viernes, 7 de marzo de 2008

Las imágenes olvidadas de Claude Debussy...

Yvonne Lerolle pintada por Maurice Denis


Aunque Claude Debussy publicó prácticamente todo lo que sintió musicalmente, permanece oculto debajo de su enorme obra, un enigma, un misterio, una pasión madura y secreta que no sólo involucra el contexto de su música, sino a su propia vida. Fue apenas en el año 1977 (ochenta y tres años después de que fueran compuestas) que de manera callada y sin mayor revuelo, el editor Theodore Presser publicara en su conjunto, tres piezas de Debussy con el nombre de Imágenes Olvidadas (images oubliées).

Por qué ese olvido, por qué durante tantos años, Debussy quien era extremadamente acucioso para que su obra fuera publicada e interpretada, mantuvo en secreto estas pequeñas joyas musicales?

Durante mucho tiempo, un juego de copias manuscritas de las piezas estuvieron guardadas en los archivos de la colección del gran pianista francés Alfred Cortot. Gracias a su esmerado cuidado, todavía aparece en la primera imagen el siguiente prefacio de puño y letra de Debussy:
Puede que estas “imágenes” sean aceptadas por la señorita Yvonne Lerolle con un poco de la alegría que tengo en dedicárselas.

Si seguimos leyendo los manuscritos, sobre el inicio de la segunda pieza Recuerdo del Louvre (souvenir du Louvre) veremos la reiteración de la ofrenda:.. a la señorita Yvonne Lerolle.

En el intento de maqueta con formato italiano para una posible publicación en 1896 que apareció sin dedicatoria expresa entre los papeles del compositor, en el prefacio dice claramente que
“estas imágenes jamás deben ser tocadas en los salones brillantes e iluminados… ellas son conversaciones secretas con uno mismo…”

Antes de seguir preguntándonos por qué Debussy mantuvo esta reserva, y con la esperanza de encontrar allí la respuesta, pasamos a preguntarnos quién era esta señorita Lerolle, dueña según las primeras evidencias de estas imágenes, de estas joyas exquisitas y secretas.




Yvonne y Christine Lerolle pintadas por Renoir


Yvonne Lerolle, nacida en 1877 e hija del famoso pintor simbolista Henry Lerolle fue vista la primera vez por Debussy en la casa de su padre en la primavera del año de 1894, cuando ella contaba sólo 17 años. Ella misma a decir de Debussy era la primavera. Este esplendor y la belleza naciente de la señorita Lerolle fue captada en el cuadro que de ella hiciera (justamente esa primavera) el pintor Maurice Denis y que reproducimos como prefacio de este escrito.

El encuentro de almas entre el compositor (ya de 32 años) y la muchacha duró apenas el transcurso de esa primavera, pero fue lo suficiente profundo y abarcante para mantenerse en el tiempo. La manera en que Debussy -de por si perfeccionista al extremo- describe el talento musical y el sonido en el piano de la señorita Lerolle nos muestra que la consistencia y el cuerpo de esa unión y de ese vínculo tenía algo más que efusión y enamoramiento primaveral. Las consideraciones que Debussy vierte sobre la personalidad y la inteligencia de la muchacha, así como las referencias a las conversaciones sobre el impresionismo, el simbolismo literario y toda la revolución estética en ciernes... pero sobre todo el silencio que mantenían en los jardines atardecidos de la casa del pintor, nos deja constancia de ello.

Extremadamente sensible al Eterno femenino, Debussy quedó para siempre marcado por ese encuentro y contradictoriamente al título póstumo que le impusieron a la piezas, nunca pudo olvidar la imagen de Yvonne… así dos años después en 1896 reitera la ofrenda de estas imágenes en el manuscrito que retuvo por tanto tiempo en reserva el maestro Cortot.

Debussy nunca quiso hacer públicas estas imágenes, así como tampoco el amor sublime que mantuvo hasta su muerte por la mujer y la pianista. Ella por su lado, a pesar de la notoriedad que le hubiera aportado el hecho de tener los manuscritos originales dedicados por el ya famoso compositor, también guardó el secreto y el amor por ella profesado, como la joya más preciada… tal vez y solo compartido con el joven pianista y futuro confidente Alfred Cortot (Nyon, 26 de setiembre de 1877 - Lausana, 15 de junio de 1962). Es muy conmovedor leer en las páginas de los diarios del maestro Cortot, la descripción delicada y nostálgica del rostro de la ya anciana Lerolle, cuando escondidos en los salones del conservatorio, estudiaban las partituras. Es a él, al Gran Cortot, al último romántico, a quien le debemos sin duda que estas imágenes olvidadas hayan llegado de manera madurada, acrisolada como el amor, a nuestras manos, a nuestros oídos y a nuestras almas.

El Maestro Alfred Cortot

Edgar Vidaurre

5 comentarios:

Gabriela Lovera dijo...

¡Qué interesante, Edgar! Me encantaría escuchar esas imágenes. Mil gracias por visitar mi blog y por tus comentarios. Yo estaré pendiente de visitarte a mi vez. Muy bueno tu artículo.
Recibe un saludo,
Gabriela Lovera

edgar vidaurre dijo...

Gracias Gabriela... efectivamente estas piezas son de una belleza especial...únicas. Voy a ver como hago para hecerte llegar un track de ellas tocadas por el Maestro Cortot, y si algún día nos conocemos personalmente, podría tocarlas para ti.

Gracias por tu comentario

Gabriela Lovera dijo...

Caramba, Edgar. Qué maravilla que seas músico. Me encantará conocerte y escuchar esas piezas. En estos momentos vivo en Madrid, pero en cuanto vaya a Venezuela, pues me pondré en contacto.
Por cierto, te agradezco muchísimo el ofrecimiento de publicación en tu editorial. Es muy generoso y me gustaría poder hacerlo.
Quisiera reeditar "Atrabiliario".
¿Cómo me pongo en contacto contigo?
¿Tienes alguna web de tu editorial?
En fin, son muchas cosas a la vez.
Recibe mis saludos,

Gabriela :-)

edgar vidaurre dijo...

querida Gabriela... que maravilla que andes por allá. Europa es incomparable, aunque mi experiencia y mi vivencia larga fue más que todo en Italia. Bueno Editorial Diosa Blanca ha editado 34 libros (entre ellos los últimos 6 libros de Elizabeth Schön). Trabajos Silva Estrada y de otros poetas venezolanos. La última aventura será la de publicar "La vida de María" de Rilke. Estamos tu orden. Si quieres el e-mail de la editorial es: editorialdiosablanca@gmail.com

Sería una gracia y un honor tenerte publicada allí...

nos mantenemos en contacto

Gabriela Lovera dijo...

Pues el honor y el gusto y la gracia son míos. En verdad, que es muy generoso tu ofrecimiento. Te escribiré al correo electrónico cuando haya terminado de ensamblar de nuevo el poemario. Ya me dirás qué opinas y si aún así continúas queriendo publicarlo. De todas formas seguiré en contacto por este medio.
Recibe mis saludos,

Gabriela :-)