viernes, 28 de marzo de 2008

ARABESCO... cuento breve de Alejo Urdaneta


Por la ventana del apartamento salían las notas de "Arabesque", de Debussy. Desde la calle, él se quedaba extasiado escuchando el engranaje que parecía cascada que corre sobre alfombras y sube al alféizar del ventanal para prenderse de los árboles. Escuchaba, y su imaginación le presentaba a una bella mujer frente al piano, con vestido blanco y manos como teclas.
Después de muchos días en esa actitud reverente, decidió llegar al apartamento mágico para ofrendar admiración y, quizás, una pasión sin límites.
Ha subido los peldaños, mientras escucha la música, y está ante la puerta, que se abre sin esfuerzo cuando la toca. En la semipenumbra de una sala, un piano y muebles belle époque; y en la pared central, el lienzo de Renoir que representa una lección de piano con dos bellas jóvenes descubriendo el arte de la música.



miércoles, 26 de marzo de 2008

La soledad de Oswaldo Vigas...


En un bello intercambio de soledades y secretos con la también bella poetisa puertorriqueña Mairym Cruz-Bernal, ella me hablaba de cómo, en la noche, su soledad estremecida ante la inmensidad del cosmos, se mecía acompasada por los astros (especialmente por la luna). Dándole la razón, yo le agregaba que la fuerza que regía a esos astros era la misma fuerza que nos regía a nosotros. Que cómo ellos, estábamos sometidos a esa irresistible gravitación y que también como ellos brillamos en soledad. De alguna manera en ese momento evoqué una cita conmovedora de Aldous Huxley que conseguí en el libro El Arte de mi amigo Alejo Urdaneta: “Los mártires entran en el circo tomados de la mano, pero son crucificados asiladamente. Abrazados, los amantes tratan desesperadamente de fusionar sus aislados éxtasis en una sola autotrascendencia; pero es en vano. Por su misma naturaleza, cada espíritu con una encarnación, está condenado a padecer y gozar en soledad…”

A mi llegada de un viaje a Praga y Budapest, y por la magia de esas sincronías celestes, compartí la sensación plena de la soledad con las poetisas Carmen Cristina Wolf y Beatriz Alicia García a través de la canción de Purcell: Oh! Solitude escrita sobre un poema de Katherine Philips. Igualmente le comentaba en estos días a la poetisa Gabriela Lovera Montero -a razón de su estupendo poema-juego “Elección Multiple: en que se asemejan el amor y la muerte?”- que ambos sucesos se asemejan en la certeza de que serán padecidos en soledad. Se suma a este recuento de solitudes las conversaciones sobre el buen camino que la poetisa Astrid Lander recorrió en soledad hacia el centro de sí misma y por último y desde su infinita soledad, la poetisa Mariela Casal en diciembre pasado, cuando me bautizó con la belleza de su gesto, regalándome el libro de los grandes solitarios.

Como se puede ver, el brillo de estos sentires solitarios, ha estado siempre y contradictoriamente acompañado bajo el influjo de esa fuerza (hoy es luna llena). Como epílogo de esta crónica concurrida sobre la soledad, anoche estuve soñando con el Maestro Oswaldo Vigas; con su presencia sensible y convocante de todo aquello que justamente nos hace brillar. El año pasado había estado en su casa almorzando, gracias a la invitación y a la compañía de Carmen Cristina Wolf. Aún resuena nuestra conversación sobre Dios, la fe, el hombre y su incertidumbre. Me acuerdo que el Maestro se conmovió cuando hablábamos de Palestrina y su Missa Nigra Sum (…Morena soy… del Cantar de los Cantares), y ante la pregunta que nos hacíamos con mi hermana Ruth, sobre si Dios estaría oyendo esa alabanza, o si por el contrario era en vano todo ese esfuerzo y toda esa belleza que arrojábamos al vacío… de aquel silencio elocuente donde no cabía una respuesta bajo el contexto de la razón, nos surgió de manera revelada, la convicción de que Dios si escuchaba a través de nosotros… que nosotros no éramos nosotros si no el universo haciéndose auto-conciente de sí mismo en estos fugaces y frágiles cuerpos… que el hombre no era una individualidad ni una carnalidad en si-misma, si no el producto conciente, la conciencia de ese universo...
-
Y he aquí que me encuentro esta noche leyendo el poema del Maestro Vigas sobre la soledad, purificando en él mi propia soledad con esas aguas que brotan quien sabe de dónde ni por qué… entendiendo de otro modo esa verdad: que no somos individuales, que a medida que vivimos nos vamos despojando de todo, para que solo quede el brillo…

Mirando sobre el horizonte a la estrella Aldebarán de la constelación del Toro, y ante el sentido lamento del Maestro Vigas por no saber comunicar debidamente sus afectos, quisiera en este instante abrazarlo. Decirle que brilla esplendorosamente, que su brillo nos abarca y nos guía, que me he sentido inmensamente acompañado... que él nos ha dado todo, que se ha entregado y gastado en el nombre de la belleza… y que no ha sido en vano. Que hoy, esta noche, solo, profundamente solo, también quisiera despojarme y detenerme junto a él, quedarme quieto saboreando la soledad que me rodea, cerrar todas las puertas y abrir hacia mi patio una sola ventana para que las ranitas japonesas llenen mi soledad con su canción... esta vez llena de sentido, de conciencia , de verdad y de la fuerza acompasada del universo…



Poema " Desde hace mucho tiempo" del Maestro Vigas


Desde hace mucho tiempo
me estoy quedando solo sin darme cuenta.
Las reuniones sociales no me interesan
ni las cenas, los matrimonios en las sinagogas,
los vernisages, los bautizos literarios.
Las gentes que me observan actúan en consecuencia.
Ese es un hombre solo
tiene los ademanes de quien se ha pasado la vida
caminando en el desierto entre lagartijas
perros abandonados y serpientes.
Miran y desconfían porque saben
que aunque ahora simula estar acompañado
de optimistas ideas
ya saldó todas sus cuentas.

Me estoy quedando solo
y tampoco los otros
los que me han comentado del amor
de la amistad y el sexo que no aparenta soledades
se dan cuenta.
Me han dicho que tengo muy bien organizados
todos mis movimientos
mi vida planificada, ordenada y aséptica
pero no es cierto,
no sé comunicar como es debido mis afectos
me quedo entre dos aguas como un pez en la arena
respirando dificultosamente
me voy hasta mi patio con un bello proyecto
pero los diminutos batracios
las ranas japonesas
no tienen sentimientos
y yo que los tengo en abundancia
no sé comunicar cuánto de mí se espera
estoy siempre en retardo
siempre diciendo lo que no estaba en el libreto
un cuarto de hora en el pasado
actuando en otra pieza.
Me estoy quedando solo sin contratos
organizando encuentros
representaciones
fiestas
quisiera detenerme
quedarme quieto saboreando la soledad que me rodea
cerrar todas las puertas
y abrir hacia mi patio una sola ventana
para que las ranitas japonesas llenen mi soledad
con su canción sin sentimientos…

Caracas, 8 de sepiembre de 1984

martes, 25 de marzo de 2008

El Astrónomo... de Maite Ayala


Es maravilloso leer y ver, cómo de una manera tan natural se elevan ante nosotros esos poemas de Maite… poemas de largo aliento (los más difíciles)...

Leyendo su poema El Astrónomo entendemos esa verdad; esa inmensidad, presentida, imaginada y vista a través de un ejercicio interno, secreto, encerrado dentro de los espacios de un cuarto, como en una especie de sortilegio o conjuro en donde al igual que los antiguos magos, el ojo ve a través del cristal...Pero como la poeta lo prefigura, si vamos aún más internamente, más adentro, llegaremos a su propio corazón, donde el fulgor de Dios se refleja con todo su misterio. Y allí no habrá mapas cósmicos, ni compases o instrumentos de medición... sólo anhelo y vibración: una mirada transida detrás de las ventanas donde se derrama y se esparce la leche sagrada. Entonces, desde allí, en ese papel, en ese círculo, en ese anillo, no sólo se sostendrá el Astrónomo... pues el cosmos también será sostenido en el éxtasis de su asombro...



El ASTRÓNOMO

El astrónomo inicia su búsqueda
hacia lejanías que sus ojos no han visto
dentro del cuarto repleto de objetos
los cuales usa y deshecha todo el tiempo
les digo que el que mayormente le representa
es uno con la circunferencia de vidrio
que le acerca al hechizo de la aparente noche
pero ésta en realidad no es tal
pues el universo fulgura sin cesar
ni descanso, rota preciso
además una y otra vez
ante su mirada se expande
el enigma, el misterio
algo más inmenso e interconectado
que el mundo geográfico
estudiado tantas veces
en los mapas redondos o en forma de folios
desde su curiosidad infantil que jamás
nadie doblegaría, aunque quisiera_ aunque tratara
gracias a la maciza temperancia de carácter
y a la voluntad de trabajo que los demás le atribuían.
A través de la ventana el telescopio
le acercará a más de una estrella
planeta, meteoro, concavidad, materia no luminosa,
agujeros negros y cometas.

Cada noche desde aquí observará la Vía Láctea
y la Constelación de la gran Osa Mayor
tomará papel, pluma, instrumentos de medición, un compás
y hará un punto- un círculo- un anillo
sobre el cual sostenerse.


Maite Ayala
Enero, 02 – 2008


Maite Ayala Brandt

Poetisa Nacida en Caracas. Abogado por la Universidad Santa María con estudios de letras en la Universidad Católica Andrés Bello

Tallerista de expresión literaria en el Celarg 2003/2004. Igualmente participante durante el año 2003 en el Taller sobre la obra de Rafael Cadenas, 2004 en el Taller sobre 6 tragedias Griegas con enfoque Jungiano, Taller por concurso en la Fundación para la Cultura Urbana dictado por Rojas Guardia, así como del taller de poesía Monteávila dictado por la poeta Edda Armas.

Obra publicada

"EL SILENCIO DEL ÁRBOL"
Editorial Diosa Blanca Caracas 2005

Antologías

Voces Nuevas Celarg
Desde el Patio del Limonero, ediciones Pez soluble

lunes, 24 de marzo de 2008

Poemas de El lamento de Ariadna...

Todo lo que para ti es cielo y viento
Se hace piedra aquí adentro

Una gran sombra
Salvo ese último rincón
Donde están mis manos
Y mi corazón

Una inclinación
Una puerta cerrada
Una inquietud por escuchar
Aquella rama en el viento que quiere florecer

Florecer es entregarse a la luz
“Mas yo debo madurar
Y eso es sufrir y ser oscura”

**

Apartada
Separada de la luz

Aquí todo es amplitud
Y el rostro del deseo
Como una imagen de piedra sobre el vacío

Camino a tientas tocando este lado del muro
El ojo de la cerradura
Lo oscuro de esta puerta
Y el eterno corazón de su hondura

Nadie se atrevería a forzarla
Nadie de adentro
Nadie de afuera

En mi sueño él
Tan ilimitado
Transformándose
Como un árbol en la noche

**

Me asomo a la ventana
Envuelta por el viento
Apenas los ojos en el borde
“Y un poco más de mi misma
Incluso mis manos leves”
Sobre esta casa de agua
En esta estancia de la que soy la dueña

Una ofrenda tierna y abierta
Como el interior de una fruta

**

Tú jamás lograrás verme
Porque no te has visto

En esta estancia donde estoy oculta

No te tocaré
Sólo te iluminaré

Amarte con los ojos
Creer que va a ser mía
Toda la seducción de tu boca
Aún no sonreída

Y entregarme a todo esto
A todas estas cosas

**

Dame de beber…

Entonces yo estiraba mis dedos húmedos
Hacia tu boca

Tú apartas los ojos
Y miras hacia el muro
Con una de tus manos
Agarrando fuertemente la mía

Un rostro hendido contra el fuego
Para purificar la mirada
Para abrir esta puerta abandonada

¿Quién se atreverá a atravesar la noche?
Tú…tú te atreverías

viernes, 21 de marzo de 2008

El avioncito que podía hacerlo... cuento del niño Juan David Vidaurre


El avioncito que podía hacerlo…



“un cuento para niños menores de un segundo de nacidos…”

Había una vez un avioncito que lo logró hacer.

FIN

Comentarios:

Dice el creador: me gustó la parte en la que dijo: un avioncito que lo logró hacer; pero odié la parte en la que dijo: había una vez. Además me encantó la gran cantidad de comentarios que hay.

PD.- (qué desperdicio de páginas Dios mío…)
Prd prd prd

lunes, 17 de marzo de 2008

El Simbolismo y El Impresionismo: el alma y la mirada… por María Alexandra y Edgar Vidaurre


María Alexandra y su padre... o sea, yo

El Simbolismo como concepto estético surgido del manifiesto de Jean Moréas en Septiembre de 1886, fue un movimiento de gran repercusión pública e internacional que pudo difundirse sin dificultad, siendo que su originalidad y su principio esencial no radicaban en la técnica aplicada y desarrollada en función de la obra de arte, sino en el contenido esencial propiamente dicho de la obra. Tal como decía Ary Renan en una frase aplicada al simbolismo: -con la técnica más conocida, siempre se podrá “materializar el universo del sueño”-.

El proyecto de El Simbolismo tuvo múltiples precedentes tanto en la literatura como en las Artes plásticas. En Inglaterra, el poeta y pintor William Blake con su arte místico y profundamente simbólico, en Alemania Phillip Runge con sus mujeres-auroras, en Francia Rodolphe Bresdin con sus jardines y sus corrientes de agua. En palabras de Georges Albert Aurier “La obra de arte debería ser a un mismo tiempo ideista, es decir, representativa de una idea, simbolista para expresar esta idea en formas y sintética para proporcionar a estas formas una significación general. Asimismo, esta creación artística debería ser subjetiva, decorativa y emotiva; debería provocar un Estremecimiento del alma”. Constituye pues el Simbolismo, un camino que al igual que otras tendencias y revoluciones estéticas, son herederas directas de los principios románticos y revelan un esfuerzo consciente o inconsciente por desembarazarse del formulismo académico.

Aunque igualmente impulsados por la revolución estética en contra del excesivo academismo, muy al contrario de los simbolistas, el Impresionismo (precedido por las posturas de los Macchiaioli italianos y el naturalismo alemán, quienes hicieron un esfuerzo por representar objetivamente el fenómeno físico de la incidencia de la luz sobre los objetos), surge como manifestación, casi clandestina, de un pequeño grupo de pintores franceses que desde los años 60 aspiran con una pureza y una libertad oculta para el resto del mundo, a captar la impresión inmediata que produce la visión de lo natural, generalmente al aire libre, y en donde la técnica juega un papel primordial a través de un proceso rápido y directo de pinceladas sueltas y colores puros. Luz y color con todas sus vibraciones capaces de captar la atmósfera del momento. Solo en un sentido amplio puede calificarse el proyecto impresionista, como aquella inquietud estética por los valores de la luz y de la atmósfera más que por el tema. Este concepto absolutamente solitario y sin antecedentes, es una experiencia que no puede ser asimilada a ninguna otra, alejándose de cualquier elemento esencial de contenido, de circunstancias histórico-políticas, problemas filosóficos y el academismo en general. Técnicamente se caracterizan por la preferencia a los paisajes, la utilización de la luz natural, las actitudes cotidianas, los argumentos intrascendentes y todo lo que varía y se transforma en función del tiempo como el agua, las nubes, el humo, así como la diversa forma que tienen los objetos sobre la luz que inciden en ellos.

Como ejercicio comparativo entre los elementos individuales de ambas tendencias haremos un intento de análisis de una obra simbolista y una obra impresionista, en donde a nuestro parecer, quedan evidenciadas las características esenciales de ambos movimientos.


Beata Beatriz: Dante Gabriel Rossetti

Hemos escogido como ejemplo simbolista la obra del pintor Dante Gabriel Rossetti: Beata Beatriz. En este cuadro se nos revela la mujer como centro por donde todo pasa y ante la cual también todo sucumbe por su irresistible presencia. Se instaura así una meta-imagen donde la mujer ejerce un poder casi hipnótico sobre la compleja sensibilidad de los hombres. La mujer como símbolo, como ideal, la Beatriz del Dante convertida en ídolo, enhiesta como una torre y en actitud mística, intocable. También podemos apreciar una paloma con una rama de oliva en el pico como símbolo de paz, casi llegando a posarse en sus manos. Más al fondo, un reloj simbolizando al tiempo y al los costados del símbolo femenino, la luz y la sombra. Como vemos, es el contenido esencial de la obra lo que se nos impone en primer lugar y no la técnica. Es lo imperecedero inmutable lo que constituye el afán y la inquietud simbólica del autor y es desde allí donde crea para generar la sensación y el efecto de la obra.


Amanecer: Claude Monet

En el ejemplo del impresionismo tenemos a Claude Monet: Amanecer. En esta obra, se capta justo un momento: el amanecer, que surge de una calidad emotiva y no realista, una reacción sensual ante el mundo visual. Se aprecian los efectos luminosos en este caso tomados con la textura de la primera luz. También podemos ver un estudio del agua y sus reflejos. Captando la verdad óptica, se logran fragmentos de color que sirven para representar el efecto del reflejo en el agua. El método más eficaz que usa para obtener una impresión atmosférica instantánea, consiste en usar pequeños relámpagos de color puro, aplicados en el lienzo libre y rápidamente. Vemos aquí, como se representa el contenido y afán del concepto impresionista del arte, el momento, el "instante en su pureza", la luz, el agua y el contraste de ambas texturas. Es eso lo que inquieta al artista y es su voluntad para lograr plasmar la impresión del instante, lo que determinará la técnica: La belleza del cuadro en si misma, la belleza por la belleza sin que esté implícito nada más.

viernes, 7 de marzo de 2008

Las imágenes olvidadas de Claude Debussy...

Yvonne Lerolle pintada por Maurice Denis


Aunque Claude Debussy publicó prácticamente todo lo que sintió musicalmente, permanece oculto debajo de su enorme obra, un enigma, un misterio, una pasión madura y secreta que no sólo involucra el contexto de su música, sino a su propia vida. Fue apenas en el año 1977 (ochenta y tres años después de que fueran compuestas) que de manera callada y sin mayor revuelo, el editor Theodore Presser publicara en su conjunto, tres piezas de Debussy con el nombre de Imágenes Olvidadas (images oubliées).

Por qué ese olvido, por qué durante tantos años, Debussy quien era extremadamente acucioso para que su obra fuera publicada e interpretada, mantuvo en secreto estas pequeñas joyas musicales?

Durante mucho tiempo, un juego de copias manuscritas de las piezas estuvieron guardadas en los archivos de la colección del gran pianista francés Alfred Cortot. Gracias a su esmerado cuidado, todavía aparece en la primera imagen el siguiente prefacio de puño y letra de Debussy:
Puede que estas “imágenes” sean aceptadas por la señorita Yvonne Lerolle con un poco de la alegría que tengo en dedicárselas.

Si seguimos leyendo los manuscritos, sobre el inicio de la segunda pieza Recuerdo del Louvre (souvenir du Louvre) veremos la reiteración de la ofrenda:.. a la señorita Yvonne Lerolle.

En el intento de maqueta con formato italiano para una posible publicación en 1896 que apareció sin dedicatoria expresa entre los papeles del compositor, en el prefacio dice claramente que
“estas imágenes jamás deben ser tocadas en los salones brillantes e iluminados… ellas son conversaciones secretas con uno mismo…”

Antes de seguir preguntándonos por qué Debussy mantuvo esta reserva, y con la esperanza de encontrar allí la respuesta, pasamos a preguntarnos quién era esta señorita Lerolle, dueña según las primeras evidencias de estas imágenes, de estas joyas exquisitas y secretas.




Yvonne y Christine Lerolle pintadas por Renoir


Yvonne Lerolle, nacida en 1877 e hija del famoso pintor simbolista Henry Lerolle fue vista la primera vez por Debussy en la casa de su padre en la primavera del año de 1894, cuando ella contaba sólo 17 años. Ella misma a decir de Debussy era la primavera. Este esplendor y la belleza naciente de la señorita Lerolle fue captada en el cuadro que de ella hiciera (justamente esa primavera) el pintor Maurice Denis y que reproducimos como prefacio de este escrito.

El encuentro de almas entre el compositor (ya de 32 años) y la muchacha duró apenas el transcurso de esa primavera, pero fue lo suficiente profundo y abarcante para mantenerse en el tiempo. La manera en que Debussy -de por si perfeccionista al extremo- describe el talento musical y el sonido en el piano de la señorita Lerolle nos muestra que la consistencia y el cuerpo de esa unión y de ese vínculo tenía algo más que efusión y enamoramiento primaveral. Las consideraciones que Debussy vierte sobre la personalidad y la inteligencia de la muchacha, así como las referencias a las conversaciones sobre el impresionismo, el simbolismo literario y toda la revolución estética en ciernes... pero sobre todo el silencio que mantenían en los jardines atardecidos de la casa del pintor, nos deja constancia de ello.

Extremadamente sensible al Eterno femenino, Debussy quedó para siempre marcado por ese encuentro y contradictoriamente al título póstumo que le impusieron a la piezas, nunca pudo olvidar la imagen de Yvonne… así dos años después en 1896 reitera la ofrenda de estas imágenes en el manuscrito que retuvo por tanto tiempo en reserva el maestro Cortot.

Debussy nunca quiso hacer públicas estas imágenes, así como tampoco el amor sublime que mantuvo hasta su muerte por la mujer y la pianista. Ella por su lado, a pesar de la notoriedad que le hubiera aportado el hecho de tener los manuscritos originales dedicados por el ya famoso compositor, también guardó el secreto y el amor por ella profesado, como la joya más preciada… tal vez y solo compartido con el joven pianista y futuro confidente Alfred Cortot (Nyon, 26 de setiembre de 1877 - Lausana, 15 de junio de 1962). Es muy conmovedor leer en las páginas de los diarios del maestro Cortot, la descripción delicada y nostálgica del rostro de la ya anciana Lerolle, cuando escondidos en los salones del conservatorio, estudiaban las partituras. Es a él, al Gran Cortot, al último romántico, a quien le debemos sin duda que estas imágenes olvidadas hayan llegado de manera madurada, acrisolada como el amor, a nuestras manos, a nuestros oídos y a nuestras almas.

El Maestro Alfred Cortot

Edgar Vidaurre

jueves, 6 de marzo de 2008

Gaudí y lo Kitsch: la estética y sus límites... María Alexandra Vidaurre (diseñadora y artista plástico)


Cabe aquí la pregunta ¿cual es el límite de la estética?. ¿Es la estética un concepto que sólo atañe al fenómeno artístico?....Ya Heidegger nos planteaba en su obra El origen de la obra de arte, que: “La esencia del arte sería pues, esta: el ponerse en operación la verdad del ente. Pero hasta ahora el arte tenía que ver con lo bello y la belleza y no con la verdad. Aquellas artes que crean tales obras se llaman bellas artes a diferencia de la artesanía que confecciona útiles. En el arte bello, no es bello el arte, sino que se llama así porque crea lo bello. Al contrario, la verdad pertenece a la lógica. Pero la belleza se reserva a la estética....”

¿Se podría decir entonces que el límite de la estética es la belleza?. Tal vez, ha sido el Modernismo el que ha ensanchado los límites de la estética y del Arte propiamente hablando con su movimiento Art Nouveau. La absoluta libertad creadora y la gran transculturización que caracterizó al Modernismo, ensanchó lo horizontes estéticos de tal manera que hoy por hoy se ha llegado a lo que llamamos la Globalización del arte y del Gusto por el arte.

Hoy en día es muy difícil establecer diferencias y límites entre lo que debe llamarse arte y las manifestaciones estéticas aledañas a éste como podrían ser la artesanía, o lo que se ha venido conceptuando como artisticidad. En este punto, la sociedad de consumo ha determinado por su parte y por los efectos financieros que envuelven a la llamada economía del arte, la dinámica estética en cuanto a los efectos buscados por la mayoría de los consumidores de arte, por así decirlo, y la actividad de los artistas.

El kitsch, resume como concepto, el fenómeno altamente dinámico que rige la estética desde hace algún tiempo. Ya no son los artistas renovadores quienes dirigen el curso del fenómeno artístico desde el punto de vista estético conceptual, sino será el consumidor, el observador, el diletante en el mejor de los casos quien dará la pauta sobre el gusto artístico. A nuestra manera de ver las cosas, El Kitsch recoge apenas un aspecto derivado del fenómeno estético moderno, y además de una manera muy simplista, pues aunque es cierto que una buena parte de las manifestaciones artísticas de la modernidad están signada por el llamado Kitsch, en cuanto a que los fines del arte son el producir efectos en el público de la manera más fácil posible, no es menos cierto que el arte está en permanente evolución y en el vértice más profundo de su génesis siempre estará involucrada la más alta potencialidad humana, más allá del simple consumismo que permite lo que podríamos llamar la falsificación del arte, ya que sin lugar a dudas se encuentra muy lejos de la verdadera naturaleza humana en sí misma considerada.

En el caso el Gaudí, consideramos que la excentricidad y la exageración que caracteriza su obra no pueden ser atribuidas a ese fenómeno estético efectista determinado por lo que se llama El Kitsch. Lejos de estar determinado por el patrón global y consumista del gusto de un público específico que gusta de determinado efecto estético, creemos sinceramente que la obra de Gaudí responde a un impulso muy interno y profundo del artista, quien no sólo dio muestras claras y fehacientes de la ética del arte en su obra en sí, sino en su vida misma, vida profundamente alejada del correteo mundano, con elementos casi monásticos en especial hacia el final de la misma. Nadie que vea el Palacio Güell o la Casa Batlló o la Pedrera, puede negar el evidente alejamiento de lo corriente y superficial en la obra de Gaudí. Es verdad que el ver esas obras provoca de inmediato un efecto ampliamente perturbador, pero en todo caso ello obedece al profundo carácter libérrimo y a un ilimitado poder creador de Gaudí quien como ya dijimos siendo un gran innovador y el gran representante de la arquitectura modernista, nada tiene que ver con la elegancia decadente, refinada y graciosa del Art Nouveao y mucho menos con el llamado Kitsch.

Tal vez y en razón del título de estas consideraciones “Gaudí y lo Kitsch: la estética y sus límites” podríamos agregar que el profundo efecto que produce cualquiera de las obras de Gaudí, jamás podrá atribuirse a una intención predeterminada de provocar de una manera fácil e inmediata efectos estéticos en el observante mediante una actividad cercana a la frontera de la llamada artisticidad, si no muy por el contrario, nos estremecemos por la virtud y el gran carácter de la obra de Gaudí que nos impone estructuras poderosamente asentadas en un Arte que por la gracia de su libertad creadora ensanchó los límites de la estética hacia formas quizá aún no superadas.

Hotel... de la poetisa Mariela Casal (poesía-video)


He leído (a veces con los ojos cerrados) el poemario Hotel de la poetisa Mariela Casal, tratando de traspasarlo, de llegar al lugar propuesto. Sin embargo, cuando abrimos los ojos para ver el video que complementa y termina de confirmar la propuesta de esta experiencia poética, nos damos cuenta de que somos nosotros los traspasados por ella de manera ascendente y a la vez hacia adentro. El ascenso que se patentiza en el video, donde la propia poeta va subiendo escaleras durante catorce estaciones, contrasta con esa voz espectral, casi inaudible y que se confunde a veces con su propia respiración.


Emprendemos entonces el ascenso hacia adentro, en un viaje que nos llevará hacia lo invariable de nosotros mismos, a aquello que se mantiene inalterable a pesar de las transformaciones y en cuanto a lo inasible, (a lo que pasa y nos va pasando fuera del tiempo), “a la duración pura”, aquello que queda en el fondo del crisol cuando “nos permitimos vivir” sin determinaciones dimensionales precisas… un viaje sin mapas, sin rumbo preciso o instrumentos, lejos de cualquier coordenada cartesiana. Tal vez y si se pudiera tratar de ubicar espacialmente el desarrollo de este viaje, de esta experiencia, pudiéramos hablar de las coordenadas del alma.

Sin embargo, esta mujer nos va dejando las pistas, el rastro de ese tránsito a través de las líneas sepias que va trazando con la mano y que se incorporan a medida que ahonda en si misma (y por supuesto también en aquello que resuena en nosotros mismos). El propio libro y los textos que esta vez se separan de la mano de la poeta para adquirir vida propia, se nos parece a esos códices antiguos y cifrados donde los navegantes iban plasmando en el momento mismo del acontecer, los puntos de encuentro y desencuentro, de llegada y de extravío... Allí se nos van marcando los hitos del viaje para llevarnos cada vez más lejos del ámbito dimensional.

Aunque la sensación de atemporalidad es absolutamente indescriptible (por lo menos con palabras), nos damos cuenta de que el tiempo pasa y no pasa...de cómo a través de ese nexo maravilloso que es Humbolt (a veces hombre, a veces edificio de Hotel en ruinas) pueden resurgir una verdad entre dos realidades temporales y relativas: que no importa que sea el año 1800 o el 2007, la belleza intensa siempre estará allí, como el atardecer pleno que se observa en el video desde las ventanas rotas y ruinosas del hotel... que uno debe realizar ese viaje sensible hacia los horizontes de la otredad para que surja el reflejo de lo que portamos adentro… muy adentro. Es ese viaje no debe terminar en el adentro, por lo que se debe hacer el recorrido de nuevo para renacer constantemente, y con ello dar constancia de lo que nos ha impulsado desde siempre... desde la fuente, el origen...

Somos perpetuos viajeros de la nostalgia… y el símbolo del Hotel aparece cuando en medio de la travesía, agotados o ansiosos, cerramos los ojos para reposar y salvarnos en esos otros ojos, aquellos ojos...aquí, allá o más allá. Pero es justamente en el reposo, cuando dejamos de viajar por un instante que, contradictoriamente ocurre la transición, la transformación. Vemos entonces a su vez con otros ojos, la imagen de una mujer que transita la vida en el oficio de amar… tallando la torre debajo del agua, es decir fluyendo generosa en lo más abajado de nuestro sentir, para transformar nuestra sed en esas aguas.

Sed, es decir amor. Pero como en todo viaje o tránsito amoroso, no sólo la sed será transmutada en amor… también el habitar será un ritual de transformación a través de lo soñado en medio de la noche. Con la llegada del amanecer (de tanto soñar, amanece) desde el eterno origen retornará también la luz viajera con sus fuentes deshojadas a desnudar su piel como una flor. Ahora es ella quien nos habita y, correspondiendo a ese amor, ante su extrema desnudez y la implacable luz, cerraremos los ojos, (mis ojos, tus ojos, esos ojos)…

solo así será posible que escuchemos y entendamos la voz de lo invisible: esa voz susurrante de mujer que surge ascendente entre las ruinas del tiempo para disolverse en el alma...


hotel, enero del 2000
catorce pisos
y un pedazo de tus ojos
de mis ojos
de aquellos ojos
de esos ojos

desaparecía el hotel de arroz

sus granos llevaban las aves en el canto para el vuelo

entonces

a nosotros

hotel hotel hotel


**

hotel, dos de enero

esa flor es azul porque es de aire
esa rama es más verde porque es más lejos
esa casa es más alta porque es más arriba

el océano nos lleva el manto
su lejana candidez
y su sal


- - -
sólo sé que volveré a verte
en nuestro hotel las calles son pliegues

todo el siglo es una red distante

yo me quedo en tu cabello
tu cabello de almohada
y piedras peregrinas
**

hotel, expedición a la Silla de Caracas
enero de 1800

las montañas que dominan las grandes ciudades…
adquieren, en ambos continentes, una celebridad
extraordinaria


Alexander Von Humboldt


- - -
sólo escribo solo
sólo el hotel solo

la selva es esta noche Carmelina
hacemos ronda en la penumbra

**

hotel, enero del 2000

de adentro hacia dentro
cantan las aves
y pueblan
los árboles, y las flores y los ojos

su hotel de amor

nada lo posterga

- - -
hotel hotel
alta montaña del Riff
donde la aldea
se ama

- - -
Mala suerte habían tenido los pronósticos de las ocultaciones de los meses de diciembre y enero: se había confundido el tiempo medio con el tiempo verdadero
Humboldt, Expedición a la Silla de Caracas,
Dos de enero de 1800


**

hotel Humboldt, viernes de enero,
la montaña

la cita no es aquí
celebremos el viernes a otro lado
desulado
el corazón es acróbata
de un hotel altísiiiiiiiiiiimo y solo
de un altísiiiiiiiiiimo camino
de la luz, su cuerpo y cobijo

de soñar, ascender, sí

bajo el manto desulado
desuslabios el viento ese paisaje, celebremos:
he allí una mujer feliz

- .- -
en el oficio de amar

en el oficio de amar

tallamos la torre

debajo del agua

lunes, 3 de marzo de 2008

Los Garabatos de Frank Ziccarelli...


El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define “Garabato” como: Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc. También lo define como aquellos Garfios de hierro que sujetos al extremo de una cuerda sirven para sacar objetos caídos en un pozo, o como el Instrumento de hierro cuya punta forma un semicírculo y que sirve para tener colgado algo, o para asirlo o agarrarlo. Igualmente conocemos la advocación de garabato como la representación arbórea de lo duradero y permanente pero al mismo tiempo suave y fresco en la figura del Abedul y por último, y la más hermosa, aquella que lo equipara con la gracia y el garbo de una mujer, aunque no sea bella…

Leyendo despojadamente el poemario de mi amigo Frank Ziccarelli, me atrevo a decir que, en el mismo, el poeta aborda las cuatro acepciones de garabato antes mencionadas (y seguramente muchas otras), toda vez que, aún refiriéndose de manera general e inicial en el título del libro a aquello que trazamos de forma irregular y sin sentido premeditado (bien sea con el lápiz o incluso con el cuerpo), en la lectura de los poemas percibimos fuertemente, cómo este hombre con gran destreza y oficio (tal vez por su trato íntimo con el hierro y el metal) es capaz de hundir con los ojos cerrados pero con mano firme y viril, los garabatos de hierro y aperos de pesca en el pozo de las imágenes de su inconsciente para asirlas, agarrarlas, traerlas a la superficie y así colgarlas en nuestra mirada, a veces con la apostura de un abedul pescador de vientos, o de manera conmovedora…como siguiéndole el paso a una bella mujer.

Tal vez el que escucha el inicio de esta presentación pensará que estoy catalogando al poeta como un poeta surrealista. Incluso, a lo mejor, corro el riesgo de que Frank se ponga bravo conmigo, pues hoy en día algunos poetas se molestan cuando se sugiere alguna relación de su trabajo literario con el surrealismo (por supuesto con ese surrealismo de simple postura o cliché gastado, teórico, ya académico)

Sin embargo, como decía Odiseo Elytis, todo buen poeta en principio es surrealista, y citamos textualmente, “con el surrealismo construimos algo distinto, que dista mucho de su teoría inicial, algo único y que presenta por lo mismo un interés especial. Desafortunadamente, no fue enfrentado nunca de esta manera por los críticos, ni comprendido por los más jóvenes, que se expresan con ironía del surrealismo, porque no conocen de él sino y solamente lo que enseñan las enciclopedias, es decir, la escritura automática, la imagen extravagante y su recurso al onirismo…”

Ese plus, ese construir afanosa y pacientemente pero con pureza y vigilia es, a mi sentir, exactamente lo que hace este poeta pescador. No se trata entonces de un simple ejercicio de asociación automática de imágenes inconscientes, sino de un arduo así como esplendoroso trabajo en los amplios espacios que supone un altamar cósmico, para velar y buscar las imágenes más autenticas. Luego, con las virtudes del hierro y la destreza de la mano sabia y curtida por el tiempo (también cósmico), pescarlas de manera indemne, sin matarlas o destruirlas, dejándolas con todo su brillo, con toda su frescura siempre viva, o mejor aún para dotarlas esta vez de una nueva y vigorosa vida.

Obviamente este oficio de velar (y de develar) en el medio de ese bosque oceánico (y como dijimos cósmico) para presenciar la aparición de las imágenes más llamativas y brillantes, entre las sombras esperanzadoras de las madrugadas, implica irremediablemente la presencia inminente de la luz, luz de lámpara encendida en medio de la noche-madrugada mientras aún se encuentran indiferenciados el cielo y la tierra, y en donde encontramos nuevamente los oficios del hierro, bien como instrumento escudriñador de la tierra a través de una escardilla, o bien como ese hierro que irradia la luz para escudriñar el cielo.

He aquí, en este poema de mi amigo Frank, cómo se despliega literalmente ante nuestros ojos esta nueva y dinámica realidad: “El pionero del garabato, no fue el que inventó la escardilla. En la negra noche, no vio la hendidura paralela, el que la lámpara encendió, en fuga. El que inventó la máquina iluminadora, despertó el surco insignia, develador de un diezmo, de la prístina flor del bosque. A los ojos del madrugador, abra tierra a los cielos despejados. Que la semilla desate su sombra”.

Aquí vemos pues, cómo con trazos espontáneos, sin premeditación alguna y con la frescura de un garabato magistralmente descrito y ejecutado, el poeta nos habla al mismo tiempo de los hierros de pesca, de aquella fortaleza que nos permite escudriñar y atrapar lo que vemos en el fondo pero, como dijimos, diestramente, con la finura innata que nos otorga la paciencia de los pescadores o del árbol… ese abedul arraigado en la tierra pero también nocturno pescador de vientos y de cielos.

Ya para seguir la secuencia de estos sentires, a la cuarta gracia que posee la palabra garabato, es decir la gracia de una mujer (las mujeres siempre son bellas), y que en este caso se convierte en la pescadora de nuestra mirada más interna y secreta, la encontramos cuando la palabra se posa en el ala izquierda de la rosa…cuando en silencio se desplaza por la Vía Láctea, “en la cresta del colibrí, y en íntimo rocío retorna al cuerpo curtido, al trazo…o también cuando él la evoca: ella así va, más allá con sus sueños, recogiendo las palabras, escritas con premura…tantas veces la he visto como la misma tierra incomprensible…los ojos de vida penetran el recuerdo de mi Columba cuando se fue, envuelta en su luz…y finamente cuando se entrega a ella en un beso, un orgasmo, un dejarse ir en la pausa, fundido, volver sin añadiduras al cuerpo flotando…”

Pero tal vez la más extraordinaria y casual de las fusiones de las distintas acepciones y significados de la palabra garabato que nos regala el poeta, está en el poema Urkía. Aquí vuelven a aparecer como peces insistentes en el fondo de la red, la mujer, el hierro (esta vez en forma de yunque), el árbol y por supuesto la luz. Urkía, quien era la mujer del cacique Guaicapuro, es invocada por el poeta: Eres zaeta que se hunde en el laberinto de la cascada violeta. Que deshaces la yunta del fuego traidor. Urkía. Madre. Sumo en la tierra de los huesos retoñados, que cruza la historia esparciendo cenizas al vuelo de la luz. Que amaina la tempestad iracunda…Aquí no debemos olvidar la advocación arbórea de las divinidades femeninas en las mitologías de nuestros indígenas, hecho que, de manera impresionante, se une con los mitos vascos que le dan también el nombre de Urkía al árbol Abedul, significando la esencia y la presencia determinante de las fuerzas femeninas en la naturaleza.

Por otra parte, no puedo dejar de lado, al comentar las imágenes del poeta, la presencia compartida de su perro. Al igual que él, yo también pienso que mi perro es la prolongación de mi mismo, de mis propios sueños y de los retornos de luz cada mañana. A mi perro tampoco las ranas le perturban el resplandor de su ladrido…

A todo ello, a lo que hemos dicho, hemos también de agregar la cadencia personal del poeta, su tono (como él mismo dice) lleno de Karibe, de noche de mar y de luz de madrugada, su mañana de tamarindo, colgado a la longevidad, a ese Corpus Áurico de Armando Reverón en donde la arena blanquísima dibuja sus ojos en la rada…y reflota, su fulgurante recorrido que se balancea entre el garabato y el boceto, el retrato, la mascarilla y la sombra.

Al final del poemario encontraremos para nuestra sorpresa otro poemario distinto pero igual, lleno de imágenes pero esta vez más sosegadas, más reposadas, especie de haikus karibeños. Aun así, volveremos a ver nuevamente y por última vez a King (el perro de Frank) haciendo a su vez unos garabatos y subiéndose triunfador a un autobús con las pestañas quemadas y los garabatos de Ziccarelli en la boca.

No es pues, para terminar, esta poesía una poesía que se pueda catalogar o poner en canon alguno establecido. En todo caso si pertenece a algún canon, será con certeza a ese canon secreto, oculto que sólo algunos poetas conocemos. Bien nos dijo el poeta en su poema titulado Dijo el poeta: “Un canon embotellado no es sólo un empaque inteligente, aprendizaje de vida en lo infinito. No señor, es fuego lamiendo fuego…”

Edgar Vidaurre

"Tapices" de la poetisa Ruth Vidaurre


“Yo soy la madre y la naturaleza entera,
señora de todos los elementos, origen y principio
divinidad suprema, reina de los mares
primera entre los habitantes del cielo,
tipo único de los dioses y las diosas
Las cumbres luminosas del cielo, los soplos salvadores del mar
Los silencios desolados del infierno…
Yo soy quien gobierna todo a merced de mi voluntad.
Yo soy la madre y la naturaleza entera…”


Himno a Isis
Lucio Apuleyo



En este libro, bajo una especie de trance, la mano de una tejedora nos habla a través de la boca de una poeta. Ellas nos han estado hablando silenciosas, inalterables desde el origen. Pero el origen es un misterio, un secreto en el vértice de nuestra comprensión del alma y el mundo.

Ella es quien finalmente arrebata el secreto. Ella es quien sabe pronunciar su nombre, por eso su aliento adquiere potencia divina. Isis, ayudada por su hermana Nephtys, inventó el oficio de tejer. La acción de tejer, íntimamente ligada a la vida como la manifestación del mundo haciéndose, como la estructura y el movimiento del universo. Este tapiz sin embargo puede ser también un velo, un misterio, cuya repetición y perpetuación requiere una suprema inocencia. Por ello, sólo unas manos inocentes pueden ser iniciadas en este oficio. Estas manos iniciadas, detentarán pues a partir de ese momento, el secreto de la vida-muerte-resurrección.

Ankh. La cruz ansada, o el nudo de Isis. Lo vertical y lo horizontal entramados bajo el nudo de Isis, símbolo de absoluto poder de transformación y fecundidad. Símbolo del principio femenino. Urdimbre que representa las líneas verticales y horizontales de la cruz cósmica.

El vidente y místico Abraham Abulafía, en el año 1.100, hablaba de que el éxtasis producido a través de la transmutación de la consciencia, por su entrada a los planos de encuentro directo con el Ser, tenía como suceso y logro mayor, desellar el alma, desanudar los múltiples nudos que la oprimen para llegar a tocar, a vivenciar finalmente la totalidad. Pero ya desde mucho tiempo atrás, las niñas iniciadas en las liturgias en honor a lo femenino de la divinidad, vivían solamente para vincular alma-mundo, o alma-mundos, a través del ritual del tejido sagrado. El reverso del nudo era pues más bien símbolo de vida, de inmortalidad, el vínculo, la unión, el abrazo....

Las manos de una niña, vinculada profundamente a la soledad de la tierra, son predestinadas a tejer la púrpura. Esta virgen, adosada a su telar, establecerá la representación del universo en un marco de madera. El ángulo de arriba es el “enjulio del cielo”. El de abajo representa la tierra desde donde se establecerá el vínculo. Como en un acto de alumbramiento, dice Jean Chevalier, “Cuando el tejido está terminado, la tejedora corta los hilos que lo sujetan al telar y, al hacerlo, pronuncia la fórmula de bendición que dice la comadrona al cortar el cordón umbilical del recién nacido”.

La soledad de la tierra. Ella, nuestra niña, debe buscar lo iridiscente en la aridez de la tierra. La púrpura al fondo de los ojos. Pero esa policromía del mundo debe recortarse sobre el fondo del dolor humano. Son las hilanderas quienes abren y cierran las heridas del alma y de la tierra. Del ámbito humano y del cosmos.

Dentro de esta suerte de lucha por mantener la inocencia inalterable, La perpetua inocencia, ¿por qué ha de ser una niña, por qué una mujer? Creímos alguna vez que el hombre era el gran mancillador de los espacios, el cazador de espacios. Pero la dueña del ovillo ha sido siempre ella. Son sus manos y sus dedos quienes muestran la entrada y la salida. Pero más allá de la entrada y la salida, están la vida y la muerte. Por eso sólo seremos salvados por la gracia del vínculo, del nudo. La iniciación de este especialísimo caso, será el ceder y el entregarse de “Ella” a lo omniabarcante, a lo trascendente, a pesar de que en los procesos arquetipales que sustentan los mitos (elaborados por el hombre), y ya en la explicación revelada a través del dogma de la religión, es usualmente el héroe o el sacerdote quien transciende hacia lo trascendente.

Sin embargo, en este caso, ella es la heroína, la que debe permanecer inmancillada. Su capacidad para la renuncia debe estar más allá de su imponente miedo, de su duda. Por ello la absoluta entrega a la soledad, al silencio exasperado del color. Ella tendrá por fuerza que dejarse morir, aunque sea simbólicamente, para traspasar su miedo y su duda, para iniciarse en la senda de la soledad, soledad que nos marca el camino que sólo puede recorrer ella misma.

El epílogo de este drama cósmico. Donde una niña nos muestra que el Tapíz-laberinto que el ser humano recorre es la eterna re-creación, será su conciencia, su propio reconocimiento de la muerte y la soledad. Pero reconocer esa muerte y esa soledad, es también reconocer a la totalidad del ser.

El Tapiz, y aún más, el sacrificio de nuestra niña hilandera (quizá también de la poeta, cuya boca nos revela el por qué de su silencio) nos representa el eterno vínculo de lo humano con la totalidad del ser (masculino-femenino), proclamando por siempre esos espacios vírgenes, que aún siendo mancillados por la huella del cazador de espacios, permanecen en una transformación inalterable, santificados por la realidad absoluta, salvados por ella.


Edgar Vidaurre

Un poema de mi padre... tomado de su libro "El diván de Aritumayo"

Edgar Vidaurre Reyes (1927-2005)


Al atardecer
cuando parece que ya se terminó el día
mi día destinado se ha ido
sin remedio ni regreso....
sin darme cuenta
parece que perdí este día
que era mío
¿Entonces a quién le robé
el día que he vivido
A quién le debo esta alegría de estar vivo
quién me debe cobrar esta pequeña felicidad?
No lo sé, pero este atardecer
es plenamente mío
lo estoy gozando,
lo estoy contemplando
y no me importaría morir con él

La espiga amarga...de la poetisa Luz machado







Luz Machado (1916-1999)




LA ESPIGA AMARGA 1950

POEMA EN EL UMBRAL
Comparezco ante la tempestad
con un espejo de rosas en las manos.

Para qué huir si el relámpago es cielo fugitivo
y en el trueno cabalga un arcángel herido?

Comparezco ante la tempestad con los ojos abiertos
y recibo en la lluvia el mensaje del génesis.

El mar bajo mis pies salva azules panteras.
La espuma en mis rodillas salva serpientes de oro.
El aire contra el pecho salva fantasmas bellos
y sofoca doncellas y liras en la noche.

Alto es el muro, alto. El mar sube y me habla.
Y en mis manos esconde sus estrellas salobres.

-En donde están los hombres y el amor entre ellos?

Alto es el muro, alto. La soledad responde.

-Prestadme de la infancia su abanico de yerba.

El muro es alto, alto. Las nubes lo conquistan.

-Quién esconde los pueblos de la luz en el cinto?

El muro crece y crece y apenas miro el aire.

La soledad es una aldea con campanas y esta noche agonizan las estatuas.

Quiebra, alma mía. tu espejo de rosas con mis manos.
La muerte hizo una máscara azul con la tormenta.

EMBRIAGUEZ DE LA MUERTE
Quiero una casa de piedra junto al mar.
Quiero saber que detrás de cada cosa
estarías esperando mi pecho para caer,
como un oleaje.
Que echarías tu cabeza de diamante imprevisto
en el agua madura de mis hombros,
buscando, como um pez ávido de soledad,
un par de lunas de limo detenido
en las que un bosque antiguo recogiera sus iniciales savias.

Yo calzaría el crepúsculo entero entre mis dedos
probándome su herencia de anillos,
esperando que creciera en mi cara el polen de la eternidad.
Y tu dirías:
soplo el tiempo ? descubro la llama
que habrá de cortar por siempre
esta piedra frutal de tu ceniza
mordida entre los dientes fríos de la muerte.
Y yo sentiría crecer todas las magnolias del mundo bajo el mar.

Eras un marino ciego contando barcos
por el recuerdo de las constelaciones en e1 puerto.

Y encendías con pequeñas cartas tu pipa azul
lamida con lenta lengua insomne.
Abrías en tus rodillas un álbum temporal de estampas sueltas
y clavabas con embriagados dedos las palabras
y sus mariposas secas en el resplandor del vuelo.
Sucias arañas nocturnas
derramaban las fechas de tus vinos más lentos
y en la piel te crecía una yerba de cántico enraizada en los huesos
cuando me recordabas.
Entonces yo tenía la edad de las campanas.
Pero no conocía el verde campanario del mar

Ahora recibo la convulsa marejada
y una voz nunca oída levanta, fecundando, árboles de adentro.
Y un cinturón de islas me descubre fronteras
y arden bajo las sienes vastos campos de frío.

Tú, con ojos agrarios, vivos ahora y ciertos
frente a los míos de uva, de retama y de estío,
me sacudes, me llamas, breve fuego perdido,
y me ofreces tu red de peces aturdidos.

Y vigilo esa hora de légamos nocturnos
para que permanezca intacta,
porque sólo en la noche el sueño me recibe
con el dedo de Dios sobre la boca,
y el sigilo me unta sus bálsamos oscuros
y paso por el tiempo como una bestia pura.
Esa casa en el mar tendría izadas las banderas más claras del día
y jugaríamos a un viaje por todos los países
recreando sus colores en nuestra latitud.
En el aire leeríamos el diario de los pájaros
y ya podríamos hallar la luz en la pupila ciega de las frutas.

Cuando la tempestad abriera su abanico de inmensas plumas negras,
y una lengua de azufre buscara el pubis roto de los ángeles muertos,
nuestros pies estarían juntos y quietos, abandonados,
sobre el ramaje violento de la oscuridad,
pero entre nuestras manos Abel encontraría sus ramos de diamante.

Cuando la lluvia derramara su selva de abedules
y erigiera campanarios de frío llamando los bronces
enterrados en el fondo del océano;
cuando el agua soplara sobre el rostro de la tierra
las praderas del polvo entre la savia,
-como tú la eternidad sobre mi cara-
yo sé que nuestros cabellos tañerían sus liras
de betún pudoroso convocando ternuras,
como sirenas viejas buscando una ostra azul.
Cuando las estrellas descubrieran sus rodillas
y la luna copiara la playa en miniatura
y cayera de bruces en el pulso del mar
con su reloj de agujas de amaranto,
recorreríamos lentas avenidas
como un par de criaturas de pronto detenidas
en el resplandor del cántico
y su íntima y solitaria iglesia iluminada.

Quiero una casa de piedra junto al mar.
Tendrá que ser se piedra porque hay sal en la ola
y en el alga la orilla exprime ácidos zumos.
Y habremos de estar juntos, como dos piedras juntas,
veraces en el polvo,
sustentando los nombres del amor en el tiempo;
tan claros ya los huesos que erigirán ventanas minerales;
ebrios en la dulzura violeta del racimo,
con la sangre alentando fábulas de palomas,
con la antigua certeza de una estatua sin rostro rescatada del mar.
La muerte es una casa de piedra junto al mar.

ELEGIA POR EL ALMA DE LAS PALABRAS

Donde esta y que señal la hace conocida.
Si sólo encuentro de ella recados en el vino apuntes en el llanto,
huellas en las campanas, grabados en el árbol, alfabeto en el aire,
y en las sienes siento clavados sus ojos fríos
como un par de golondrinas muertas en un friso.

Si apenas queda el cuerpo, las letras solamente,
húmedas en amor, violadas en amigo,
inútiles en paz, mutiladas en fé.
Si desborda en las manos.
un soterrado fuego como vuelo siniestro.

Ah, su piel de marisma embriagadora y ávida,
su memoria transida de aroma y podredumbre,
su harina compañera, su ronda azul de bosque,
su temblor de ala abierta diciendo adiós y vente.
Ah! Las palabras nuevas, símbolos del comienzo,
prólogo de los hombres ante las piedras mudas,
asombro de los labios por donde se escapaban
con esa gracia turbia del hijo que se pare.
Ah! las palabras limpias como las uvas verdes.
Las palabras redondas como horizonte y tierra.
Las palabras agudas, puñales de las voces,
las palabras quebradas como rayos celestes,
las palabras oscuras abriendo pensamientos
bajo el día de la frente.
Y esas de la penumbra: carta, desvelo, beso.
y las claras, las frescas, las luminosas, ágiles:
lebreles, frutas, fuentes, cristales, días, ventanas.
Las cósmicas: sed, tiempo, libertad, luz, criatura.
las leves de los aires, las raudas de los vuelos.
Las de la ira, sórdidas. Las del fracaso, ácidas.
Las abiertas de ausencia: costa, puerta, fantasma.
Las rectas, como hombre. Las falsas: hombre-espejo.
Las fieles: hombres-hombres, y hombre-hijo, de sangre.
Y arriba, abajo, ser: escala de infinito,
tantálica raíz, vendimia prometeica.
En dónde está, hasta cuándo, alma suya y tan nuestra,
violento cielo, ávido corazón de la muerte,
cabellera maldita inasible y ardiente.

Somos aquí con ella. Somos aquí por ella.
en cada instante creando nuestro dios verdadero.
Yo doy esta campana del inefable llanto,
esta campana grávida del cobre de la estrella
para llamar sin tregua la rosa de los vientos,
para saber los nombres de la babel perdida,
para marcharnos juntos, para marchar por ella,
que acaso Dios la guarda bajo la sien como una mariposa clavada,
perseguida por todos,
arrojada del tiempo como de un paraíso.
por un ángel sonoro y su espada de cántico.

Y OTRO DlA ...

Hay que dejar en las ciudades algo.
Para qué vamos hacia ellas si cuando nos marchamos
no sentimos en el pecho una pequeña piedra oscura,
golpeándonos?
Nada es decir: yo conozco esas calles
yesos árboles limpios de la savia de un año.
He recogido la última soledad de la noche
antes de que la luz despierte sus praderas.
Sé por dónde han venido las bestias mas pequeñas
a beber solitarias en el mediodía
y cómo sopla el viento las cortinas
cuando pasa la lluvia.
He visto hacia qué abismo dirigen las cascadas
sus pequeñas flotas de espuma;
bajo cuál puente oscuro se guarece la muerte;
hacia dónde vuelan las hojas de los libros rotos.

He oído los perros mordiendo mendrugos
debajo de las mesas solitarias
y sé a qué horas la constelación
abre su cintura de puerros resplandecientes
y cuenta la claridad con las estrellas
que penden de su espada mínima y sosegada.
Jardines, casas, campos y caminos
corren la misma suerte de los hombres.
El día, la tarde, la noche son tres flores distintas
con un aroma eterno y verdadero.
Toda esa ciudad yo la conozco, puedo decir.
Pero nada vale decirlo si no duele:
Amor, palabra, estatua, mujer, árbol, poema.
Porque hay que sabernos después, esperando
entre carbón y sed
la isla sumergida.
Y que después lleguen tempestades y nos hallen
de pie en granos de arena contando nuestros dedos.
Y que después vengan a estrujarnos banderas podridas en los ojos
y nos nieguen decir las palabras sagradas.
Y que después vengan y nos corten los pies y nos cieguen y hieran
Y en la frente nos claven máscaras de piel sucia.
Y que después, solos,
cuando recordemos que hemos estado en una ciudad
y hemos perdido en ella algo,
sintamos un molino de cien ruinas
moliéndonos el aire en las entrañas
padezcamos un ramo de violetas
como un alumbramiento de cal viva y de espanto;
oigamos las sirenas de los barcos partiendo
y no podamos irnos ni en la luz de una lágrima.
Que después que hayamos estado en una ciudad
perdiendo algo no poseído nunca,
un arrebol nos hiera con su puñal de pluma colorada
y nos parezca que sobre la cintura de las uvas más dulces,
pasa un volcán calzando un par de botas negras.

FLORES EN LA NOCHE

Hay que enterrar vivas las flores.
Para. esa que tiene seis pétalos tranquilos
en terciopelo de óvalos morados,
y para aquélla que recuerda lentas cabalgaduras
con penachos rojos,
y para ésta viva en mi memoria,
para cualquiera pediría lo mismo viéndolas distantes,
tan hermosas, tan fieles,
aun cuando hubiera de romper el gran mazo
del color de la noche cuando cae sobre el mar.
Les he tocado el corazón escueto,
he juntado sus pétalos nerviosos
con ese movimiento simple de las mujeres
queriendo cerrar las puertas
cuando saben que el amante las abandona;
pero ellas volvían a abrirse
en su dulce y pequeña tensión violada.
Del tallo vienen a mis manos tristes
y en su sitio de siempre
queda el gran mazo ausente, sin un grito.
Alguien pregunta
de qué color tendran el corazón después del viaje
y antes de que lo digan,
ellas dan las iniciales del color de la noche
creciendo sobre el mar.

Hay que enterrar las flores, vivas.
Es preferible a verlas morir entre dos hojas,
perdidos ya el matiz y el suave aroma.
Es preferible a verlas marchitarse día a día
como el amor fugaz de dos criaturas,
perdiendo poco a poco y en la ausencia
el calor inicial y las palabras.
Es preferible a escribirles esas cartas
de agua reciente en los floreros,
rogándoles resistir un poco más que nuestra propia pena.
Mirad cómo se irguen -ángeles del color en el espasmo-­y cómo caen después, l
acias y oscuras,
en el sopor definitivo, abandonadas.

Hay que enterrar las flores, vivas.
Guardar esa imagen purísima en su vitral de aroma
quedarnos para siempre con su amago amoroso
de quien no se atreve a decirnos nada más conocido ya en nosotros.
Y al dejarlas, pensar de ellas
lo que piensan los hombres de las mujeres bellas,
amadas una vez en la nostalgia
y olvidando su nombre al despedirse.
Hay que enterrarlas vivas o perderlas,
que es el modo mejor de hacerlas vivas.

CARTA A LA POESIA

II

"Aquí me tienes". Así empiezo mis cartas.
Y aquí estoy recorriendo lentos arcos de frió.
El pórtico sostiene la melancolía
y en los huertos baldíos crecen arroz y sal.

Llego ciega, perdida, a un bosque abandonado
y una rama estival florece solitaria:
"Ay, me duele la piel del cántico,
la frente de la piedra, la pestaña del musgo.
Dadme un vino de rosas y un bálsamo de mirto.
Llevo una luna ardiente clavada entre los senos
y una palabra antigua me crece como yerba olorosa en la boca.

En los pulsos hay vivas mariposas clavadas
y el aire tiene un aire de ciervo prisionero.

Saltan mastines jóvenes y lagartos desnudos

despertando los ríos cerca de mis tobillos.
Los ojos de la fábula son mi sed detenida
y pudre su esmeralda el silencio en mi boca".

Avanzo, avanzo entre cadáveres.
Las ciudades más antiguas me gritan sus historias.
Los hombres más antiguos desenvuelven sus mapas,
y una ráfaga última siembra sal en mis huesos.

Qué claros pergaminos arden bajo las sienes!
Qué antigüedad más ávida erige lentos cirios!
Qué hontanar transitorio germina en la heredad!
Cómo esparce la herrumbre su enjambre soñoliento!
Olvido en el regreso los nombres aprendidos.

¿Dónde dejé mis manos y su lámpara, dónde?
Por los acantilados la tierra escupe limo
y es una flor de piedra el silencio del mar.

III

Yo te pediría,
te pido que vengas como eterno amante,
ahora que me siento tan desnuda por dentro
como si no tuviera vísceras ni sangre,
como si fuera una piel de cordero embalsamada
con el puro recuerdo de las praderas;
yo te llamo, igual que un gajo salvado de la tormenta,
convocando la savia estremecida.

Tiempo de soledad, con sus palomas, guárdame.
Tiempo de soledad, con sus serpientes, vénceme.
Yo busco entre su pecho la sangre verdadera.

Pastorea la ternura que me falta,
apacienta los ramos de la gracia,
con el junco de luz de tu palabra
trueca en magnolias esta sal que canta;
con un soplo amoroso desbarata
el collar de ceniza en la garganta;
dame el vino y la miel que hay en tu casa
para la espiga fría de la estatua.

Yo te entrego la flor viva del alma
por tu absoluta estampa.

domingo, 2 de marzo de 2008

"La Flor, el Barco, el Alma" de la poetisa Elizabeth Schön


Mas ella
la de siempre más
como nunca ha vivido en los campos
ni en las montañas
jamás se desprende

Yo entro en el corazón de esta flor, donde no caben el pie / la mirada , la razón, tal como salí al mundo, a la existencia, con una terrible sensación de desprendimiento, de haber sido separado, para nacer a una dualidad que conforma la división entre mi yo y ese mundo. Al salir a la luz, que hace las cosas visibles a nuestros ojos, experimentamos el cambiante y múltiple mundo de la vida y la muerte, de la creación y la disolución, del tiempo y del espacio. Esa visión es a su vez transitoria, fugaz, impermanente: El nacimiento es una luz

Sin embargo, esta otra luz que empieza a iluminar mi desamparo y mi temor, esta especialísima luz que emana de aquella flor y que me hace volver el rostro hacia su centro -donde somos capaces de ver lo invisible- oscurece lo visible, lo múltiple, lo manifiesto. ¿ Quién es esta flor tan blanca, en blanquísimo oro / sin reflejo alguno de azul / verde, marrón, que alumbra así, con luz nunca de sol / flor ésta tan desnuda y ausente, que nos penetra de esa manera con su más pura emanación virtual ? ¿ Será esa rosa que salida de las aguas primordiales, se eleva y se abre por encima de ellas, aportándonos datos sobre la belleza de la primera madre, o aquel loto sagrado que se despliega y se mantiene puro sin ser mancillado sobre las aguas estancadas? Tal vez sea la rosa eterna que contiene al mundo en germen, las posibilidades de su ser, su corazón, su centro, la rosa de los vientos, la copa de la vida. Pero no hay otra tan cercana a mi alma, tan similar a ésa de San Juan de la Cruz, rosa blanca, viajando pura sobre el torrente de las aguas de la vida, de la existencia.

Las otras, las de los campos y las montañas, las de la selva, el musgo, la vertiente - incluso siendo receptáculos celestes, del rocío y la lluvia - al igual que el resto de las formas, están mezcladas y penetradas por los contrarios. Cada uno de nosotros, estamos viviendo y muriendo, mezclados y relacionados con las fuerzas del movimiento, que nos individualizan e involucra en el comienzo, el despliegue y la caída de una existencia y el surgimiento de otra. Por eso somos cognoscibles, pronunciables, descriptibles, visibles; por eso somos impuros; pero Ella, única, en su soledad inefable, en su transparencia silenciosa, en su eterno ahora, atemporal, es inagotable, inabordable, impronunciable por nosotros, allí, donde el aire no la roza /el agua no la daña / la muerte no la toca / así de sola.

Su gracia, vuelve visibles a los cuerpos impuros. Su inexistente invisibilidad, su transparencia, deja pasar nuestra mirada permitiéndonos ver; pero su luz en sí misma, es invisiblemente cegadora. Y nosotros, ¿qué vemos ? Lo visible no comienza en la luz / empieza en lo inexistente / al fluir junto a la mirada de un niño / en la figura de un árbol / en la exactitud de un poema. Sólo vemos parcialmente lo exacto, lo contradictorio, lo opuesto, el origen y el fin, la esencia y la existencia, lo puro y lo impuro, el uno lo dual y lo múltiple, lo lineal y lo circular, la ida y el retorno, el silencio y la palabra: Lo exacto / en el fondo de los relámpagos / en el fondo tembloroso de la palabra. Sin embargo, todo ese proceso mutante de nacimiento-muerte, toda esa impermanencia es, a su vez, penetrada, sostenida, precedida y sucedida por la invisible Ella.


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En el alma / como si no fuéramos / sangre / médula / límite hasta el fin / y mientras más la sentimos / más se nos arraiga / y más nos cerca / la frescura de su blanco aroma abierto; dulce aroma, mostrando el sendero que el alma debe seguir para relacionarse con el mundo y la existencia tal como son. Ella es como la gran madre, nunca nacida, siempre siendo, posible en lo imposible, sin comienzo ni fin, pero activa, para el despliegue y la revelación del mundo fenoménico. Ella ni nace ni muere, como el vacío incesante, como el cielo, como un gran útero cósmico que permanentemente está grávido o sacando a la luz nuestra percepción de la realidad, como una gran rueda / que se abre se cierra / se cierra se abre, donde no hay flecha, detención, porque lo invisible no es tan invisible / el vacío es su carpa, su útero. Por eso, para verla, debemos raspar el cielo, para que baje la nube, la lluvia, aguas sagradas... bebedero del alma. Ella / la más ella de todas / nos señala lo inseparable, conteniéndolo todo, todo el espacio en su centro y todo el tiempo en potencia, antes de que éste se desdoble en el "tiempo" tal y como lo contemplamos; Ella desafía la medida humana porque en su corazón todo ocurre simultáneamente: el principio y el fin acaecen en uno y en cada momento del tiempo lineal como un "eterno ahora", La flor en el instante de todo nacimiento / tiempo parejo de lo inmensurable / igualmente aquí...su razón no es lo exacto.

Ante la visión de este suceso incomprensible, la destrucción de la dualidad y la revocatoria del número en la conciencia, produce una sensación de apertura y de libertad tan abismal y sobrecogedora como la del desprendimiento inicial del nacimiento a este mundo. Entonces yo busco su rostro como el rostro arcaico de la gran madre que reposa en los pórticos que vigilan el origen desde donde me hace señas, seductora / de callado sorbo manantial, velos. Iniciamos, así, el viaje que restaure nuestra unión y anule la distancia entre nuestro yo y el origen, para cruzar las murallas impertérritas, como el joven en vía hacia ella / y de ella hacia lo demás y todo...ése que buscaba el solo y único rostro...centro de navegación indescifrable...lejos del polen / lejos del fondo que se parte y se repite...inclinado paso de acercamiento / hasta entrar en la nada del vacío.

El barco es el símbolo de ese viaje. Con él cruzamos las aguas, nos elevamos por encima de los puentes que resisten...que impiden que los vacíos / se traguen los arbustos, las flores; salvamos el abismo que ha dejado la hendidura de la flecha, en él viajamos los vivos y los muertos. Nuestras almas son flores, que entran y salen permanentemente de la existencia hacia ella y su silencio, que se hace invisible / si la mirada busca a esa flor / y un barco semejante a los barcos / nos abre la puerta / en un mar que nos es mar / en un mar que semejante al silencio / no es el silencio de la flor.

El alma / que mira al barco desplegar / arribar; barco que espera el anciano dormido al pie del árbol, y que al arribar escoge al niño como costa. Barco construido con el tronco del árbol de la vida, Axis Mundi donde todo converge, construido con los maderos de una cruz donde acaece el encuentro que reconcilia a los contrarios aparentes y la multiplicidad de las cosas manifestadas y visibles nos expresan la unidad por ellas constituida, centro donde lo visible sólo sirve para expresar lo invisible, donde la creación del mundo se reproduce incesantemente como la repetición del acto cósmico; fuerza centrífuga empujándonos más allá de la realidad dimensional, al encuentro de los mundos ( materia y trascendencia ) que aunque incomprensible para nosotros, nos deja una sensación creciente e intensa de estar a un "tiempo" con el todo y Ella, a quién le pertenece / trasbordar una sombra hacia una luz / Un ascenso hacia un salto / un dolor hacia un camino del día.


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El hombre, la boca y el mundo; la flor, el alma y el barco; La palabra, el diálogo y la memoria: trinidad, hipóstasis de la creación y la existencia; esencia que funda lo visible en lo invisible, la palabra carga / donde lo invisible comienza / en espuma blanca / de nubes y velos blancos...la palabra y el vínculo / unión del pistilo con el agua / de la sombra con el cuerpo / del viento con las flores de la tierra, y esta otra flor que es nuestra del mundo y de los hombres

La flor deja que el mundo hable...el advenimiento de una otra faz / de una otra voz antigua de la memoria...la flor viva / entre las flores de las aguas temporales / conmigo contigo / con el otro / en la voz / en el pasado...El canto de los espacios siderales / prende en la memoria / el césped del verbo.

Cómo explicar nuestra relación con los mundos, con lo que acontece / entre la piel, el anhelo / y la palabra que congrega, coloca...cosecha, cuerpo / necesidad ...el almendro requerido por todo labio / toda sed / toda agua: alimento, y aquella otra realidad que nos trasciende. El hombre como parte de la realidad material, posee la palabra que es capaz de unirlo con lo trascendente: la poesía, y de constituir un diálogo con los otros. El filósofo, García Bacca, otro maravilloso Juan, nos dice que: "la poesía es el lenguaje en flor... es el pensamiento en flor, presente y regalo que nos hace la vida, y que no dura más que lo que todo presente, urgido por el futuro, arrastrado por el pasado hacia desde siempre y para siempre...La flor ocupa en el árbol el medio, justo, entre la raíz: de que todo ha venido, y el fruto: de que todo va a venir. Así que la flor es el límite preciso entre pasado del árbol y futuro del árbol. Flor es árbol. Flor es árbol en presente; y presente que nos hace el árbol para que cual regalo la tomemos, regalo que dura un instante, como un instante dura el presente. Mientras que raíz y fruto perduran y se extienden hacia pasado inmemorial, eterno, hacia futuro, patente hacia el para siempre, abierto hacia lo posible".
La poeta en cambio, no necesita explicar el mundo; ella lo ama, y lo ama en su integridad. Por eso, nos lo ha devuelto reunificado como un todo, en su pureza; intacto. Ya no hay "este mundo " ni el de "más allá". Y nuestra percepción dimensional se ha precipitado en la amplitud absoluta de un "espacio-tiempo", que al ser "espacio-tiempo" de la flor, ya no es ni tiempo ni espacio, pues ¿ Dónde están los espacios / si ella carece de las hebras / para engarzar los horizontes / y llenar la página blanca / sin cesar en nuestra vida más íntima? / ¿ Dónde se halla el tiempo / si desconoce los vendavales / e ignora totalmente la muerte ? La amplitud de este "mundo abierto" que ella nos devuelve, no nos diluye ni nos desintegra. Hay en todo este movimiento visible / invisible de pasos abiertos / que no pueden retroceder, cerrarse / red que fluye del árbol al asteroide, en toda esta corriente que sigue / el rumbo de los ciegos / la pisada de los que escuchan / el silencio de los otros / allá, aquí / antes, después, una exigencia, un mandato que nos obliga a reasumir el mundo, a fundar lo invisible en lo visible y lo visible en lo invisible, con una nueva categoría de pasión: la pasión por lo inmenso, para que la ejerzamos en nuestro "aquí", en nuestro cuerpo, en nuestro tránsito, dueños ya de una abundancia de alas / no alas de aves / ni de la razón, donde ninguna mano se desprende del tiempo, donde asimilamos lo permanente.

Pero la poeta no sólo nos exige, también nos ama. Y, desde la santidad de este "para siempre eterno ahora", ella ha arribado a nuestra costa, donde pensábamos que ninguna mujer empuja la puerta, y su palabra nos ha regalado una flor invisible: hela aquí sobre nuestra alma, en su blancura inapresable / de una flor no flor / sin cesar entre la tierra / el hombre, la palabra y los cielos.


Edgar Vidaurre.

Estrellas fugaces en las esquinas del mundo…del poeta Aladar Temeshy


Aladar Temeshy, al igual que el rey David que al decir de Ortega y Gasset lo era todo……se nos ha mostrado como poeta, soñante, de la más antigua nobleza y a la vez desposeído, amante, sufriente, arquitecto, constructor de ciudades, buscador de la luz y nihilista, retador de la muerte, sobreviviente de las guerras, ciudadano y provinciano, refugiado, contemplante augur y según su propio decir, por fin y solamente señor, señor que escribe, regalándose al mundo a través del advenimiento de tres mujeres (sus hijas) y cinco poemarios. Como narrador, ya habíamos leído también su historia del urbanismo y de las ciudades y en su propia voz, los relatos, siempre deslumbrantes de su interesante vida. Sin embargo hoy y de manera conmovedora, nos toca lo central de nuestras propias vidas en la más intensa y hasta ahora guardada de sus narraciones.

Leyendo el título de esta colección de cuentos “Estrellas fugaces en las esquinas del mundo”, no podemos dejar de pensar en el alto significado que tiene para el hombre (especialmente para el hombre transido de soledad) la figura del “Templo”, no solo desde el punto vista arquitectónico, estructural y físico, sino desde el alcance simbólico que representa la misma palabra que lo designa. Varrón, escritor latino del siglo I antes de Cristo afirmaba que “templum” es el nombre que se da a un lugar demarcado y limitado por determinadas fórmulas geométricas y simbólicas con el fin de hacer augurios o recibir auspicios”. De aquí proceden las palabras “templo” y “contemplar”, que aluden a la zona sagrada y demarcada del templo, la que estaba dentro del campo de visión del augur, la que este “contemplaba”. En sentido estricto, si no hay templo tampoco hay contemplación.

Pensando intensamente en la cualidad de arquitecto de nuestro poeta-narrador, nos llega con la potencia sobrenatural de una revelación, la relación entra las esquinas o los puntos de la cuadrícula cartesiana, la contemplación y el cielo estrellado. No en balde, en los templos de cualquier religión, y sobre sus cuatro esquinas se posa en las alturas la bóveda o cúpula. Una definición muy arquitectónica de la cúpula de los templos cristianos la podemos encontrar como: bóveda semiesférica que descansa sobre un muro de planta circular. Las pechinas son secciones triangulares de esfera, situadas en las esquinas de un cuadrado o de otra sección poligonal para formar la base circular de una cúpula.

Igualmente en templos budistas, orientales y en las mezquitas del Islam encontramos esta confluencia entra las esquinas, las bóvedas o cúpulas y las estrellas. El kondo, (especie de recinto sagrado al puro estilo de las salas de culto chinas), es una construcción de dos plantas, con postes y vigas, coronada por un tejado de cuatro aguas de azulejos en forma de cúpula para simbolizar el cielo.

Por su parte el asombro que nos embarga al contemplar la Mezquita azul en Estambul, desde el punto de vista arquitectónico se hace patente al observar como La mezquita está rodeada por un muro calado, precedido por un patio, construido mediante arcadas cubiertas con cúpulas. El patio cuenta con tres portadas, repartidas en sus laterales, y se remata con dos alminares (o torres) sobre las esquinas exteriores. El espacio de contemplación y oración se organiza según el modelo instaurado por la iglesia (convertida en mezquita tras la invasión turca) de Santa Sofía, y que se consolidó en la mezquita de Solimán: una planta casi cuadrada de cuatro esquinas cubierta por una cúpula.

John Lundquist, nos profundiza aún más esta sensación cuando nos dice que el templo incorpora en su seno la mayoría de las ideas que configuran nuestro concepto de religión. Estas incluyen las ideas del centro, de la montaña sagrada, de las aguas sagradas, de los árboles de la vida, de la geometría sagrada, de la orientación de los cuatro esquinas o puntos cardinales, del ritual de iniciación, de la danza sagrada, de los misterios y las celebraciones del año nuevo, así como las ideas en torno a mitos de la creación, la oposición entre cosmos y caos y finalmente sobre la propia muerte. Fue en el marco del templo donde surgieron los símbolos, los rituales y las tradiciones de los textos sagrados y es en el interior y en su centro donde conservan su significado más profundo y veraz. A decir verdad, el viajante o peregrino, incluso el buscador que duda, sólo los comprende plenamente cuando los vuelve a situar en el contexto del templo y los ve (o contempla) desde esta perspectiva más abarcadora.

El peregrino pues, después de polvo, al final de todos los caminos de la vida y de la muerte, al terminar su trayecto místico, llegará a las puertas del templo para iniciar el último recorrido, el más importante: penetrar el recinto sagrado y caminar hacia el corazón, hacia el centro de sí mismo, distancia equidistante entre las cuatro esquinas o puntos cardinales, para contemplar ya en éxtasis sereno la bóveda del cielo, pleno esta vez de la belleza fugaz de sus estrellas.

Es a mi sentir esto lo que nos regala el narrador. No se trata de una narratio común o de un ejercicio narrativo en sí como enunciado y conjunto de procedimientos cuyo propósito es referir o relatar una sucesión de hechos, cumplidos por un número variable de personajes, en un tiempo y un espacio determinados. Se trata de aquello que está al final del tiempo o más allá del tiempo y del espacio…

Para nuestro asombro, el poeta…el soñante, que conocimos y amamos, se nos muestra ahora como ese rebelde de la vida que recorriendo desde el aire y con el alma su propio transcurso, se ha mansificado en el arrobamiento de su contemplación final, para narrarnos su historia, esa historia que como el mismo dice se encuentra al margen del tiempo para llegar lejos de si mismo y escribirla auque no se pueda escribir más allá de la vida.

Los viajes comienzan en las madrugadas, antes que se levante el sol… desde esta densidad que es un tiempo incomprensible…donde conoces el itinerario, la salida de los trenes y aviones a pesar de que en esa oscuridad no haya rumbo… es la matriz de la eternidad de donde hay que salir hacia la luz… nos dice el narrador envuelto por esa travesía de aventura intensa que lo lleva desde Budapest, pasando por Viena, Roma, Peruggia, Boston, Los Ángeles, Nueva Cork, Caracas, persiguiendo auroras hasta llegar el corazón del templo para levantar la mirada.

La vida es para usarla, nos dices querido amigo…Lo que importa no es la realidad vivida si no los ideales soñados. La existencia es proporcional a la distancia que nos separa de los nuestros…uno envejece…ilusiones y amores no resisten al tiempo. Escribir es confesión. El papel escucha.

Pero nosotros también te hemos escuchado, arrobados, como si fueras un héroe perdido que regresa lleno de recuerdos y de historias. Es noche de verano, noche estival, El cielo sigue inmensamente alto y la estrellas siguen brillando como los cuentos en el jardín, sin dimensión, sin paredes ni fachada sólo una silla en el centro justo de las esquinas del mundo, para poder ver la inmensidad. Déjanos entonces participar también de tu silencio, recordar el violín olvidado y el deseo de nuestras madres, ahora que por fin entendemos sin tristeza al deseo y a la muerte. Déjanos sentarnos contigo esta noche y compartir aunque sea por última vez, la belleza fugaz de tu estrella… la más secreta, la más amada.


Edgar Vidaurre

Poema de La anunciación. Tomado del poemario "La vida de María" de Rilke







Anunciación

Que un ángel entrara, no fue (compréndelo)
lo que la hizo estremecerse. No más que los demás,
cuando un rayo de sol - o cuando la noche, o la luna -
en sus habitaciones se agita, y no se sobresaltan.

ella no se perturbaría
por el aspecto luminoso del ángel en el umbral;
semejante permanencia visible tan difícil para los ángeles!
apenas presentida…

(Oh! si supiéramos cuán pura era ella.
Esa cierva que un día vio reposando en el bosque
nunca fue tan penetrada por esa mirada…
¿Cómo sin acoplamiento en ella se engendró el unicornio:
el animal hecho de luz, el animal puro?)

Que un ángel entrara, no
sino que tan de cerca
a ella se inclinara un rostro de adolescente
y así su mirada y aquella que hacia él ella elevaba se acordasen
como si de pronto todo estuviera vacío.

lo que veían, lo que buscaban,
portando a millones de hombres concentrados dentro de ella:
sólo ella y él; la visión y lo visto, el ojo y la alegría del ojo,
en ningún otro lugar que aquí: Mira!
Esto al principio les dio miedo. Y los dos se estremecieron.

Entonces el ángel cantó su melodía

"Libro de las decepciones" del poeta Aladar Temeshy





La poesía es una forma de existencia
de elevación de la existencia
de la presencia fuerte de la existencia

Alfredo Silva Estrada


En el corazón de la palabra decepción, convergen tres de los aspectos más reveladores, de nuestra humanidad a saber: el dolor, la desesperanza (o más bien la esperanza herida) y la conciencia del engaño y la verdad. Hablamos entonces del dolor que se impone cuando el conocimiento de una certeza nos saca de manera irreversible de la esperanza, derivando entonces en esa vivencia transida y devastadora que es la decepción. Ante ella el hombre sucumbe ante su propio existir o trasciende su dolor a través de un proceso de transformación existencial. De ser esto último, (es decir el proceso que deviene si la fuerza transformadora es suficientemente clara y determinante), ese sentirse desconectados del mundo que ya no nos pertenece, y que se ha degradado en su sentido vital de correspondencia, provocará también en medio del estado lamentable y lastimoso de nuestro corazón, una insurgencia previa que tiene tal vez y seguramente su más dramática reminiscencia en aquel Libro de las Lamentaciones del profeta Jeremías y que no solo describían el estado lastimoso de su mundo y de la relación con el alma, si no que además traían consigo una viril exigencia y reclamo de restitución mediante la plegaria y la oración: una confesión desde lo más profundo, de que esa ruptura, ese pecado de nuestra alma y la falta de constancia de nuestra fuerza vital, también ha sido determinante en la desvinculación del mundo y que a través de nuestra lamentación se traduce también un grito de esperanza y llamada que parten de la certeza y la confianza en ella misma como lo único permanente y cierto…como lo perdurable.

En el libro de los Símbolos de Chevalier y Gheerbrant se nos habla también de las lamentaciones como ritual de conjuro e imploración. Una llamada intensa a los dioses para que protejan el viaje, el cambio, el despojo inicial de los peregrinos para asegurar la resurrección bienaventurada…el llanto de las plañideras en este caso aseguraban el buen término del proceso de transformación que sigue al dolor. Los griegos también conocían la fuerza de las lamentaciones y los trenos, como ritual doloroso que implicaba la subsiguiente resurgencia del alma a otras realidades.

Ese ritual, ese conjuro, esa instancia, es lo que nos plantea este libro de la decepciones. Se trata de un viaje ancestral, de un viaje perenne que hace la humanidad a través de los ciclos de amaneceres y atardeceres, de los cambios estacionales entre el verano y el invierno y la transformación incesante de la existencia. Es ese viaje que iniciamos cuando nacemos, cuando entramos a la vida y a la muerte. Es el hombre consciente de su propia vida y de su propia muerte y que la asume por sí mismo, en medio del desamparo sobre la tierra sostenido por su propia alma…es Caín estableciendo su propio paso, su respiración, persiguiendo amaneceres hasta que sus ojos se llenen de polvo. Ya antes en otro libro de Aladár, hacíamos mención a Luc Estang, quien en su hermoso libro “Le Jour de Caïn” o “El día de Caín” nos reinterpreta el símbolo de Caín "como el primer hombre nacido de hombre y de mujer, el primer cultivador, el primer sacrificado y el primer repudiado por Dios, el primer asesino y el que nos revela de la muerte: jamás antes de su fratricidio, se había visto el rostro de la muerte: Caín es el primer errante en busca de tierra fértil y el primer constructor de ciudades, es también el hombre señalado por Dios para que no lo maten. Es en definitiva el primer hombre que se aleja de la presencia de Dios y anda sin fin hacia el sol naciente, hacia nuevas auroras. La aventura es de una grandeza sin par, la del hombre librado a sí mismo, asumiendo valientemente todo el riesgo de la existencia y la consecuencia de sus actos. Caín es el símbolo de la auténtica naturaleza humana en sí misma y en toda su expresión.”

Vemos pues como este hombre al asumir su propia vida, se convierte también en el iniciador de la muerte. Caín asume el camino, la peregrinación y el trayecto que lo lleva a errar permanentemente para construir sin cesar su propio porvenir, guiado por la aurora, siempre nueva: el devenir del hombre fuera de la presencia de Dios, andar sus propios pasos aunque al final lo espere la muerte. A partir de él ya el hombre no afronta a Dios si no a la ausencia, pero le quedará su propia faz, su rostro marcado para afrontar la vida, el tiempo, la vejez, la muerte, no sin antes insurgir ante lo perdido, ante esa ilusión material de la existencia y llamar, conjurar y raclamar severamente, a través de la lamentación viril, la presencia de esa otra certeza permenente. Ante esto nos dice también Jean Chevalier: “Caín como Prometeo, es el símbolo del hombre que reinvindica su parte en la obra de creación”

En el caso de Aladár, nuestro “Eterno Caín”, esa reinvindicación de la existencia del hombre como creador se hace a través de la palabra, de la Poesía. Nos recuerda aquella descripción nórdica del Álamo como símbolo del lamento cuando su follaje se estremece con la brisa más sutil. Él como un Álamo maduro, blanco, añejo pero aún fuerte se estremece (y nosotros con él) ente el leve soplo de las últimas brisas del atardecer, en medio del invierno, para religarnos nuevamente con la existencia real, aquella que nos rebasa, que nos trasciende incluso en su manifestación material a través del esplendor de la naturaleza. Ya no es la relación el Alma con el Mundo, si no la del Alma con el Cosmos. Es el último despojo para quedar desnudos y purificados allí, donde se diluye lo que vimos, lo que vivimos y la memoria se reconstituye en una nueva realidad que se encuentra esperándonos al final de este lamento, de estas palabras delirantes, de este treno poético, pues como decía nuestro común maestro: La poesía es una forma de existencia, de elevación de la existencia, de la presencia fuerte de la existencia.



Edgar Vidaurre