticos se debaten entre su retorno a las formas clásicas o la audacia y la libertad más extrema de muchas de sus obras, no podemos dejar de sentir ese recorrido entre ascensos y descensos que va desde la hondura más sombría a la luz más intensa y extraordinaria, todo ello muy unido, amalgamado en el alma de este hombre sensible y al mismo tiempo solitario y reservado.

El gran amor de su vida fue sin duda Clara Schumann. Este amor inconmensurable y sublime tuvo inicialmente el estigma de los amores imposibles, pues tanto Clara como él, amaban demasiado a Robert Schumann, como para convocar entre ellos a la manifestación física o la materialización del amor. Sin embargo a la muerte de Schumann y a la devastación emocional que esto causó en ambos, sobrevino para ellos lo que yo he llamado la experiencia más vívida de intimidad entre dos almas enamoradas. Las pocas cartas que perduraron y que guardaron los hijos de Clara con extrema reserva para proteger la memoria de los tres (Clara, Robert y Johannes), revelan la calidad y la refinación de ese amor. El viaje por el Rin que los amantes llevan a cabo durante 20 noches del año 1858 bajo las estrellas de agosto, ese pasar por las esclusas y el canto de las aguas sobre las luces amarillas de las ventanas redondas de la embarcación, abrieron también las esclusas de su pasión retenida y sublimada por el tiempo y a pesar del tiempo (Clara era trece años mayor que Brahms).

Quien pueda escuchar el Andante-Piú Adagio del concierto para piano y orquesta No 2 y su diálogo amoroso con el chelo, podrá darse una idea de la naturaleza y la manifestación de ese amor, ello sin contar con las maravillosas canciones dedicadas a Clara y los famosos intermezzos Op. 117 y 118 también dedicados a ella y que Brahms llamó "las mariposas de mi tristeza".

Fue sin embargo y a razón de algunas de sus otras canciones que Brahms dedicó con entusiasmo a la dulce soprano sueca Jenny Lind, que Clara Schumann dejó de hablarle a Brahms. Nunca aclararon el asunto, nunca pudieron volver a verse las almas como antes, y Brahms tuvo que interrumpir sus puntuales y reiteradas visitas atardecidas a la casa de Clara en Viena. Sólo el 15 de mayo de 1896 y en el umbral de su muerte Clara mandó a llamar a Johannes para despedirse, abrazarlo y verlo por última vez. Brahms no soportó esto… y exactamente un año después muere para ser sepultado junto a la tumba de Clara y Robert.

Pero he aquí un paréntesis en la vida amorosa de Brahms que posee una ingenua y singular belleza. Y hablamos de su canción de cuna o mejor conocida como Wiegenlied, cuya melodía y letra posee realmente una atmósfera única e irrepetible:

Buenas noches, buena noche, adornada de rosas,
Envuelta en claveles…
un deslizamiento por el marco de la ventana.
Temprano mañana, si Dios quiere, que se despierte una vez más.
Temprano mañana, si Dios quiere, que se despierte una vez más.
Buenas noches, buena noche. Guardado por lo angélico,
¿Quién le muestra su sueño a ese niño del árbol?
Dormir en paz y dulcemente, ver el paraíso en sus sueños.
Dormir en paz y dulcemente, ver el paraíso en sus sueños.
La Canción fue escrita y dedicada al segundo hijo de la soprano Bertha Faber en 1868. Mucho antes, Brahms y Bertha se habían enamorado cuando ella cantaba junto a las muchachas de su coro de mujeres en Hamburgo. Durante los descansos en la jornadas de canto o mientras la acompañaba en las caminatas nocturnas de regreso hacia su casa, ella le susurraba a Brahms en el oído, una suave melodía vienesa a modo de Vals. Los amores se acabaron, pero la amistad perduró en el tiempo, al igual que la melodía en el alma de Brahms...

Con el advenimiento del niño de Bertha, Brahms compuso en forma de Canción de cuna, un perfecto contrapunto musical de la canción de amor que Bertha le cantaba al oído. Cuando le llevó la canción de regalo, la partitura tenía la siguiente nota de Brahms dirigida de manera por demás audaz al marido de Bertha: "…se dará cuenta que escribí 'Wiegenlied' para el pequeño de Bertha. Le parecerá que. . . mientras ella se la canta al pequeño Hans, alguien le canta a su vez a ella una canción de amor."

Bertha cantó muchas veces para Brahms y para el público de Viena la Canción de Cuna … nos imaginamos como podía latir el corazón y el alma de esta mujer mientras le cantaba a esos dos amores una misma y única canción...
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jueves, 10 de abril de 2008

Crónicas de Budapest... y Hanna Szenes


Mi llegada a Budapest fue justo el día de la transición entre octubre y noviembre en la plena entrada del solsticio de invierno. Sin embargo para mí, lejos de una vislumbre invernal, esa marca, ese hito tuvo un significado de purificación, de redención sobre aquello que estuve llamando por más de 23 años "mis Idus de octubre". Esa noche lo celebré con un ramo de flores que le compré a la luna en el café Vian. Uno de los muchos cafés que se encuentran en el centro de la ciudad, cerca del Oktogon (plaza que une las principales calles de la ciudad de Pest, en forma de estrella de ocho puntas). Como era otoño franco, las antorchas nocturnas estaban prendidas en todo su esplendor para darle calor a los solitarios de la madrugada. Había estado en las lecturas de poemas que se realizaron en el teatro Lizt en medio de los ecos de vocalizaciones de arias antiguas y de una joven de ojos semicerrados que tocaba un soneto del Petrarca al piano.

Esos poetas húngaros tan maravillosos: László Kálnoky, Sándor Weöres, János Pilinszky y la bellísima Ágnes Nemes Nagy quien escribió: "Hay que aprender de los árboles de invierno. Ese cubrirse hasta los pies de escarcha. Inamovibles cortinajes. Hay que aprender la franja donde el cristal ya humea, y el árbol va cruzando la neblina como los cuerpos la memoria. Y tras los árboles el río, las alas silenciosas de los ánades, la cegadora noche azul y blanca donde hay paradas cosas en capuchas. Hay que aprender aquí los gestos inenarrables de los árboles".
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Pero sobre todo la conmovedora poesía de Attila Józef, quien vivió en una extrema pobreza para suicidarse entre las ruedas de un tren después de haber escrito este poema:

Fugaces recuerdos, ¿en dónde desaparecisteis? Mi corazón, pesaroso, quiere echarse a llorar. Ya no puedo vivir sin vosotros. Lo que mis manos tocan no toca ya mis manos. ¿Acaso no soy digno de jugar otro poco? ¡Frágiles mariposas, venid, volad aquí! Fugaces recuerdos, soldaditos de plomo que tanto anhelé otrora y cuyas bayonetas supe enderezar ¡Turcos, bóers, venid, rodeadme aquí! ¡Oh, cañoncitos, formad las baterías! Tan pesaroso está mi corazón... ¡Ay, defendedme!

También en la tarde, detrás de un prado de amapolas tardías entramos a la casa-museo del poeta Mihály Vörösmarty para leer y escuchar los recitales pautados. Y he aquí que muy retirado del recinto principal, en un pequeño rincón, estaba una placa en conmemoración de la poetisa Hanna Szenes.

Ese descubrimiento eclipsó todo lo demás. Los palacios imperiales a las orillas del Danubio, La citadella, la basílica de San Esteban, la iglesia de Matias, El Parlamento, las exquisiteces gastronómicas de la comida Magiar, la belleza de las muchachas húngaras, el olor de las frutas en el mercado, los museos, el brillo en los ojos de esta juventud tan ajena y el contraste con toda la nostalgia barroca de la ciudad se esencializaron en ese rincón envejecido y olvidado.

Junto a la fotografía de la poetisa estaba un pequeño esbozo biográfico, en donde a título de heroína de guerra y debajo de todos los manuscritos oficiales estaban los 29 poemas que escribió durante su intensa vida (1921-1944). De origen Judío, aunque educada en escuelas protestantes cristianas (fue proverbial su enamoramiento de Jesús como hombre) a partir del año de 1933 en que se instaura en Hungría la Kristallnacht o unión con el bando alemán de la guerra, se hace activista y lider sionista de los judíos de la Europa Oriental. Presionada por el estallido franco de la guerra y bajo la esperanza de la resurrección de su pueblo emigra a Palestina y se dedica a la creación de los primeros Kibuts agrícolas en lo que sería el futuro Israel. Allí empieza con sus maravillosos poemas escritos en la ciudad de Cesarea y su diario maravilloso e intenso… lleno de fuerza y feminidad. Es aquí en donde se encuentran las mayoría de sus 29 poemas:

En los fuegos de la guerra

En los fuegos de guerra, en un incendio, en la pira, entre los tempestuosos días de sangre, enciendo mi pequeña lámpara, para buscar, buscar a un hombre. Las llamas de la pira sofocan mi lámpara, la luz del fuego ciega mis ojos; ¿cómo podré mirar, ver, conocer, reconocer a alguien cuando esté a mi lado? Pon una señal, Dios, ponla en su frente, para que en el fuego, en el incendio y en la sangre reconozca el centelleo puro, eterno, que he buscado: un hombre


No estás sola


No estás sola. Aquí está tu mar que te preguntará con su tierno murmullo por los sueños de tu camino, por tus deseos.


Esperaron tu llegada


Todos esperaron: la costa, la arena, las rocas, las olas y el mar. Lo sabían con seguridad: una noche oscura llegarías. A lo alto, miles de ojos celestiales entienden a sus dos compañeros que robaron del mar infinito... una lágrima.


Marcha a Cesarea


Dios mío, que no termine nunca la arena y el mar, el murmullo del agua, el rayo del cielo, la oración del hombre.


Esta hermosa mujer, que tenía sobre sus espaldas y sobre su alma la travesía esperanzadora de aquellos que emigraron a tiempo y se salvaron del Holocausto y en el preludio de los fines de la guerra, decide sin embargo y ante la detención de su madre y numerosos amigos, regresar a Hungría. Se alista para ello en las filas rumanas y se lanza en una operación de paracaidistas aliados hacia los cielos de la línea fronteriza húngara, para ser apresada por la GESTAPO esa misma noche. Tras un juicio sumario, y con tan solo 23 años de edad, fue fusilada junto con el resto de paracaidistas prisioneros. Dos horas antes de su ejecución nos dejó este poema:


En la cárcel


Uno... dos... tres... ocho pasos de largo, dos de ancho... La vida se cierne sobre mí como un interrogante. Uno... dos... tres... Quizá otra semana. O el fin de mes aún me encuentre aquí. Pero sobre mi cabeza... la nada. Ahora, en julio, cumpliría veintitrés años... Escogí número en un juego arriesgado. El dado da vueltas. He perdido.

Canción del macho y de la hembra... de Pablo Neruda


¡Canción del macho y de la hembra!
La fruta de los siglos
exprimiendo su jugo
en nuestras venas.

Mi alma derramándose en tu carne extendida
para salir de ti más buena,
el corazón desparramándose
estirándose como una pantera,
y mi vida, hecha astillas, anudándose
a ti como la luz a las estrellas!

Me recibes
como al viento la vela.
Te recibo
como el surco a la siembra.

Duérmete sobre mis dolores
si mis dolores no te queman,
amárrate a mis alas
acaso mis alas te llevan,
endereza mis deseos
acaso te lastima su pelea.
¡Tú eres lo único que tengo
desde que perdí mi tristeza!

¡Desgárrame como una espada
o táctame como una antena!
Bésame
muérdeme,
incéndiame,
que yo vengo a la tierra
sólo por el naufragio de mis ojos de macho
en el agua infinita de tus ojos de hembra!

miércoles, 9 de abril de 2008

Crónicas de la Isla de Kampa...


En noviembre del año pasado, realicé por fin mi peregrinaje solitario a la Isla de Kampa... esa maravillosa isla que forma parte de Praga. Es imposible ir a Praga y no conocerla y subyugarse con ella… La experiencia vívida que te deja su espíritu, es aún más intensa que la vivencia soñada o imaginada. He amado a esa isla desde siempre, cuando leí a los poetas Jaroslav Seifert y Vladimir Holan, en la traducción de la poetisa española Clara Janés. La isla está muy cerca del Puente Carlos, al final del camino hacia el gran castillo donde te sorprenden unas escalinatas por donde se desciende hasta su corazón verde y húmedo. Me quedé esa noche en una posada que está en la propia isla: un castillete empedrado de la época medieval que se levanta sobre uno de los jardines más hermosos de la isla. La ciudad tiene un fulgor muy especial. Sobre todo la Praga vieja, donde están las casas natales de Rilke y de Kafka. Esos espacios Barrocos en donde al caminar se encuentran las iglesias del 1200 como la de San Vito o el templo de Tyn donde están las tumbas de los astrónomos y alquimistas checos y algunas casas mágicas como la del unicornio blanco, la de la campana de piedra y la casa de los cuatro elementos… pero lo más secreto y maravilloso de Praga sin lugar a dudas es esa isla, la casa del poeta Holan y la Villa Bertranka…el único lugar donde Mozart fue feliz... En una evocación el poeta Seifert escribió este poema a Valdimir Holan:

ISLA DE KAMPA

Cuando alguien llame a la puerta y digas: pase,
Será el cartero
Y te traerá una carta
Con mi deseo de sentarme
Una vez más en tu mesa

Abrirás la ventana casi a ras del agua
-amamos ese río ¿verdad?-
y el viejo puente, en silencio, nos pasará por encima.
Sobre le liso mantel de blancos flecos
Habrá una lámpara.
Sólo la torre de ciudad antigua se fijará
En quién ha entrado a tu casa.

Hacia el azul y los vendavales, a toda prisa, volaron
Las trigas de Schnircha.

Eran domingos, eran hermosos días
Y por los hielos que fluían
Se precipitaba la primavera sobre la ciudad.
Y para mis adentros rápido inventaba
Las palabras de ternura
Por las que asciende el amor.

Sobre la orilla donde al parapeto acaba
Hay un molino y sobre él una torre.
Y también ella sonreía
Como las mujeres que sólo sonreían cuando me daba la vuelta

Cierra es ventana, del río sube humedad,
Y enciende la lámpara.
Así se iluminaba
Cuando éramos niños.
La mesa también brillaba, pero en los rincones había oscuridad.
Aquella lámpara era como un faro en nuestras jóvenes vidas.
Ahora te digo buenas noches, y por favor
Ilumíname otra vez,
Al final del pasillo quizá me esperen las tinieblas…


Algo se ha apoderado de mi desde el viaje a Praga… ese cruzar el Puente Carlos no sólo me llevó hacia la otra rivera del Danubio…me ha llevado hacia el otro lado de mi mismo… pero sobre todo han sido las corrientes sonoras del agua lo que ha penetrado hasta el lugar más escondido. Algo de esa transparencia intensa y al mismo tiempo oscura que tiene el río Vltava se parece a lo vivido. Lo primero que uno ve a la orilla del río, es a las lavanderas purificando la vida (también la llaman la isla de las lavanderas). Al mirarlas, sentí como se extendía mi alma ante sus manos para que la estrujaran con el agua del río para ser blanqueada. También me enteré que entre los árboles de su pequeño bosque vivió su soledad la princesa Libuse (fundadora de Praga), para luego morir entre el verde de sus jardines. Pero es precisamente en uno de esos jardines, - el que está en la pequeña casa en donde vivió sin salir hasta su muerte el poeta Holan- que se produjo la transfiguración. Al igual que con el poeta, en medio de mi absoluta soledad, mis compañeras fueron la noche y la lámpara… mezclado con el ruido de las estrellas y canto de los molinos de agua pude distinguir la voz de Ofelia. Ojala algún día su eco callado y secreto se convierta en poemas…

Trascribo aquí algunos de los poemas del amado Holan:

Al alba

Sí, es el alba... Ropa sucia sobre el cuerpo lavado de una hermosa...Tocar, ah, sólo tocar,¡mas de la nada ni tan siquiera el sueño! También tú, allá abajo, te esfuerzas en vano de alto en alto, pues quien se ha sumido en la poesía, ya nunca se saldrá.


Aunque...


Aunque siempre te escapas, amor mío, eres mi presente perpetuo, ¡oh, sí! Igual que el salto del agua:aunque le abandona sin cesar siempre la misma agua, él permanece siempre en el mismo sitio.



Cuando llueve en domingo y tú estás solo...


Cuando llueve en domingo y tú estás solo, completamente solo, abierto a todo, pero no llega ni el ladrón y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo; cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado y no comprendes cómo vivir sin cuerpo y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo; cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,¡no esperes ni hablar contigo mismo! Entonces el ángel es el único que sabe lo que hay encima de él, entonces el diablo es el único que sabe lo que hay debajo de él. El libro sostenido, el poema al caer...



De noche...


Durante la ausencia de la mujer amada las tinieblas, totalmente enloquecidas, se apoderan de sus piernas, se deslizan en los zapatos de hielo y empiezan a bailar desde tu cama hasta la inmensa sala del insomnio...Los zapatos suenan, dan vueltas, patean, retozan sin piedad, abiertamente, y eso dura y se sienten bien, bailan sin duda el uno con el otro. Tu amor sin fe sólo les ayuda de los celos al adulterio. Los oyes toda la noche, y más y más te hielan, y no empiezan a fundirse hasta el momento de volver hacia ti...
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El canto incesante de los ángeles...



Voces, voces. Oye, corazón mío, como sólo antaño
oían los santos: que la gigantesca llamada
Les alzaba del suelo, pero ellos seguían de rodillas,
impasibles y sin atender: así estaban oyendo.
No es que tú aguantaras la voz de Dios, aun de lejos.
pero escucha lo que sopla: El canto ininterrumpido,
que se forma del silencio

Rainer María Rilke
Elegías de Duino 1


La nave central de Saint-Benoit-Sur-Loire, monasterio benedictino de Fleury, se conserva en su pureza románica a pesar de que el monasterio ha sufrido adaptaciones posteriores como su bella cúpula gótica. Allí, dentro de sus limpios espacios, donde se cierra un día más a través de los vitrales orientados hacia el oeste, suenan las salmodias de plegaria que componen el OFICIO DE COMPLETAS -ad completorium- antecediendo la venida de "El gran silencio". Y es allí, cuando nuestras almas resonando a su vez, entenderán cuán poco importan los antecedentes de estos cantos cristianos, o la disertación histórica sobre su origen y evolución, o si hay cantos cristianos de oriente u occidente, si el canto bizantino como el gregoriano son cantos monódicos, antifonarios, responsoriales, salmódicos y melismáticos. Lo que se impone, lo que nos subyuga es el espíritu que animó la creación de estos cantos, "el espíritu litúrgico" que surgió de nuestra necesidad de clamar, nuestra necesidad de plenitud, de consuelo, de fe en que alguien escuchará y nuestra necesidad de alabanza a ese ser omnisciente, pero sobretodo, nuestra necesidad de pureza, de restitución, de permanencia y de fusión con ese ser que a lo mejor no nos escucha. Sin embargo, todas estas necesidades, se producen en nosotros, seres insatisfechos, carentes, impuros, impermanentes, seres duales "cuerpo-espíritu" y lo más terrible, conocedores de su implenitud, pero con los atributos del canto.

El canto como manifestación musical, estaría sujeto al acaecer del tiempo, a la temporalidad rítmica que rige el acontecer sonoro. Las filosofías y las teologías orientales, que también consideran la dualidad cuerpo-alma del hombre y la impureza que esta mezcla determina, someten el proceso de purificación a la temporalidad cíclica, circular de la reencarnación y sus cantos sagrados estarán también sujetos a un poderoso influjo rítmico palpitante. Los instrumentos que acompañan su clamor simbolizarán aquella dualidad (la percusión sobre la piel de los animales marcando el ritmo cesante de nuestra carnalidad y los instrumentos por donde pasa el viento como el espíritu divino y su revelación melódica)

"El hombre es apenas una parte más de la irradiación de Dios", dijo Dionisio Aeropagita. Para el cristiano, el acto de creación es único, y de ese acontecimiento primario, el universo avanza en línea recta, sin retornos posibles, sin ciclos. Dios es atemporal, infinito, y el hombre, que está sujeto al dinamismo de esa irradiación, es iluminado por Su luz, pero en sí mismo no es luminoso.

San Agustín nos decía que el tiempo es una representación mental del hombre, que el pasado es "memoria" en el presente y el futuro una " espera" presente. Antes del origen edénico y más allá del final mesiánico, está Dios, atemporal, puro, luminoso, innombrable.

El conocimiento producido por la irradiación divina sobre nosotros, nos revela que no somos luminosos, que no somos puros, que moriremos y que nuestro aliento no alcanzará para clamar ante Dios nuestra necesidad de fusión con El. Que la distancia es terrible, que la grieta que nos separa y nos produce la conciencia de la alteridad es insalvable, pues nunca podremos fusionarnos a lo que sabemos inefable sino a través de la muerte.

En medio de nuestra soledad y de nuestra intermitencia surge una pena tan infinita como Dios, una pena incesante que nuestra fe convertirá a su vez en un clamor y un canto también incesantes.

No somos ángeles, ni siquiera pertenecemos a la jerarquía celeste, somos apenas unos seres cuya oscuridad es iluminada para que se produzca el conocimiento de nuestra propia oscuridad.

Los ángeles son inteligencias puras, espirituales, invisibles que giran incesantemente en torno al resplandor eterno del bien y la belleza divina. Ellos no conocen lo individual ni lo impuro, pues están fusionados con Dios. Su existencia es un incesante éxtasis, su aliento arrebatado produce un canto ininterrumpido en alabanza y contemplación.

Nosotros, al contrario somos visibles, somos una mezcla de cuerpo y alma, y es nuestro cuerpo en donde se manifestarán la acontecimientos de nuestra vida, es nuestro cuerpo, el espacio que ocupa y su interrelación con lo externo, lo que nos producirá la conciencia de que somos nosotros, de que somos individualidad, que existe la alteridad, que no somos Dios; pero el clamor, el grito de nuestra alma, quien lo escuchará ?



¿Quien si yo gritara, me oiría entre la jerarquía
de los ángeles? y suponiendo que me tomara
uno de repente hacia su corazón, me fundiría con su
más potente existir. Pues lo bello no es nada
más que el comienzo de lo terrible
que todavía apenas soportamos.

Rainer María Rilke
Elegias de Duino 1


Ese afán de ser escuchados por Dios, guió el espíritu de aquellos santos padres que, como San Gregorio y San Ambrosio buscaron la pureza y la esencialidad en sus cantos litúrgicos a la manera angélica, "El canto incesante de los ángeles", el único modo de cantarle al ser puro, innombrable, el único modo de tener contacto con aquello que no somos pero que necesitamos ser, el único modo de cantarle a la plenitud presentida por la fe, contraponiendo a nuestra palpitación cesante, una melodía infinita, sin instrumentos que contaminen dicha pureza, lo más esencial posible, sólo con el sonido de nuestro aliento, aunque nuestro aliento no alcance para la alabanza.

Para nosotros, hombres del segundo milenio, sigue vigente el espíritu que animó aquel clamor, pues estamos más solos, más desamparados, más inciertos. Así como la nave central del monasterio benedictino de Fleury se ha mantenido en su pureza original, a pesar de las modificaciones sufridas a través del tiempo, el espíritu que animó los cantos litúrgicos, se mantuvo puro con la evolución que los fue transformando en las magníficas estructuras polifónicas de Perotin y Guillaume de Machault; pureza que más tarde fue rescatada de los excesos sufridos, gracias a los últimos polifonistas como Guillaume Dufay, Orlando de Lassus y posteriormente por Palestrina y Monteverdi.

Ahora más que nunca debemos cumplir con la exigencia de San Benedictino cuando decía en su regla del canto litúrgico: "No antepongáis nada a la obra de Dios", ejerciendo nuestros atributos del clamor y del canto, para llenar con ellos la distancia, pues sólo el canto nos sostendrá en este enorme vacío, sólo nuestra vocación de pureza nos salvará de la terrible visión de la muerte y de la tragedia de la alteridad.

domingo, 6 de abril de 2008

Chopin... y su "Moja Bieda"

Fotografía del atado de cartas llamado "Moja Bieda" de Chopin en su casa de París. Fuente: archivo Corbis. Fotógrafo: Alfredo Dagli Orti -1980


Chopin, nunca habló mucho de aquello que lo impulsaba, que lo animaba a componer y tampoco dejó constancia escrita en cartas o diarios sobre los orígenes del lirismo tan pleno y lleno de esa nostalgia tan suya, tan personal. Su música a mi sentir, es lo más acabado desde el punto de vista poético-metafísico que se haya concebido y escrito. Es romanticismo si, pero con una calidad de abstracción indescriptible e intraducible, como no sea a través de ese aliento contenido... de esa música conectada y surgida de las evoluciones más internas y secretas del alma. Ahora que después de tantos años me he puesto a tocar sus nocturnos y bajo esta obsesión mía que me lleva a develar lo que está detrás de la música que estudio, me había sido imposible desentrañar los secretos de Chopin.

Su vida amorosa fue igual de reservada. Y digo reservada pues la publicitada relación con Aurora Dupin o George Sand no tuvo (para Chopin por lo menos), el carácter ni la contextura de un amor con contenido total y trascendido. Este poeta, como buen romántico mantuvo la postura ideal de los tiempos y sus amores perfectos eran aquellos que cumplían con la máxima romántica "del amor no dicho". De hecho se sabe que mantuvo durante muchos años una devoción sublime por Constanza, a quien le dedico el Adagio del concierto en Fa… y todo el mundo lo supo menos ella.

Sin embargo, por fin he podido entender de manera lenta y conmovedora su tragedia, aquello que se esconde envuelto en el sentir de su Nocturno para piano solo en Fa No 1 Op. 15. Aunque reservado e introspectivo, Chopin ya entrado dentro de un proceso de maduración espiritual y musical, había dejado de ser el joven de ojos tristes y del amor oculto por la joven Constanza para adquirir ese brillo especial que da la vivencia, la experiencia del contacto con el Elan Vital. En los años que duró la separación de su amada Polonia, de sus padres y de Constanza, se constituyó de manera definitiva el alma de este poeta. Fue sobre el año de 1834 que Chopín encuentra por última vez a su padre y a su familia en la ciudad de Karlsbad en los baños termales… pero encontraría también esta vez al verdadero e irresistible cuerpo del amor en la muchacha llamada Maria Wodzinska.

Ya de niños habían correteado y jugado en los jardines, pero ahora su reencuentro se producía en medio del proceso de maduración de ambos. En el transcurso de toda su vida, Chopin sólo fue feliz durante esos veinte días de crepúsculos y rosas, y con seguridad, toda esa felicidad podía caber en las manos ahuecadas de María. Los atardeceres en las terrazas de mayo, les hizo nombrar su vínculo como "El Crepúsculo". Así lo escribieron en las innumerables notas intercambiadas, en las miradas, en los silencios, en las palabras susurradas, en cada flor furtiva que era dejada secretamente en el momento de los adioses… y esta vez, ya no fue el piano de Federico el que habló, sino él, en propia e inteligible voz, a través de esos labios que María describe como los surtidores del aroma de las sombras…

Chopín le pide a María que se case con él y ella acepta conmovida y le pide solo treinta días, para tener la aprobación de su padre. Poco sabemos de aquello que vivió Chopin durante ese mes de espera y de ansiedad, más en algunas de las cartas a su hermana de esos días, deja ver su certeza en la felicidad inminente, su esperanza, su seguridad en las promesas recibidas por la vida.

Pasó mucho más de un mes y la respuesta le llegó el último viernes de noviembre en una carta formal y seca de María en donde le pedía no verla más, haciendo énfasis en la imposibilidad de cualquier tipo de vínculo entre ellos.

El día de su muerte, en el escritorio de Chopin, fue encontrado un paquete hecho de papel especial y atado con cinta rosada en donde estaban envueltas como si fuera un pequeño ataúd, todas las cartas de María, cada pétalo de las rosas furtivas y sobre el mismo a manera de epitafio la palabra Moja Bieda, que en polaco quiere decir "mi tragedia"… pero tragedia en términos absolutos que abarcan tanto el ámbito físico y espiritual de manera devastadora.

En el maravilloso libro que el Maestro Alfred Cortot escribió sobre Chopin, pude enterarme que sobre la partitura original del Nocturno en Fa No 1 Op. 15 que estoy releyendo en estos días, están escritas las palabras Moja Bieda….

La plegaria de Ida Gramcko

No te puedo nombrar. No tienes nombre. Eres lo que se siente. Nunca lo que se explica. ¡Oh mi absoluto amado a quien descubro ahora sin que ninguna forma lo limite! Perdóname la antigua reflexión.
No eres lo que se piensa. Eres lo que se ama. No eres conocimiento, sino sólo estupor. No eres el perfil sino el asombro. No eres la piedra sino lo inaudito. No eres la razón sino el amor.
De la mano del ángel yo he ascendido a tu hallazgo que nunca es un concreto tesoro sino continuamente un descubrimiento inenarrable. El ángel, a mi lado. Sintió también intensa, más intensa que nunca, más intensa que con algo o con alguien, esa visión de inmensidad. Como con nadie, no porque cada caso es singular, sino porque aquel acto fue más hondo que todos lo suyos, como si recibiéramos de pronto un advenimiento infinito.
Y es inútil pensar en encarnarte. Eres lo que nunca se puede encarnar ni nombrar porque sólo nos juntas las manos y nos haces doblar las rodillas.
Déjame sentirte, ¡Oh infinitud, oh zona inmensa, dimensión sobrehumana, oh mi Dios, siempre con la piel deslumbrada tanto que el cuerpo se me vuelva luz! Déjame estupefacta, arrebatada, y déjame que vibre para siempre con la palpitación mía e íntima.
Quisiera ser aquella que permanece atónita, ante ti. La que no sabe de tu nombre, la que no sabe de tu forma. Ignorante si, pero una ignorante estremecida. Y que así sea.
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Nace en Puerto Cabello el 11 de octubre 1924 una de las más grandes poetisas de habla hispana, amada y solitaria. Sus poemas son como catedrales de luz y verbo. Por su inmensa obra tanto en poesía como en teatro, ha sido reconocida y premiada nacional e internacionalmente. Muere en Caracas, el 02 de mayo de 1994, dejando numerosa obra inédita. Actualmente y de manera inexplicable se encuentra en el olvido.

jueves, 3 de abril de 2008

La zanahoria de Ximena Benítez...



La zanahoria tiene espinas en los ojos

tiene tuertos los huesos

las manos cortadas

la cara rota

vieja la tela de sus vestidos

el pelo muerto


La zanahoria tiene vivos los callos

ha sido pisada por todos los pies

la zanahoria tiene la raíz del tamaño de la indiferencia

la tontería del bautizo con fuego

la pobre raicilla desconcierta

la pobre risa

la sombra erecta

la luna rota del aire

es la maldecida la malcabida la marinada hueca de los pasos


Zanahoria cortante sombra yerta

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Ximena Benítez Vargas. Artista plástico y poeta nacida en Caracas. Egresada de la escuela Cristobal Rojas y licenciada en artes visuales por el Instituto Armando Reverón y autora del poemario Temporales en Extramuro. Ha experimentado la estética de la palabra unida al evento plástico en una sola performance. Actualmente es profesora en el Instituto Armando Reverón.

La cebolla de Erica Jong...


Pienso otra vez en la cebolla, con sus dos bocas como oes, como hoyos abiertos en la nada. En la piel exterior, de un marrón sonrosado, que mondada descubre una esfera verdosa, calva como un Planeta muerto, versátil como el vidrio, de olor casi animal. Medito en su habilidad para arrancar lágrimas, en su capacidad de escudriñarse, despellejándose a sí misma, capa tras capa, en busca de su corazón que es simplemente otra región de su piel, pero más profunda, más verde. Recuerdo a Peer Gynt: medito sobre su corazón a veces doble. Luego pienso en la desesperación, cuando la cebolla busca su alma y encuentra sólo sus diversas pieles; y pienso en el seco manojo de infructíferas raíces, y en el ombligo abrasado, desechado en el jardín. No virtuosa como la patata proletaria, no una sirena como la manzana. No exhibicionista como el plátano. Sino una modesta, desdibujada verdura, inquisidora, introspectiva, pelándose hasta la desaparición, o simplemente generando halos como las olas de un lago. La considero la eterna forastera, el segundón de la familia, la triste psicoanalizada del reino vegetal. Glorificada solo en Francia (en otras partes, sólo silencioso pilar de sopas y guisados), nadie la ama por sí misma: ¿no es extraño que nos arranque lágrimas? Luego vuelvo a pensar cómo su piel exterior se parece al papel, cómo alma y piel son sólo una, cómo cada capa sustraída lleva un corazón que a su vez se hace piel…

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Erica Jong, novelista y poeta estadounidense, nació en 1942 en la ciudad de Nueva York, donde creció en el Upper West Side. Al igual que el protagonista de sus novelas, Isadora Wing, ella asistió a la Escuela Superior de Música y Arte, Barnard College, y la Escritura de División de la Escuela de las Artes en la Universidad de Columbia. Su primer libro de poemas, Frutas y Verduras, se publicó en 1971, y dos años más tarde ganó el Alice Faye di Castagnola Premio de la Sociedad de Poesía de América, así como un escrito de becas del Programa de Servicio de Creative Artistas por su segundo libro de Poesía, Half-Vive. Su tercera colección de poesía, Loveroot, se publicó en 1975, y su trabajo más reciente, Cómo Guardar los tuyos la vida, apareció en 1977.

miércoles, 2 de abril de 2008

La llama incesante de Carmen Cristina Wolf...

Dibujo de Oscar Sjöstrand


Nuestra vida navega por un mar no surcado, cuyas olas se persiguen en un eterno juego de niños. Es el infatigable mar del cambio, que alimenta sus manadas de espuma para perderlas una y otra vez, batiendo sus manos contra la calma del cielo. En medio de esta envolvedora danza guerrera de luces y tinieblas, tuya es amor, la verde isla donde el sol besa la tímida sombra del bosque y el silencio es cortejado por los pájaros que cantan.

R. Tagore.



¿Dónde está tu verdad, poeta? ¿Cómo encontrarla?... pero ella estará siempre allí, en los Hallazgos que suceden a tu sueño, al final de la búsqueda, en la trama de la existencia, en el esplendor, donde perdura y persiste su aroma, su textura esencial y verdadera, su misterio. Y es precisamente ése su misterio: hablar de lo huyente, de lo fugitivo, de lo imperdurable, de los aromas, y estar hablando al mismo tiempo de lo permanente, de lo que perdura. Qué bien entiendo tu verdad cuando nos dices: el misterio no se puede atrapar, sólo nos queda su aroma.

Me siento entonces en tu barca, como si fuera a surcar por primera vez ese mar (casi siempre embravecido), cuyas olas se persiguen en un eterno juego de niños. Y es en esa barca, en medio del inmenso mar, cuando recuerdo la importancia del rocío. Y a pesar de la violencia de los vientos, ella buscará la gentileza de la brisa del Sur... aquella que nos llevará a la verde isla. El viento y la barca: nuevamente esta inquietud, este afán de lo fugaz que se nos hace perdurable... o más bien ya sin tiempo, en donde nos espera la inasible y a la vez palpable flor de eternidad.

Con la lectura de tus pequeños poemas nos has devuelto al corazón del misterio inquietante de la vida. Hallazgos que iluminaron el instante con esa llama clara y humilde de lo verdadero en el sentido de lo auténtico... ya que la verdad, lo que tiene de cierto, son sus infinitas vertientes que ahora vemos contigo desde las ventanas de tu casa del alma…

Y si hablamos del alma, evocaremos esa llama que no cesa, verbo en flor que en amorosa eclosión hace a su vez que tú florezcas toda para nosotros, y nos entregues en un recatado secreto, tus confesiones del alma. La palabra adivinando la sombra de las cosas, El Verbo enamorado y el poema que encierra entre sus pétalos nuevamente el misterio: lo fugaz y lo eterno en un instante…

El Misterio del fuego, que, como el amor, todo lo transforma… ¿Qué nos traes?, le preguntamos entonces, y nos bastará sólo mirante para entender tu ofrenda, nadadora del fondo de nuestra mirada, que ves en nuestros ojos lo que está más allá de nuestros ojos, y sin pedir nada a cambio vienes delicadamente en medio del silencio para entregarnos todo tu amor y unos cuantos poemas.

El alma y la llama, lo arrebatado que deviene permanentemente, y la entrega… esa entrega enamorada que sólo entenderemos en soledad. El Incendio del alma, pasión de Ser y de permanecer también nosotros allí, en el centro, donde se producirá el encuentro deseado, el acoplamiento sagrado, para mirar hacia adentro y entender también el misterio y el milagro de la luz.

Pero al final, será a la sombra de un árbol o en un soplo de brisa, allí tan suavemente, donde encontraremos nuestros nombres, porque toda la tierra es sagrada. Y así, guiados por el fulgor de tu imagen, iremos desandando contigo el camino hacia la nada que somos, para encontrarnos con el todo y abrazar al Ser. Entonces, con la conciencia iluminada, con La Conciencia en vigilia, nos preguntaremos ¿Cómo hará el relámpago para rozar la eternidad?... he ahí el misterio que encierra esa flor del pensamiento, ese vínculo entrañable, esa respuesta, esa palabra…

martes, 1 de abril de 2008

La llegada de abril...


Abril… del latín Aprire: abrirse, entregarse. Símbolo de la floración, de la promesa, de la transición y mes en donde la tierra permite que ocurran todas las transformaciones. Los campos se colman de polen y de flores, la luz perdura más tiempo y los días se alargan. También es el símbolo de los retornos, que se patentiza en el regreso de las golondrinas. Las lilas que florecen en verano, también tienen un florecimiento delicado en abril por lo que también es llamado Veranillo de las Lilas…

La voz de Elsa Gramcko en el jardín...


Obra de Elsa Gramcko 1966 GAN Materiales diversos sobre Masonite


Estos cuatro poemas transcritos aquí, son paráfrasis mías sobre algunos poemas de la escultora y pintora Elsa Gramcko, sobre notas e imágenes que alcancé a copiar en el jardín de la casa de Elizabeth Schön, escuchando los originales de muchos que leyó su esposo Carlos Puche luego de su muerte. Esa tarde, estuvieron presentes en la lectura, y en medio de una floración de orquideas, Elizabeth Schön, mi hermana Ruth, Oscar Sjöstrand, y Belén Ojeda. Los poemas formaban parte de un cuaderno-poemario con numerosos poemas, que luego de la muerte de Carlos Puche guardó Elizabeth y que lamentablemente se han perdido. Sin embargo la trascripción que nos leyó Carlos Puche esa tarde y sobre los cuales realicé las notas, estaban mecanografiados en hojas aparte.

Constituye una experiencia única el escuchar aunque sea un eco de la voz poética de esta gran escultora y pintora venezolana, de esta forjadora de la materia. Otra forma más de vincularse con la vida, trascendiendo a través de la palabra…. tan cercana a su hermana, la poeta Ida Gramcko. En el último poema, de manera conmovedora aparece un jardín… a mi parecer, este jardín, se vincula con el jardín presentido y alargado de Ida, que aparece en uno de los primeros poemas que escribió de niña: Y el alma que se alarga como un cesto presintiendo el jardín.

I
Esta voz de adentro
que termina su proyección en el borde
como concluye la ola

Es el drama de un cielo alcanzable
a la mirada

Mas son las manos y el amor los que te tocan
los que te palpan
para levantar este muro de fortalezas
con el poder y la movilidad del mar



II
Necesidad de levantarla
de entender y amar al desamparo
porque respirar es un acto de amor

Entonces eres tú quien me toca
quien me arropa
quien me diluye
con esa fuerza que otorga tu incomprensible
absoluta libertad



III
Un círculo intensamente rojo
entre el adentro y el afuera
¿Cómo entenderlo?
El anhelo que se ha formado y transformado a la intemperie
hermano de una puerta abandonada

El miedo al desamparo
y todos los retornos
Aquello que me impulsa a tener estos encuentros con la luz



IV
Resurgir
transfigurada por una voz interior
estado del fuego antiguo y olvidado
que le permite vincularse con una roca sobreviviente
del viento, de la sal
Estar despierta y lúcida en el medio del jardín
para darse
para entregarse



Elsa Gramcko (Puerto Cabello, 1925 – Caracas, 1994) artista plástico ganadora de muchos reconocimientos nacionales e internacionales por su obra. En palabras de Juan Carlos López, su propuesta plástica de se conecta con las investigaciones y teorías que el psicólogo Carl Jung desarrolló sobre las experiencias místicas de los alquimistas medievales. A partir de allí, la artista realizó una obra que constituye todo un recorrido espiritual, un autoanálisis en busca de lo más hondo de su ser. “Elsa Gramcko proyectó sobre la materia, como hicieron los antiguos religiosos, las imágenes arquetípicas más íntimas, resultado de su búsqueda por las moradas del alma”…